[Granada, du l-qa’da 447 H./ enero 1056 – Agmat (Marruecos), d. 488 H./1095]
Último rey zirí de la taifa de Granada (1073 -1090)

Su nombre completo era Abu Muhammad ‘Abd Allah ben Buluggin ben Badis ben Habus ben Maksan ben Ziri Manad al-Sinhayi. En árabe عبد الله بن بلقين

Perteneciente a la dinastía bereber sinhaya de los ziríes. ‘Abd Allah era el menor de los nietos del rey Badis ben Habus de Granada. Su padre, Buluggin, había sido envenenado en torno al año 1064.

Tras este suceso, su abuelo Badis le inició en los asuntos de la política, tal y como relata en sus Memorias:

Como yo era uno de los miembros de la familia que, gracias a Dios, le eran más afectos y sumisos, dio orden de que me sacaran de la escuela para ver cómo me desenvolvía bajo su dirección. “Ya tienes -me dijo- conocimientos bastantes de escritura y recitación del Corán. Ahora vas a emprender unos estudios más convenientes. Deberás aplicar tu inteligencia a comprender el alcance de mis decisiones y de los acontecimientos de mi reinado, en esta época de guerras civiles, porque el tiempo es pésimo y la vida demasiado corta para que desde ahora no te esfuerces en aprender todas aquellas cosas que los soberanos tienen interés de que las conozcan sus hijos.”

Cuando falleció Badis, probablemente en el 1073, en Granada, los funcionarios palatinos y los jefes sinhaya prefirieron como sucesor a ‘Abd Allah -pese a contar solo con diecinueve años- frente a su tío Maksan ben Badis, gobernador en Jaén, y su hermano mayor Tamím ben Buluggin, que gobernaba Málaga.

Esta elección supuso la división de facto del reino de Granada ya que su hermano Tamím se declaró independiente en su pequeño principado de Málaga.

Debido a su juventud su visir Simaya ejerció bastante poder durante nueve años. Tomó el sobrenombre de al-Muzaffar bi-llah, “el Triunfante”, que también había llevado su abuelo. Y duplicó su titulatura con al-Nasir li-din Allah, “el Triunfador”, como había llevado el primer califa de Córdoba, ‘Abd al-Rahmán III, y que sólo se atrevió a adoptar otro rey de taifas, unos años antes que él: Muhammad ben ‘Isa al-Nasir de los Banu Muzayn de Silves.

Inicios del reinado

Como ya hemos dicho, entre los años 467 y 476H ‘Abd Allah gobernó por medio del visir sinhaya Simaya, calificado como valiente, honrado y buen musulmán. Pero en el 476H fue destituido y se exilió en Almería.

Durante este periodo Granada sufrió la presión combinada de Alfonso VI de Castilla y León y de su aliado, en ese momento, al-Mu’tamid de Sevilla. Alfonso VI, aconsejado por Ibn ‘Ammar, envió al conde Pedro Ansúrez a Granada con el propósito de obtener parias. El emir granadino se negó y, como consecuencia, la presión conjunta de sevillanos y leones se acrecentó. Ya en el 1074 los sevillanos se habían hecho con parte del territorio jienense, levantando la fortaleza de Belillos, desde donde saqueaban la Vega granadina.

En 1075, ante la toma de Córdoba por al-Ma’mún de Toledo, los sevillanos evacuaron la plaza de Belillos. Sin embargo la presión volvió a partir del 1078, cuando Sevilla se hace de nuevo con la capital cordobesa.

Ibn ‘Ammar volvió a aconsejar a Alfonso VI para que se hiciera con Granada. El rey cristiano envió a Sisnando Davídiz para pedir de nuevo parias. Finalmente, ‘Abd Allah perdió plazas, tuvo que entregar otras y pagar parias a Alfonso VI.

Una vez llegado a este acuerdo con Alfonso VI, ‘Abd Allah se enfrentó a hostilidades con las vecinas taifas de Almería y Málaga. En Almería se había exiliado su antiguo visir Simaya, y parece que fue el instigador de unos conflictos fronterizos. El caíd de Baza, Ibn Malhan, se había puesto bajo la protección de al-Mu’tasim de Almería e incluso se apoderaron del castillo de Siles sin que ‘Abd Allah, acosado en ese momento por los sevillanos pudiera hacer nada. Simplemente pacto un trueque de la fortaleza de Siles a cambio del almeriense de Sant Aflay.

Las tropas de al-Mu’tasim de Almería no pudieron defender la zona de Baza y Las Alpujarras donde ‘Abd Allah se hizo con algunos castillos.

Por el flanco occidental, en torno al 1082, su hermano Tamím atacó Almuñecar y Jete. ‘Abd Allah contraatacó con éxito, derrotando a su hermano, aunque finalmente le perdonó y le permitió seguir gobernando en Málaga.

Por otro lado, tras la muerte de Ibn ‘Ammar (1086), ‘Abd Allah logró la paz definitiva con el rey de Sevilla

Primera entrada de los almorávides (1086)

Por su Memorias sabemos que su hermano Tamím fue uno de los primeros en contactar con los almorávides buscando su apoyo frente a ‘Abd Allah, soporte que no consiguió. Sin embargo, después de que Alfonso VI tomará Toledo en mayo de 1085, varios reyes de taifas, entre ellos el propio ‘Abd Allah, solicitaron la ayuda de los magrebíes.

En 1086 pasaron a la península y apoyados por ‘Abd Allah de Granada, Tamím de Málaga, al-Mu’tamid de Sevilla, al-Mutawakkil de Badajoz y al-Mu’tasim de Almería, derrotaron contundentemente a Alfonso VI en la batalla de Sagrajas.

Tras esa victoria el emir almorávide Yusuf ben Tashufín regresó al Magreb.

Últimos años de gobierno (1086-1090)

A pesar de que los almorávides dejaron un ejército de 3.000 soldados, en cuanto Yusug ben Tashufin regresó a sus dominio, la inestabilidad volvió a adueñarse de los reinos de taifas. Volvieron los conflictos entre reinos y la búsqueda del apoyo de Alfonso VI mediante el pago de parias.

Desde esta plaza, las tropas de Alfonso VI hostigaban a las taifas vecinas. Esta situación motivó una nueva acción almorávide que, a la postre, será el fin de los reinos de taifas.

En 1089 Yusuf ben Tashufin entre, por Gibraltar, en al-Andalus. En el camino hacia Aledo se le unen ‘Abd Allah de Granada, al-Mu’tasim de Almería y ‘Abd al-Rahmán ben Rashiq de Murcia. Pero, tras un asedio de cuatro meses, comenzaron las disensiones entre los reinos taifas. Incluso los murcianos llegaron a ayudar a los castellanos frente a los almorávides.

Ante esta situación, Yusuf ben Tashufín se decidió a hacerse con el pleno control de al-Andalus. El apoyo de alfaquíes y ulemas, el inicial entu­siasmo de los andalusíes por los almorávides, y su predicada ortodoxia política y fiscal, les facilitó en parte su conquista de las taifas andalusíes, cuya fragmentación contrariaba además la política ortodoxa de unión centralizada, que los almorávides propugnaban.

Yusuf ben Tashufín avanzó sobre Granada, donde la población le esperaba alborozada, y ‘Abd Allah salió a entregarle el poder, el domingo 8 de septiembre de 1090. Un mes después, los Almorávides ocuparon la taifa de Málaga, en parecidas circunstancias.

Ambos reyes hermanos, ‘Abd Allah y Tamím, fueron tratados con bastante miramiento y deportados al Magreb, adonde regresó también el emir almorávide, dejando a su sobrino Sir al frente de sus nuevos territorios y de los siguientes proyectos de conquista, realizados con planificación militar excelente, proponiéndose a continuación acabar con la extensa taifa de Sevilla.

Del reinado de ‘Abd Allah solo nos han llegado acuñaciones de moneda de plata y en esos dirhemes no consta su lugar de ceca.

Semblanzas de ‘Abd Allah

Ibn al-Jatib en sus obras Ihata y en los A’mal transcribe dos breves semblanzas de ‘Abd Allah radicalmente diferentes.

Una es de Gafiqi Mallahi y dice del rey zirí que conocía la retórica y las ciencias profanas; era un buen versificador y poeta inspirado; buen calígrafo, a quien se debía un admirable ejemplar del Corán, por él escrito, que se conservaba en Granada dentro de su cofre.

La segunda, de Ibn al-Sayrafí, afirma en cambio que era cobarde, mal jinete, nada aficionado a las mujeres, muy impresionable y asustadizo, dado a los placeres, y que confiaba los visiratos a sinverguenzas.

La semblanza más cruel de este personaje se debe al poeta al-Sumaysir al Simsarí, quien huyó de Granda a Almería y que se hizo famoso por sus sátiras. Compuso estos versos en basit refieriéndose a ‘Abd Allah de Granada:

El señor de Granada es un necio / que se cree el hombre más sabio. / Trata con Alfonso y los cristianos, / ¡vaya juicio más discreto!, / y fortifica edificios, desobedeciendo / a Dios y al emir [almorávide].

Construye en torno a sí, estúpidamente, / como si fuese un gusano de seda. / Pero déjalo construir. Ya entrará en razón, / cuando le llegue el decreto del Omnipotente.

Revista al-Andalus, IV, 1936, p. 125.

Las Memorias de ‘Abd Allah

Como un caso excepcional, ‘Abd Allah escribió sus Memorias entre 1094 y 1095. El nombre de la obra es al-Tibyan ‘an al-hadita al-ka’ina bi-dawlat Bani ziri fi Garnata (Exposición de los sucesos acaecidos en el Estado de los Ziríes de Granada).

Se han conservado en manuscrito único (con algunas lagunas) en la Qarawiyyin de Fez, que son un extraordinario documento de su historia, y acción insólita entre los soberanos medievales.

Aunque redactadas después de ser depuesto por los almorávides, ya en Agmat, y debiendo halagarles, contienen las pistas esenciales sobre los deterioros de las taifas, entre ellas la de Granada: pugnas dinásticas, conflictos administrativos, heterogénea población, ataques entre taifas, acoso militar y tributario cristiano.

Se encuentran publicadas y traducidas al español en El siglo XI en 1ª persona.

Folio 66 del manuscrito que recoge las Memorias de'Abd Allah
Folio 66 del manuscrito que recoge las Memorias de ‘Abd Allah

Bibliografía

  • ‘Abd Allah: Memorias, publicadas en El siglo XI en 1ª persona, Alianza Editorial, 1980, Madrid.