Muhammad ben Nuh ben Abu Tarid ad-Dammari (En árabe محمد بن نوح), llamado Izz al Dawla.

[Morón de la Frontera, ¿? – Sevilla, 1057/58]

Rey de la taifa de Morón (1041/42 ó 1045/46 – 1053)

Hijo de Nuh ben Abu ad-Dammari, ascendió al trono a la muerte de su padre, tomando el título honorífico de Izz al Dawla (Gloria de la dinastía) y hayib.

Según la Crónica Anónima de los Reyes de Taifas:

«Poseía valentía, energía y osadía en lo tocante a sus temerarias empresas y sus pillajes. Durante un período, su reinado persistió en el arte de gobernar; durante otro [él perseveró] en la violencia, la temeridad y la rapacidad. Protegió su país y preservó a su grey de la injusticia.»1

Apoyo al califa Muhammad al-Qasim ben Hammud (1047-1048)

En el año 439H (28 junio 1047 – 15 junio 1048) Muhammad ben Nuh junto a los reyes Ishaq de Carmona, ‘Abdun de Arcos y Badis ben Habbus de Granada proclamaron como califa a Muhammad al-Qasim Hammud en Algeciras. Le prestaron fidelidad, le nombraron al-Mahdi (el Bien Encaminado) y mandaron pronunciar la jutba en su favor en todos los alminares.

En coalición marcharon contra al-Mu’tadid de Sevilla. Sitiaron la ciudad y consiguieron el apoyo de Muhammad ben ‘Abd Allah de Badajoz. Pero no lograron tomar la ciudad y se retiraron. Al año siguiente falleció el califa Muhammad al-Qasim y la coalición bereber se disgregó.

Prisión y muerte en Sevilla (1053-1057/58)

En el mes de rayab del 445 H (17 octubre a 15 noviembre de 1053) los reyes de tres taifas zenatas fueron invitados a la corte de al-Mu’tadid ben Abbad en Sevilla. Eran, además de Muhammad ben Nuh,  Abdún Jizrun de Arcos y Abu Nur Abi Qurra de Ronda. Atraídos por la magnificencia sevillana, acudieron a la cita al frente de doscientos caballeros que montaban sus mejores caballos y sus armas mejor ornadas con orfebrería. Una vez allí, el rey sevillano al-Mu’tadid se quedó con los caballos, los mulos, las tiendas y todos los pertrechos y aprisionó a los tres reyes , y los maltrató:

«Los aprisionó en su alcázar, a fin de tenerlos bajo su vigilancia, y les hizo pasar estrecheces con sus subsistencias. Los grillos les estaban [de tal forma] apretados que les hicieron llagas en las piernas, hasta el punto de que ninguno de ellos podía ir con los pies trabados a hacer sus necesidades; hasta que, [en fin], hombres de la hez del pueblo se encargaron de [aqu]ello, para que [así] gustaran otro castigo ejemplar llevarlos.»

Después de cierto tiempo, el rey sevillano liberó al señor de Ronda pero preparó la ejecución de los reyes de las taifas de Arcos y de Morón. La ejecución quiso tener una clara función de advertencia para cualquier otro que osara coaligarse contra él. Según cuenta al-Bayan al-Mugrib2, el rey de Sevilla ordenó liberar a los presos de Morón y de Arcos y les devolvió todo lo que les había tomado. Después preparó un banquete en su honor. Les colmó de honores y ordenó a los esclavos que les preparan un baño perfumado.

Los esclavos acompañaron a los dos reyes al Hamman ar-Raqqaqin (el Baño de los Pergamineros). Una vez que entraron, los esclavos tapiaron la habitación del baño con cal y ladrillo y se ordenó al calderero que avivara el fuego. El baño se calentó tanto que los reyes acabaron allí sus vidas. Este baño quedó inutilizado hasta que los almorávides entraron en el alcázar sevillano.

Así murió Muhammad ben Nuh en la prisión de Sevilla en el año 449H (10 marzo 1057 – 27 febrero 1058). Su cabeza se depositó en un arcón que el rey sevillano tenía en el jardín de su alcázar donde almacenaba y cuidaba las cabezas de aquellos adversarios que había ido eliminando.

Fue sucedido por su hijo Manad.


  1. Crónica anónima de los reyes de taifas, Trad. Felipe Maíllo Salgado, Akal Universitaria, 1991.
  2. Ibn Idari: La caída del Califato de Córdoba y los Reyes de Taifas (al-Bayan al-Mugrib), Trad. Felipe Maíllo Salgado, Universidad de Salamanca, 1993.