El rey Sancho I, tras ser expulsado de León buscó refugió en Pamplona. Allí reinaba su tío el rey García Sánchez I y, sobre todo se  encontraba su gran apoyo, su abuela la reina Toda. Toda decidió que en primer lugar era necesario curar a su nieto de la obesidad que hacía imposible que cabalgara y que además le hacía objeto de continuas mofas.

Toda reclamó la ayuda de su sobrino, el califa ‘Abd al-Rahman III, ya que en Córdoba se encontraban los mejores médicos. El califa aceptó el reto y envió a Pamplona al judío Abu Yusuf Hasday, médico y diplomático. Abu Yusuf ordenó seguir a Sancho una dieta y un tratamiento de hierbas que puso fin a su obesidad y de este modo pudo volver a cabalgar. Pero además consiguió que Sancho se comprometiera a que, a cambio de la ayuda cordobesa para ser repuesto en el trono, León entregara diez fortalezas a los musulmanes, seguramente las mismas que habían sido pactadas con Ordoño III y que luego Sancho se había negado a entregar. También convenció a Toda para que junto al rey García y Sancho viajarán a Córdoba.

En el verano del 958 los tres viajaron a Córdoba y fueron recibidos solemnemente por el califa. Toda solicitó la paz para su hijo el rey de Pamplona así como ayuda militar para que Sancho recuperara el trono de León.

‘Abd al-Rahman III cumplió el acuerdo. En febrero del 959 envió una expedición en la que viajaba el propio Sancho. Tomó la ciudad de Zamora y luego continuó hacia León. Ordoño IV se vio obligado a abandonar la capital y refugiarse en Asturias. Al poco tiempo, el 28 de marzo Sancho ya aparece firmando documentos como rey tras conseguir el reconocimiento de la nobleza gallega.

 

Fernán González apoya a Ordoño IV

Sancho I contaba con el reconocimiento de todo el reino leonés salvo de Asturias y Castilla.  Tras la reposición de Sancho, Fernán González continuó reconociendo como rey a Ordoño IV. No obstante era su yerno, pues estaba casado con su hija Urraca Fernández.  Este reconocimiento duró al menos hasta el 3 de febrero del 961 y así lo atestiguan al menos seis diplomas del año 959.

Ordoño IV, desde su capital en Oviedo, reconoce la fidelidad de su suegro y le otorga el condado de Liébana. Un diploma del 3 de junio de 959 que documenta una venta en dicha comarca está calendada por el rey Ordoño IV y el conde Fernán González. La situación se mantiene en el 960. la Biblia de San Isidoro, escrita en Castilla, está calendada el 19 de junio de 960 y nombra a Ordoño como rey en Oviedo y a Fernán González conde en Castilla. Al año siguiente, el 3 de febrero del 961 aún existe un documento de San Pedro de Cardeña en el que se sigue reconociendo a Ordoño IV como rey.

Pero a mediados del 961, según la Crónica de Sampiro, Ordoño IV es expulsado de Asturias. Se refugia en Burgos, pero los castellanos, no el conde, le ignoran. Retienen a su esposa y a sus dos hijos y obligan a Ordoño, a principios del 962, a refugiarse entre los musulmanes. Parece que el conde Fernán González no se encontraba en esos momentos en Burgos.

 

El apresamiento de Fernán González por el rey García de Pamplona (960-962)

Según la Crónica Najerense: «El año quinto de este Ordoño (IV) en la era DCCCCXCVIII (año 960), el antedicho conde Fernán González y sus hijos fueron apresados en Cirueña en la iglesia de San Andrés, apóstol, por el susodicho rey de los pamploneses, García Sánchez, y remitido a Pamplona, de aquí a Clavijo y después a Tobía, de donde Sancha, la hermana del rey García, la que primeramente había sido esposa del rey Ordoño (II) de León y más tarde del conde de Álava Álvaro Herramélliz, habiendo sostenido a espalda de su hermano conversaciones, le puso en libertad, habiéndole dado a ella primeramente juramento de que si lo sacaba de allí, se casaría con ella. Lo que en efecto hizo.»

También los Anales Compostelanos citan este hecho: «Era DCCCCXCVIII (año 960). Fuit captus comes F. Gonsalvi et filii eius in Aconia a rege Garsia et transmisit illos in Pampilis». Por último, una fuente árabe, en este caso Ibn Jaldún viene a confirmar el hecho: «Sancho llegó a Córdoba ante an-Nansir para solicitar su ayuda, y habiéndola obtenido se apoderó de Zamora e hizo que fuera ocupada por sus auxiliares musulmanes. La guerra continuó entre Sancho y Fernando hasta que éste fue hecho prisionero en una batalla por el rey de los vascones; entonces Ordoño, hijo de Alfonso, reinó solo. Mientras tenían lugar estos sucesos al-Hakam había ascendido al trono califal. Éste concluyó la paz con el rey de los vascones con la condición de que le entregara a su prisionero Fernán González, conde de Álava y de Castilla, pero el rey de los vascones se negó a cumplir esta cláusula del tratado y puso en libertad a Fernán González».

 

Por lo tanto, el apoyo de Fernán González a su yerno fue completo. Se enfrentó directamente a Sancho I. Éste se alió con su pariente el rey pamplonés y ambos hicieron frente al conde castellano. En alguno de estos enfrentamientos, en La Rioja, el conde castellano fue apresado por las tropas pamplonesas en el año 960. Esto supuso que Ordoño IV se quedó sin parte importante de su ejército y finalmente fue expulsado de Asturias, en el 961, y que al refugiarse en Burgos, al no estar aún el conde Fernán González, fuera ignorado y obligado a marcharse.

Fernán González todavía estaba prisionero cunado al-Hakam II fue proclamado califa, el 16 de octubre del 961. Es probable que no fuera liberado hasta los primeros meses del 962. En esos momentos García Sánchez ya había roto la tregua con al-Hakam II y por eso sería bien recibido Ordoño IV en la corte califal.