[c. 926 – Córdoba, 962 o 963] Llamado el Malo o el Jorobado. al-Jabit en las fuentes árabes.

Rey de León (958-960)

Hijo de Alfonso IV de León y Onneca Sánchez de Pamplona.

Las fuentes, tanto musulmanas como cristianas, ofrecen una crítica muy dura de este personaje: vil, perverso, odioso a Dios y los hombres. Unos epítetos que permiten claramente comprender el mote que los cordobeses le impusieron: Al-Jabit, un término que indica una depravación moral.En líneas generales ha sido considerado un usurpador por la historiografía.

A la muerte de su madre, Ónega Sánchez, su padre prefirió abdicar. En consecuencia El futuro Ordoño IV fue aparatdo de la corte y sus derechos fueron relegados, especialmente cuando, después de intentar recuperar el trono, Alfonso IV fue cegado y confinado al Monasterio de Ruiforco de Torío (León).

A partir del año 935 su nombre comenzó a aparecer en diplomas vinculados a la estirpe regia y a la familia de san Rosendo, a la que se encontraba vinculada su abuela paterna Elvira Menéndez, unos hechos que permiten considerar que parte de su infancia y juventud transcurrió en Galicia.

Rebelión contra Sancho I

A comienzos del 958, numerosos nobles, especialmente los gallegos, a los que se sumó Fernán González, conde de Castilla, y el obispo de León, consideraban que Sancho I debía ser expulsado del trono.

A comienzos de marzo, en la catedral de Compostela, Ordoño IV fue coronado, en presencia de sus principales apoyos, los ya referidos magnates adversos a la causa de Sancho. Se trataba de una rebelión en toda regla a la que pronto se sumaron los descontentos leoneses. Sancho I abandonó entonces León y se exilió en Pamplona, donde contaba con al protección de su abuela Toda.

Pero Ordoño IV no tuvo fácil su entrada en la ciudad regia. León y el Castro del Rey (Puente Castro, León) se negaron a ofrecer su lealtad al nuevo soberano. El asedio fue prolongado y durísimo y solo la llegada de Froila Vela, noble alavés refugiado en Pamplona, al frente de tropas musulmanas a comienzos del verano del 958, permitió un cierto respiro. En agosto ambas localidades cayeron en poder de Ordoño IV. El 3 de agosto del 958, Ordoño pudo entrar en León tal y como se recoge en un diploma de esas fechas: “Ingressum regis in Legione domni Ordonii serenísimo principi prolis Adefonsi, et fuit ingressio regis in urbe regia postquam fugavit illos mauros qui venerant cum Froila Vigilan ad regiam pennam, videlicet IIIª feria post kalendas agusti”.

Su gobierno en León

Sus primeros actos de gobierno se centraron en premiar con donaciones a sus partidarios más significados, como su pariente, el conde Osorio Gutiérrez, el obispo de Compostela Sisnando y otros. En un diploma leonés que lleva por fecha el 11 de noviembre del 958 aparece el príncipe junto a su esposa, Urraca, hija del conde Fernando González, mujer repudiada por Ordoño III.

Pero mientras tanto Sancho I, ahora en Córdoba, negociaba con el califa un acuerdo que le permitiera regresar a comienzos de marzo del 959. Su presencia en Zamora, al frente de un ejército, fue argumento suficiente para que Ordoño prefiriera abandonar León antes que plantar cara a su adversario y por eso buscó refugio seguro en Asturias junto a su esposa y sus dos hijos. Como “rey en Oviedo” aparece en algunos diplomas y en el célebre colofón de la Biblia visigótico-mozárabe del 960 de San Isidoro de León.

Sancho I es repuesto en el trono de León.

Exilio de Ordoño IV

El resto de la biografía de Ordoño IV es la de un exiliado. Hacia 961 se dirigió a Burgos junto a su suegro Fernán González. Posteriormente, cuando Fernán González juró fidelidad a Sancho I, tuvo que irse de allí y abandonar a su mujer.

Ordoño IV se entregó en Medinaceli al general Galib y desde allí se organizó una comitiva para trasladarlo ante el califa al-Ḥakam II de Córdoba. El cronista Ibn Ḥayyān relata este viaje y la posterior recepción del príncipe en Medina al-Zahara por el califa. Así le prometió ayuda al-Ḥakam II:

“Hemos escuchado tu discurso y comprendido tu pensamiento —expuso el Califa al conocer las promesas de sometimiento del cristiano—, te colmaremos de júbilo, consolidaremos las bases de tu poder real, te haremos reinar sobre todos los que quieran reconocerte por las bases de tu poder real, te haremos reinar sobre todos los que quieran reconocerte por soberano, enviaremos un tratado en el que fijaremos los límites de tu reino y del de tu primo. Además, impediremos a este último que te inquiete en el territorio que te tendrá que ceder”.

Pero en realidad, los cordobeses retrasaron la ayuda prometida. Cuando por fin se le presentó el tratado para que lo firmara, las duras condiciones que se le imponían fueron todas ellas asumidas por Ordoño, impaciente por regresar. Incluso la que contemplaba una paz permanente con al-Ándalus, la promesa de no volver a unirse a la causa de Fernán González, y la obligación de entregar a su propio hijo, García Ordóñez, como rehén.

Pero, en medio de los preparativos que habrían de conducirle de vuelta a la frontera, acompañado en todo momento por el general Galib, llegó hasta Córdoba una nueva embajada de Sancho I. Los leoneses expusieron que estaban dispuestos a respetar cualquier trato previo. Logrado este propósito, el califa ya no volvió a recordar la palabra dada a Ordoño IV.

Nada más se sabe de este príncipe, excepto que encontró la muerte en Córdoba en un día incierto del 962 o 963. Sus restos fueron posteriormente llevados a León y sepultados en la iglesia de San Salvador de Palat del Rey.

Matrimonio y descendencia de Ordoño IV

Ordoño IV se casó hacia el 958 con Urraca Fernández, hija del conde castellano Fernán González y viuda del anterior rey leonés, Ordoño III.

Se sabe del nacimiento de al menos dos hijos de dicha unión, si no tres. Uno de ellos, llamado García Ordóñez, acompañó a su padre hasta la capital de al-Ándalus, perdiéndose su memoria a partir del 962. Los demás vástagos de este matrimonio probablemente continuaron al lado de su madre, Urraca.