[Achir, c. 955 – Argel, 1034/35]

Al-Mansur Zawi ben Ziri ben as-Manad Sanhayi. En árabe المنصور بن زيري بن الزاوي مانادو

Primer rey de la taifa de Granada (1013-1019)

Hijo de Ziri ben Manad, militar y jefe de los ziries, bereberes de la zona de Achir, que estuvo a las órdenes del califato fatimí.

En el año 1000, después de haberse enfrentado con su sobrino Badis ben al-Mansur, soberano de Ifriqiya, Zawi, capitaneando la tribu beréber de los Banu Ziri ibn Manad, llegó a la península Ibérica para formar parte de las tropas de ‘Abd al-Malik al-Muzaffar, hijo de Almanzor.

De este modo pasó a al-Andalus un grupo de bereberes sinhaya cuyos jefes eran Zawi ben Ziri y dos hijos de su hermano Maksan, Hubasa y Habus. Se convirtieron en parte importante de las tropas amiríes tanto de ‘Abd al-Malik como se su hermano y sucesor ‘Abd al-Rahmán Sanchuelo.

Zawi ben Zirí en la fitna (1009-1013)

Tras desatarse la fitna, Muhammad II, apoyado por contingentes bereberes (1009), se hace con el poder en Córdoba. Muhammad II había prohibido que ningún grupo expedicionario se acercara al alcázar. Zawi ben Ziri acudió entonces al alcázar y no se le dejó pasar. Además hubo un saqueo de varias casas de bereberes situadas en la Rusafa.

Zawi ben Ziri y otros jefes bereberes acudieron entonces a quejarse ante el califa Muhammad quien les prometió la devolución de lo robado y la ejecución de los saqueadores. Sin embargo, parece que la actitud del califa no fue conciliadora. Los bereberes, ante la humillación del califa y el desprecio de los cordobeses, salieron de la ciudad y acamparon en el Armillato. Finalmente apoyaron al otro pretendiente al califato: Sulayman al-Mustain.

Sulayman, apoyado por los bereberes y por las tropas del conde Sancho García de Castilla vencieron en Córdoba a las fuerzas de Muhammad II. Zawi ben Ziri entró junto con Sulayman en el alcázar de Córdoba el 7 de noviembre de 1009. Zawi se apoderó de la casa de Wadih en Córdoba y se hace con 50.000 dinares que Muhammad II había otorgado a éste para pagar a sus tropas.

El 2 de junio las tropas de Muhammad II y de Wadih se enfrentaron a  las tropas de Sulayman en Aqabart al-Baqar (Castillo de Vacar). Muhammad II y sus aliados obtuvieron la victoria.  Sulayman huye a Játiva y luego a Algeciras. El 4 de junio Muhammad recupera el califato, ayudado por Wadih. Ambos realizan una matanza de bereberes en Córdoba mientras las tropas catalanas saqueaban la ciudad. A los pocos días, Muhammad II, Wadih y las tropas de los condes catalanes se enfrentaron nuevamente a los bereberes en el Guadiaro (21 de junio 1010), aunque en esta ocasión fueron derrotados.

Finalmente Wadih se deshace de Muhammad II y de nuevo es nombrado califa Hisham II. Pero, tras el fallecimiento de Wadih,  la situación en Córdoba se deteriora y los visires, alfaquíes y notables de Córdoba pidieron ayuda a Zawi ben Ziri, ofreciéndole el gobierno de Córdoba. Zawi declinó la oferta, pues era fiel a Suleymán, y siguió participando en diversos combates contra las tropas de Hisham II.

El 9 de mayo de 1013 hubo un enfrentamiento entre las tropas de Córdoba y las de Sulayman, quien resultó victorioso. Sulayman entró en el alcázar de Córdoba el 11 de mayo de 1013 e hizo llamar a Hisham II quien abdicó en Sulayman.

Sulayman recompensó a los bereberes con diversos territorios de al-Ándalus. A los ziríes comandados por Zawi les estableció en la cora de Elvira (Granada), cuya capital era Madinat Ilbira. Zawi llegó a un pacto con el pueblo de Ilbira, a través del que les ofrecía protección en un grave momento de inseguridad, mientras que los ziríes conseguían el gobierno, el cobro de tributos y la fidelidad de los habitantes de Ilbira. De esta manera lo narra en sus memorias el emir ‘Abd Allah:

La ciudad de Elvira […], viendo los conflictos que habían surgido entre los principados de al-Ándalus, así como el fuego que les devoraba, y temiendo ser víctimas de algún golpe de mano, enviaron al mencionado Zawi mensajeros que le expusiesen la crítica situación en que se hallaban con estos términos: «Si antes de hoy vinisteis para hacer la guerra santa, nunca tendréis mejor ocasión que ésta de ahora, pues no os faltan almas que devolver a la vida, casas que defender y honra que ganar. Dispuestos estamos a asociarnos a vosotros con nuestras personas y nuestros bienes, de tal suerte, que nosotros pondremos el dinero y la residencia, a cambio de que nos protejáis y defendáis».

En el 404H (13 julio 1013 – 1 julio 1014)  Zawi ben Ziri apoyó la rebelión de Alí ben Hammud contra Sulaymán. Protagonizando una gran victoria militar sobre los bereberes zanata: «alejándonos de los Zanata, nuestros enemigos, que no desperdiciarán ocasión de hacernos daño, sobre todo ahora que los hemos puesto en fuga y hemos reavivado sus secretos rencores». Zawi, consciente de la enemistad de la población de al-Ándalus contra los bereberes, sugirió que el pueblo de Ilbira se desplazara a la fortaleza de Granada, a Medina Garnata:

[Los habitantes de Elvira,] […] por decisión unánime, se resolvieron a escoger para su nueva instalación una altura que dominase el territorio y una posición estratégica de cierta  elevación en la que construir sus casas y a la que trasladarse todos […]. Y contemplaron una hermosa llanura, llena de arroyos y de arboledas, que, como todo el terreno circundante, está  regada por el río Genil [Wadi Sanili], que baja de Sierra Nevada [Yabal Sulayr].

Rey de la taifa de Granada (1013-1019)

Zawi se convertía así en soberano prácticamente independiente en Granada. Mientras tanto, Alí ben Hammud consiguió establecerse en Córdoba en el año 1016. El mismo día que Alí mató a Sulayman, Zawi pidió al nuevo califa su cabeza, en venganza por los omeyas, a quienes habían enviado la cabeza de su padre Ziri.

La situación seguía siendo convulsa en al-Andalus. En el 1017 se alzó el omeya ‘Abd al-Rahmán IV en Levante y en marzo del 1018 fue asesinado Alí ben Hammud. Fue proclamado califa su hermano al-Qasim.

Zawi debía de seguir siendo fiel a los hammudíes, pues las tropas de ‘Abd al-Rahmán IV, apoyado por Jayrán, en vez de dirigirse hacia Córdoba, lo hicieron hacia Granada (1018). Con respecto a este enfrentamiento al-Bayan al-Mugrib cuenta lo siguiente:

Dice Ibn Hayyan: «Cuando pusieron pie a tierra en Granada, cuyo emir era a la sazón Zawi ben Ziri as-Sinhayi, se espantaron los sinhaya y se apiñaron alrededor de su emir, Zawi ben Ziri, jefe de las batallas y desdeñador de las aflicciones. Llevó a cabo perfectamente la organización de ellos, el reino le fue propicio y la potencia le asistió. Se cuenta de él,a propósito de esas batallas, unas historias insólitas.

Se refiere que al-Murtada (‘Abd al-Rahmán IV), cuando bajó a atacarlo, le escribió una carta invitándolo en ella a sometérsele, haciéndole hermosas promesas. Cuando le fue leída a Zawi le dijo al secretario:”Escribe sobre el dorso de su misiva. Di ¡Oh incrédulos! No adoraré lo que adoráis [y el resto] de la sura, y no añadas [más]”.

Cuando la misiva llegó a al-Murtada, volvió a enviarle una carta con amenazas y, cuando le fue leída a Zawi dijo: “Reenviadla [poniendo]: La rivalidad os distrae hasta el punto de que visitáis los cementerios. ¡No! ¡Pronto lo sabréis!, y no le añadas una letra.” Aumentó entonces la cólera de al-Murtada y desistió de convencerlo. Trabó la lucha con él y se combatieron [varios] días hasta que fueron derrotadas las gentes de al-Andalus y huyeron abiertamente, [tanto] sus musulmanes como sus cristianos francos […]

Zawi ben Ziri venció y se apoderó de gran botín. Zawi envió al califa al-Qasim el pabellón real de ‘Abd al-Rahmán IV, que fue montado por el califa a orillas del Guadalquivir en Córdoba.

Regreso a Ifriqiya (1019) y muerte

Ante la situación de inestabilidad en al-Andalus, Zawi ben Ziri decidió volver a Ifriqiya, su tierra de origen. Zawi intentó convencer al resto de los sinhaya para que le acompañarán pero solo sus más allegados y un pequeño grupo sinhaya le siguieron.

Según Ibn Hayyan, escribió un discurso para persuadir al resto de los sinhaya para que lo acompañaran de vuelta:

El triunfo que acabamos de obtener no debe haceros olvidar las precauciones que se imponen, porque no habéis de creer que la derrota de estas gentes se debe tan solo a nuestra fuerza, sino que se la debemos a la Providencia y a la manera como estos príncipes traicionan a su país para perderlo. Me di cuenta de ello el mismo día en que nos atacaron, y por eso os infundí confianza. Allah, en efecto, nos ha librado de ellos, y ahora se han dispersado. Pero tendrán que darse otro jefe, pues reemplazar a éste ha de serles muy fácil, y no estoy nada seguro de que no vuelvan todos juntos a atacarnos de nuevo dentro de poco, sin que entonces podamos acaso resistirlos. A mi juicio, lo que debemos hacer es salir de su tierra, gozar de tranquilidad con el botín que hemos ganado y volver a nuestra patria que dejamos, para defender a nuestras mujeres y a nuestros hijos, alejándonos de los Zanata, nuestros enemigos, que no desperdiciarán ocasión de hacernos daño, sobre todo ahora que los hemos puesto en fuga y hemos reavivado sus secretos rencores. Si, siendo como somos tan pocos, se juntan para combatirlos o ayudan en contra nuestra a los andalusíes, nos veremos entre las quijadas de un león y nos exterminarán. He aquí el consejo que me creo en el deber de daros. Yo me voy de al-Andalus, y el que me obedezca que me siga.

Dejó a su hijo Buluggin ben Zawis al mando en Granada y, desde Almuñecar, cruzó el mar hacia Kairuán.

Su intención era hacerse con el control del emirato zirí en un momento en el que el sucesor era un menor de edad: Al-Mu’izz ben Badis. Pero está decisión se vio a la larga que fue errónea. Por un lado rápidamente su hijo perdió el territorio de Granada. Ese mismo año Habús ben Maksan, su sobrino, se hizo con la taifa de Granada.

Por otro lado, él mismo no consiguió gobernar en Ifriqiya. Acabó sus días en Argel envenenado, a la edad de 64 años, en el año 1034/35.

Sello en honor a Zawi ben Ziri. Enero 2011
Sello en honor a Zawi ben Ziri. Enero 2011

Bibliografía: