La leyenda épica medieval de La Condesa Traidora alcanza su versión definitiva y más desarrollada en la Primera Crónica General, mandada compilar por Alfonso X el Sabio (1252-1284). Esta versión es ya novelesca y debe de incorporar datos procedentes de algún cantar de gesta de la época.

Las diferencias con las dos versiones precedentes (la de la Crónica Najerense y la de De rebus Hispaniae) son varias. En primer lugar nos habla de que el conde García Fernández tuvo dos esposas. La primera, de origen francés, doña Argentina, conoce al conde mientras ésta hace con sus padres el camino a Santiago. Pero al poco tiempo conoce a otro conde francés con quien huye a sus dominios. El conde García Fernández, afrentado, jura no volver a Castilla hasta que encuentre al conde y a la condesa y se haga venganza.

García Fernández, acompañado por un escudero y vestidos como pobres, llegan a los dominios del conde francés. Investigan sus posesiones y se mezclan con los pobres que todos los días reciben comida por parte del conde y de su hija, doña Sancha. Resulta que Sancha está enfadada con su padre debido al comportamiento de su madrastra y quiere vengarse de su padre, pero no sabe como. Un día le comenta a una doncella que busque de entre los pobres que a diario acuden a su puerta si alguno es apuesto y es hidalgo. Si lo encuentra, que lo haga pasar que tiene un plan para vengarse de su padre.

Y así es como García Fernández conoce a doña Sancha y acaba yaciendo con ella, comprometiéndose a ser marido y mujer y a vengar a padre y esposa respectivamente. Doña Sancha invita a su padre y a su madrastra a dormir en sus aposentos. Pero en la habitación está el conde García Fernández, armado con un cuchillo, bajo la cama. Doña Sancha avisa al conde de que ambos están dormidos. García decapita a ambos y lleva las cabezas a doña Sancha. A continuación huyen de los dominios franceses y se encaminan a Castilla. Allí los castellanos se alegran de la venganza de su conde y aceptan por condesa a doña Sancha.

Pero doña Sancha tampoco va a ser una buena mujer. Con el tiempo albergará malos sentimientos hacia el conde, con quien tuvo un hijo, Sancho. García Fernández le confía a su mujer el cuidado de su caballo de guerra y ésta lo alimenta con salvado en vez de con cebada, con lo que el animal tiene menos energía y acaba por desfallecer mientras el conde combate a los musulmanes en la frontera. García Fernández es herido y apresado y al poco muere en Medinaceli.

Las malas acciones de la condesa Sancha no acaban aquí. Deseosa de mayor gloria, se quiere casar con un rey moro para pasar de condesa a reina y tener más riquezas. Con este objetivo trama la muerte de su hijo Sancho. Prepara una bebida de vino envenenado pero es descubierta por una sirvienta. La sirvienta avisa a un escudero del conde Sancho, quien será el origen de los monteros, la guardia real castellana, de Espinosa de los Monteros. El conde, puesto sobre aviso, invita a su madre a beber primero pero esta no acepta. Finalmente el conde Sancho la obliga a bebérselo por la fuerza y la condesa muere. Por último, el conde Sancho, lleno de remordimientos, manda fundar el monasterio de San Salvador de Oña en honor a su madre y encabeza una victoriosa incursión militar contra Toledo y Córdoba.

A continuación presentamos dicha versión:

 

730. Capítulo de cómo el conde García Fernández casó con la primera mujer de las dos que tuvo.

Este conde García Fernández de quien hablamos era un gran caballero y muy apuesto. Y tenía las más hermosas manos que nunca otro hombre tuvo, de manera que, muchas veces, tenía vergüenza de llevarlas descubiertas y se preocupaba por ello. Y cada vez que entraba en un lugar donde estaba una mujer de su amigo o de un vasallo suyo siempre metía las manos en unos guantes.

 

Este conde García Fernández se casó dos veces: la primera, con una condesa de Francia que se llamaba doña Argentina, y se casó con ella de este modo: El padre y la madre de aquella condesa iban en peregrinación a Santiago y llevaban con ellos a esta joven tan hermosa. Y el conde se enamoró de ella, y como además supo que era mujer de buen linaje, pidió la mano a su padre y a su madre para casarse con ella. Y así lo hizo. Y vivió con ella seis años y no tuvieron ni hijos ni hijas. Y ella salió mala mujer.

 

731. Capítulo de cómo un conde de Francia se llevó a doña Argentina, mujer del conde García Fernández y de cómo los fue a buscar.

Estando el conde enfermo, vino a ver a esta doña Argentina un conde de su tierra que iba en romería a Santiago. Aquel conde estuvo casado y se le murió la mujer y tenía una hija muy hermosa que se llamaba doña Sancha. La condesa doña Argentina, mujer del conde García Fernández, huyó con aquel conde y cuando su marido el conde García Fernández lo supo, ambos estaban ya fuera de sus tierras. Y una vez que el conde se recuperó de aquella enfermedad, con el gran dolor que tuvo por este hecho, hizo como que se iba de romería a Santa María de Rocamador.

 

Inició el camino, a pie, con un escuero semejando a unos pobres hombres desconocidos y anduvieron tanto hasta que llegaron a las tierras del condado donde moraba aquel conde que a su mujer se llevara. Y supo allí toda la hacienda del conde, y de cómo tenía a su hija doña Sancha que era una hermosa mujer, y tramó que para acabar con esta demanda en la que estaba que le convenía hablar en privado con aquella doña Sancha hija de aquel conde. Y doña Sancha estaba mal avenida con su padre el conde, pues aquella madrastra se entrometía entre él y ella, y quería morirse antes que vivir aquella vida que vivía, y estaba buscando algún modo para escaparse de su padre. Y por eso habló con una doncella y le dijo: “Amiga, has de saber que yo ya no puedo soportar más la vida que llevo por lo que te ruego que observes a los pobres que comen a la puerta de mi padre y a la mía y que veas si entre ellos hay algún hombre hidalgo, apuesto y hermoso, y que le traigas ante mí, que quiero hablar con él.”

 

Y la doncella hizo así como su señora había dicho. Y un día entre todos los otros vio al conde García Fernández pobre y mal vestido, pero que era un gran caballero, muy apuesto y muy hermoso. Y entre todas las hermosuras que vio en él, vio las manos más hermosas que nunca viera en hombre o mujer y dijo en su corazón: si aquel hombre es hidalgo, aquél es tal y como mi señora pide. Y le llamó la doncella y le dijo que quería hablar con él aparte.

 

Una vez que estuvieron solos, le pidió y le rogó que le dijera por Dios la verdad acerca de si era hidalgo y el conde le respondió: “Amiga, ¿por qué me lo preguntáis? Poco os interesa a vos saber acerca de mi hidalguía.” Y ella le respondió: “Por ventura más me interesa a mí y avos de lo que vos pensáis.” Y el conde le respondió: “Cuando yo vea por qué, o estemos en un lugar donde lo debáis saber, yo os mostraré cómo soy mucho más hidalgo que el señor de estas tierras”. Cuando la doncella escuchó esto se maravilló mucho de estas palabras y dijo: “Amigo, quedaos aquí y esperadme en este lugar, que enseguida vendré a por vos.” Y se fue a su señora y le contó todo lo que le acaeciera con aquel hombre.

 

La señora, una vez que hubo escuchado todo, le mando que se lo presentara ante ella. Y él, disfrazado de hombre pobre, se arrodilló ante ella cuando la vio. Y doña Sancha le dijo:”Amigo, decidme qué hombre sois y de qué linaje procedéis.” Y él le respondió: “Señora, yo estoy aquí bajo vuestro poder y me podéis matar o dar la vida si quisiérais; por lo tanto, si vos queréis que os diga mi hacienda, prometedme que tendréis poridad.” Y ella se lo prometió y lo juró en sus manos que así lo haría. Y él le dijo:”Señora, yo soy García Fernández, señor de Castilla; y vuestro padre que aquí está, sin conocerme, me deshonró y se llevó a mi mujer con la que estaba casado, la cual es esta que aquí tiene por mujer; y yo, con la vergüenza que este hecho me ocasionó, prometí no volver a mi tierra hasta que hubiera tomado venganza de él y de ella, y por eso he venido aquí de este modo en que me veis, para que nadie me conozca y pueda acabar aquello en pos de lo que ando.”

 

Cuando doña Sancha, la hija del conde, oyó esto, le complació mucho, y pensó que Dios le daba el modo que ella no había sabido encontrar y le dijo así: “Conde, a quien os ayudades o a quien os acabase lo que queréis, ¿qué le daríais?” Y el conde le respondió: “Señora, si en esto me ayudáseis, me casaría con vos y os llevaría conmigo a Castilla, y os haría la condesa y señora de la tierra”. Y ella le prometió que ella se lo prepararía, y le dijo de qué manera. Después ordenó que se alojara en su cámara y aquella noche yacieron juntos y se recibieron por marido y por mujer.

 

732. Capítulo de cómo doña Sancha, hija del conde de Francia, preparó el modo de cómo el conde García Fernández mataría a su padre y a su madrastra doña Argentina.

Cuando llegó la tercera noche, doña Sancha lo preparó todo para que se durmieran el conde su padre y su madrastra. Y metió al conde García Fernández, armado con un lorigón y un gran cuchillo en la mano, bajo el lecho en el que ambos iban a yacer, y le previno de que no se moviese ni tosiese hasta que ella la tirase de una cuerda que le había atado al pie. Y doña Sancha al despedirse de su padre y de su madrastra les invitó a que por amor a su padre quería que esa noche se hospedaran allí en la casa.

 

Una vez que vio que su padre y su madrastra se durmieron, tiró de la cuerda y salió el conde García Fernández de debajo del lecho y vio cómo ambos yacían dormidos. Y los degolló, cortándoles las cabezas. Y llevó a doña Sancha su mujer las cabezas y luego tomaron el camino apurando su ida hacia Castilla. Cuando al día siguiente los de la tierra supieron de la muerte de su señor, ellos estaban ya muy lejos y no temían ninguna represalia.

 

Cuando el conde García Fernández y su mujer doña Sancha llegaron a Castilla, mandaron a todas sus gentes que acudiesen a Burgos y el conde les contó todo lo que había acontecido y cómo todo había pasado. Y les dijo el conde: “Ahora puedo ser yo vuestro señor que he sido vengado, pues no mientras estaba deshonrado.” Y mandó entonces que hiciesen homenaje y recibiesen por señora a doña Sancha su mujer. Y los castellanos así lo hicieron y le complació mucho la vuelta del conde y de qué manera se había vengado. Y en esta doña Sancha hizo el conde García Fernández al conde don Sancho su hijo.

 

Y esta condesa doña Sancha comenzó al principio a ser una buena mujer y a estar a bien con Dios y a ser amiga de su marido y hacer muchas buenas obras. Mas esto le duró poco, y después comenzó ha hacer malas acciones, aunque trataba de ocultar la maldad de su cuerpo por el miedo que tenía a su marido el conde García Fernández, y comenzó a albergar malquerencia contra él, de manera que deseaba mucho ver su muerte y al final preparó su muerte, así como más adelante oiréis en esta historia en el lugar donde de ello se habla.

 

Este García Fernández luchó con el rey don Sancho de Navarra y tuvo fortuna contra él y le venció. Y al mismo tiempo que este conde García Fernández salió de la tierra a vengarse de su mujer, como ya habéis oído, dejó en la tierra a dos de sus parientes de los que él mucho se fiaba para que juzgasen los pleitos y guardasen todo lo que era suyo. Y a uno de ellos le llamaban Gil Pérez de Barbadillo y al otro Ferrán Ferrández, y estos eran caballeros hidalgos del linaje del conde y hombres razonables y justos.

 

En el tiempo de este conde García Fernández, estando él fuera de la tierra en busca de aquella su mujer, se reunión una gran fuerza de moros y entraron por Castilla, y arrasaron Burgos y toda la tierra, y robaron y pillaron cuanto hallaron. Y en aquella vez fue saqueado el monasterio de San Pedro de Cardeña y mataron allí a trescientos monjes en un día; y yacen todos enterrados en el claustro y hace Dios por ellos muchos milagros.

 

Y este monasterio fue luego beneficiado por el conde García Fernández y él le tomó por sepultura. Este conde García Fernández tuvo mucho más honrados vasallos que el conde Fernán González su padre; y en su tiempo la caballería de Castilla llegó a ser de entre quinientos a seiscientos caballeros hidalgos, cuando no solía ser mayor de trescientos. Este conde García Fernández estuvo a bien con los reyes de León y se olvidó entre ellos las reticencias que existían en época de su padre Fernán González.

 

763. El capítulo de la muerte del conde García Fernández y de cómo se alzó su hijo don Sancho contra él y de cómo los moros asaltaron la tierra de los cristianos.

Transcurridos XII años del reinado de aquel rey don Alfonso en la era de MXXVIII y en el año de la Encarnación del Señor de 990, aquel don Sancho, hijo del conde García Fernández, se alzó contra su padre. Y estando padre e hijo en desacuerdo, lo supieron los moros y vinieron a asaltar la tierra de cristianos y tomaron Ávila que entonces se poblaba, y la destruyeron. Y continuando hacia arriba tomaron Clunia y San Esteban de Gormaz, quemando y saqueando la tierra y matando allí a muchos cristianos.

 

Y cuando el conde García Fernández vio tan gran mal en su tierra, no lo pudo soportar, y aunque la gente estaba dividida entre él y su hijo, se decidió a morir por defender su tierra antes que vivir así viéndola perderse. Y fue contra los moros con los pocos caballeros que tenía, y luchó contra los moros; pero era tanta la muchedumbre de ellos que no podía dar allí consejo, y murieron allí muchos de los cristianos, y apresaron allí al conde García Fernández —y esto fue en Piedra Salada— y le llevaron los moros preso; y de las grandes heridas que le hicieron en la lucha murió a los pocos días en Medinaceli. Entonces los cristianos dieron un gran rescate a los moros a cambio de su cuerpo y lo obtuvieron y lo llevaron a enterrar al monasterio de San Pedro de Cardeña.

 

Y debéis de saber que una de las razones por las que aquel día los moros apresaron y mataron al conde García Fernández fue porque su caballo, que él mucho apreciaba, y el cual había confiado a su mujer la condesa doña Sancha para que se lo cuidase, ella lo tenía muy gordo y muy hermoso alimentándole con salvado, pero no con cebada. Y con esto desfalleció el caballo en medio de la lucha y se cayó en el campo de batalla. Y entonces fue herido y preso el conde, de cuyas heridas murió después en Medinaceli en poder de los moros, según antes ya habéis oído.

 

764. Aquí comienza el condado del conde don Sancho, hijo del conde don García Fernández, y fue señor de Castilla así como lo fue su padre.

Una vez que el conde García Fernández hubo muerto, quedó su hijo don Sancho en su lugar, así como lo fuera su padre. Y así como cuenta la historia, fue este conde don Sancho piadoso, sensato y justo, muy astuto y osado, y muy afortunado, de modo que a los nobles llevó a una mayor nobleza y a los menores atenuó su servidumbre según ahora contaremos. Este conde don Sancho amó a sus pueblos y defendió muy bien su tierra.

 

Este conde don Sancho ganó Peñafiel, Sepúlveda, Maderuelo, Montejo y conquistó a los moros Gormaz, Osma y San Esteban, que se habían perdido en la prisión de su padre, e hizo mucho mal a los moros. Éste dio los fueros antiguos de Sepúlveda; y concedió a los caballeros castellanos que no fuesen en hueste sin soldada, pues antes del conde don Sancho los caballeros pechaban y debían de ir con el señor donde era necesario. Este tuvo un hijo que llamaron el infant García, y éste fue al que mataron en León a traición, así como contaremos más adelante. Y tuvo también una hija a la que llamaron doña Elvira, que se casó con don Sancho el Mayor, que era rey de Aragón y de Navarra, de quien hablaremos más adelante en su momento.

 

La madre de este conde don Sancho, deseando casarse con un rey de los moros, tramó matar a su hijo para de este modo hacerse con los castillos y con las fortalezas de la tierra y de este modo se casaría con el rey moro más directamente y sin pegas. Mientras ella estaba preparando una noche las hierbas que le daría a beber para que muriese, apareció una sirviente de la condesa y entendió muy bien lo que pasaba. Y cuando vino el conde, aquella sirvienta le contó aquel hecho que sabía de su señora a un escudero que quería bien y que estaba en la casa del conde; y el escudero de lo dijo al conde su señor y le aconsejó de cómo se protegiese de aquella traición.

 

Y de este escudero proceden los monteros de Espinosa que protegen el palacio de los reyes de Castilla; y esta guarda les fue dada por el aviso que este escudero hizo a su señor. Y cuando la madre quiso dar al conde aquel vino a beber, rogó él a su madre que bebiese ella primero; y ella le dijo que no lo haría, que no había por qué. Y él le rogó muchas veces que bebiese, y ella no quiso ninguna vez. Y cuando él vio que no la iba a convencer con ruegos, se lo hizo beber por la fuerza; incluso dicen que él sacó la espada y le dijo que si no se lo bebía que le cortaría la cabeza. Y ella atemorizada bebió el vino y cayó luego muerta.

 

Tras esto el conde don Sancho, con pesar y remordimiento por haber matado a su madre de aquella manera, hizo un monasterio muy noble y le puso el nombre de Oña por el nombre de su madre del modo que ahora explicaremos. En Castilla solían llamar “Mionna” por “Sennora” y porque la condesa doña Sancha era tenida por señora en todo el condado de Castilla, mandó el conde quitar de este nombre “Mionna” el “mi” que viene al comienzo del nombre y que se quedara solo con el resto, y que llamasen por ese nombre al monasterio “Onna” y por eso hoy en día se llama Oña. Pero ahora dejamos aquí esta razón y contaremos cómo fue a luchar contra los moros el conde don Sancho.

 

765. El capítulo de cómo el conde don Sancho corrió el reino de Toledo y de Córdoba

Pasados XII años del reinado de este rey don Alfonso —y esto fue en la era MXXIX y el año de la Encarnación del 991—, el conde don Sancho no pudiendo soportar la afrenta que los moros le hicieran al matarle a su padre, llamó a los leoneses y a los navarros gracias a la alianza que en esos momentos tenían y reunió una gran hueste y se dirigieron hacia el reino de Toledo. Y asoló y saqueó la tierra, y se llevó grandes botines, y lo que quedaba lo quemó todo.

 

Y tanto mal hizo a los moros que aquella vez llegó hasta Córdoba, quemando y saqueando sus tierras, y no descansó hasta que llegó hasta allí e hizo todo esto. Y quería continuar pero los reyes de Toledo y de Córdoba negociaron con él y le dieron muchos dineros y regalos para tener la paz con él. Ahora dejamos aquí esto y hablaremos también de moros y de cristianos.