La muerte de Almanzor en el 1002 no supuso la pérdida de poder de los amiríes en Córdoba, Su hijo ‘Abd al-Malik al-Muzaffar será el destinado a heredar el poder de su padre. Tenía veintiocho años y suficiente experiencia en la administración y la batalla.

Apenas fallecido Almanzor, ‘Abd al-Malik reunió a su ejército en Medinaceli y partió hacia Córdoba para hacerse confirmar como sucesor de su padre por el califa Hisham II. Obtuvo la confirmación sin apenas oposición. ‘Abd al -Malik prosiguió la política de hostigamiento de los reinos norteños. Éstos, en su mayoría, prefirieron esperar antes que llevar la iniciativa.

En el reino de León se prefirió la diplomacia. El conde de Castilla Sancho García prefirió negociar con el general eslavo que mandaba en Medinaceli, Wadih, y acordó una tregua que obligaba a Sancho a cierta colaboración militar con el ejército califal. Por otro lado, el conde gallego Menendo González, tutor de Alfonso V, tuvo que sufrir la amenaza contra la frontera en Coimbra, donde ‘Abd al-Malik envió nuevos contingentes para reforzar la frontera. Con esta amenaza, Menendo González firmó también una tregua con similares obligaciones de colaboración.

 Sin embargo, el conde de Barcelona, Ramón Borrell, quien el febrero del 1003 realizó una incursión victoriosa contra la plana de Balaguer llegando hasta Albesa. La respuesta de al-Muzaffar fue inmediata. En la primavera del 1003 , el 14 de junio, partió desde Córdoba, y siguiendo por Toledo, Medinaceli, en esta localidad se le unieron contingentes del general Wadih pero también de hombres de los condes de Castilla y de León. Así lo cuenta Ibn Idari en Al-Bayan al-Mugrib:

«Aquí se le unieron cierto número de señores cristianos, los unos enviados por el rey godo, que lo era entonces Alfonso, hijo de Ordoño, llamado Ibn al-Barbariya (el hijo de la bereber), los otros por su tío por parte de madre, Sancho, hijo de García, rey de Galicia y señor de Castilla y de Álava. Estos refuerzos tomaron parte en la expedición de ‘Abd al-Malik en cumplimiento de una de las cláusulas del pacto de vasallaje firmado durante el gobierno de ‘Abd al-Malik a comienzos del mismo año de esta expedición. Los cristianos respetaron así el tratado que habían firmado e hicieron honor a su palabra. ‘Abd al-Malik les recibió con toda clase de atenciones y les hizo reservar un lugar espacioso en el campamento.»

La expedición atacó Mumaqsar (Monmagastre), cuya guarnición, a pesar de la resistencia que opuso, acabó siendo pasada a cuchillo. Mientras tanto Wahid se dirigió contra Madanis (Meyá), posición que ocupó rápidamente. A continuación el ejército se adentró en tierras del condado de Barcelona arrasando diversas poblaciones como Castellolí y Manresa. tras obtener numerosos cautivos y dejar varias guarniciones, se replegó hacia Lérida y desde ahí se volvió hacia Córdoba el 7 de septiembre. Esta fue la primera de sus siete campañas.La dureza de sus acciones obligó a Ramón Borrell a solicitar la paz.

 

La tutoría del rey leonés Alfonso V

El año 1004 comenzó en paz para ‘Abd al-Malik pues tenía firmadas treguas con sus vecinos cristianos. Su ascendencia era grande y se demuestra en que ejerció de árbitro en una disputa que el conde castellano Sancho García y el conde gallego Menendo González mantenían por la tutela del rey Alfonso V.

Cuando Alfonso V es nombrado rey en el 999 sólo tiene unos cinco años. Parece que Menendo González actúa desde entonces, junto con la reina viuda, Elvira García, hermana del conde castellano, como tutor del rey. Ahora ya habían pasado cinco años pasado cinco años y Sancho reclama que es momento de que él asuma la tutoría del rey. Ambos acordaron someter la decisión al hayib de Córdoba y éste ordenó al juez Asbagh que decidiera en el asunto.

El juez falló en favor de Menendo González, quien continuó siendo su tutor. La decisión, como no podía ser menos, contrarió al conde castellano. Despechado, rompió la tregua con el califato. ‘Abd al -Malik respondió con una campaña de verano contra Castilla en la que no encontró ninguna resistencia. Al poco Sancho volvió a pedir la firma de una tregua.

 

Las campañas de ‘Abd al-Malik en los años 1005 y 1006

Cuando comienza el año 1005 parece que el conde Menendo González y los Banu Gómez han roto las treguas con Córdoba, pues en verano de ese año ‘Abd al-Malik  una nueva campaña, dirigida hacia el reino de León. Partió el 16 de julio con dirección a Toledo, donde acampó. Desde allí envió a Wadih con cinco mil caballeros hacia Zamora, que se hallaba en ruinas desde tiempos de Almanzor, y atacaron a las escasas tropas cristinas que había en las cercanías, devastando toda la comarca.

La campaña del 1006 fue en este caso dirigida contra los condados de Ribagorza y de Sobrarbe. Pasó por Zaragoza, Huesca y Barbastro. Desde esta última posición ordenó, el 14 de agosto, penetrar en territorio enemigo. Atacó la llanura de Binueste y luego marchó hacia San Juan de Matidero. Posteriormente se dirigió con Roda de Isábena. La campaña no sólo devastó la zona. ‘Abd al-Malik también dejó numerosas guarniciones musulmanas.

 

Campañas de ‘Abd al-Malik contra Castilla entre 1007 y 1008

En el año 1007, por causas desconocidas, Sancho ha roto la tregua con Córdoba. En consecuencia ‘Abd al-Malik se dirige a castigar las tierras castellanas. Este es el relato de al-Bayan al-mugrib:

«El año 397 (27 septiembre 1006 – 16 septiembre 1007) el hayib ‘Abd al-Malik partió en una expedición contra Castilla, que dependía entonces del rey Sancho, hijo de García, hijo de Fernando. Esta fue la expedición de Clunia, la quinta de las emprendidas por ‘Abd al-Malik, fue designada con el nombre de Expedición de la Victoria. Éste tuvo un choque con Sancho, que estaba acompañado de todos los cristianos de diversas razas. El hayib ‘Abd al-Malik le hizo sufrir una grave derrota, habiendo Allah fortalecido a los musulmanes. Su ayuda fue evidente. Fue al acabar esta expedición cuando ‘Abd al-Malik adoptó el sobrenombre honorífico de al-Mudaffar (el Victorioso)»

Clunia, que ya había sido conquistada por Almanzor en el 994, había pasado en algún momento indeterminado a manos cristianas, quizás en los acuerdos del principio del gobierno de ‘Abd al-Malik. Ahora vuelve a pasar a manos musulmanas.

«’Abd al-Malik regresó a Córdoba en septiembre. Pero poco le duró el descanso: el 28 de octubre tienen que volver de nuevo a la frontera del Duero castellano a enfrentarse a Sancho. En esta ocasión entabló batalla en la fortaleza de San Martín de Rubiales. De nuevo seguimos el relato de al-Bayan al-mugrib:

El año 398 (17 septiembre 1007 – 4 septiembre 1008), el hayib ‘Abd al-Malik partió con la sexta de sus expediciones; la única campaña de invierno de todo su reinado. Salió de Córdoba el 12 de safar de este año (28 de octubre de 1007) y habiendo seguido su camino vino a enfrentarse con el castillo de Sant Martin (San Martín de Rubiales). Una vez allí ‘Abd al-Malik dio la orden de descargar la impedimenta, e inmediatamente los musulmanes se lanzaron al asalto de la citada fortaleza,

Los infieles que la guarnecían se habían adelantado con la esperanza de impedir la aproximación y librar el combate en el exterior, pero no tardaron en batirse en retirada; varios fueron abatidos a golpe de sable y el resto buscó refugio en la fortaleza. Protegidos detrás de las fortificaciones, pretendían lanzar piedras y flechas sobre los musulmanes, pero ninguno de ellos podía asomar su mano sin que fueses inmediatamente atravesada por dos o tres dardos; así que se ocultaron tras los muros de las fortificaciones. Los musulmanes ocuparon la población, a la que prendieron fuego, después de haberse apoderado de todo cuanto encontraron.

Al día siguiente al-Muzaffar reanudó la lucha contra el castillo; envió soldados de ingenieros y zapadores que bajo la guía de especialistas abrieran una brecha en la fortaleza, arrancando las piedras encajadas entre las vigas de madera. Pusieron todos sus cuidados en este trabajo y así abrieron una ancha brecha que rellenaron de madera empapada de resina a la que prendieron fuego. El incendio alcanzó por encima de la plataforma del bastión, que fue consumida por las llamas. Los infieles, ante este espectáculo, quedaron aterrados, y dando por perdida su vida se arrepentían de haber querido resistir a ‘Abd al-Malik y a los musulmanes.

‘Abd al-Malik los combatió todavía un tercer día, ordenando a los oficiales encargados de transmitir sus órdenes que acumularan ramaje junto a la brecha, que fue acarreado en grandes montones. Entretanto, la catapulta lanzaba sin interrupción sus proyectiles sobre los enemigos de Allah y llovían las flechas, impidiendo cualquier movimiento a los defensores de la fortaleza. Durante nueve días se luchó rabiosamente.

Cuando los infieles fueron vencidos, víctimas de la sed, decidieron entregar su castillo a ‘Abd al-Malik y solicitaron para sí el aman. ‘Abd al-Malik hizo que sus tropas se acercaran para saber qué era lo que pedían; solicitaron la vida salvar y permiso para salir del fuerte e irse; si sus condiciones no fueran aceptadas, ellos se remitirían a lo que ‘Abd al-Malik decidiera, puesto que se hallaban al límite de cualquier resistencia. El hayib aceptó y los infieles abrieron la puerta de la fortaleza; ordenó a su hermano ‘Abd al-Rahman y a su oficial Safi que penetraran en el interior. Una vez éstos en la fortaleza ordenaron a sus ocupantes que salieran, lo que éstos hicieron llenos de inquietud y de pesar.

Una vez reunida la población del castillo en el patio exterior y cuando ya no quedaba nadie en el interior, ‘Abd al-Malik ordenó separar los combatientes y los demás hombres de las mujeres y de los niños y colocar a cada grupo aparte. Cuando fue avisado de que su orden había sido cumplida montó a caballo, rodeado de un gran número de musulmanes invocando el favor de Allah entre alabanzas y acciones de gracias. Detuvo su caballo en el patio interior de la fortaleza y se puso a examinarla; a continuación se dirigió al lugar donde había reunido al grupo de hombres: éstos a su llegada se habían puesto de pie y esperaban su clemencia, que serían simplemente llevados en cautividad. Los miró y los aplicó la sentencia que fue pronunciada contra Sad ibn Muad, que Dios lo acoja. Hizo una señal a los soldados que los rodeaban; éstos descargaron sobre ellos sus armas y los hicieron perecer en un instante; a continuación ordenó que los cautivos fueran distribuidos entre los voluntarios de la guerra santa y los caballeros irregulares según la costumbre.

Después hizo reparar las brechas abiertas en las murallas y ordenó al secretario encargado de la redacción de sus cartas que enviara a la capital un mensaje en dos copias, como era usual, anunciando la victoria. El ejército retomó el camino hacia Córdoba, donde entró a principios del mes de rabí II (15 diciembre 1007).»

 

La séptima y última campaña de ‘Abd al-Malik también fue contra Castilla en el verano del 1008. Recibió el nombre de campaña de la enfermedad. Salió de Córdoba destinado a combatir a Sancho pero parece que apenas logró penetrar en el condado y se desvió hacia Zaragoza, seguramente a causa de una grave enfermedad.

 

Muerte de ‘Abd al-Malik y gobierno de ‘Abd al-Rahman Sanchuelo

La enfermedad que hizo que ‘Abd al-Malik no pudiera concluir con éxito su última campaña contra Castilla se agravó y finalmente el hayib murió cuando había salido a una nueva campaña el 20 de octubre del 1008. Su cuerpo fue llevado al palacio de az-Zahira y allí mismo su hermano ‘Abd al-Rahman se encontró sin ninguna dificultad con todo el poder de su difunto hermano.

‘Abd al-Rahman ben Abi Amir tenía unos veinticinco años. Era conocido en Córdoba como Sanchol, diminutivo mozárabe de Sancho, nombre con que el que lo llamaba su madre, Abda, hija de Sancho Garcés II, rey de Pamplona, que había sido dada en prensa tras la campaña de Almanzor del 982 .

La historiografía árabe dice que carecía de las cualidades de prudencia y de moderación de su hermano mayor, aunque no le faltaba valor ni temeridad, pero le gustaba en demasía la vida de excesos. Supo ganarse la confianza del califa Hisham II y el mismo día de su posesión del cargo el califa le concedió el título honorífico de al-Mamun, el fiel por la gracia de Dios. Pero su ambición le llevó a dar un paso inédito: en noviembre de 1008 hizo que Hisham II, que carecía de descendencia, le designara como sucesor suyo al trono califal. Este decreto provocó un profundo malestar entre todos los descendientes de ‘Abd al-Rahman III.

Aprovechando estos acontecimientos, el conde Sancho García, en pleno invierno, atacó la frontera. ‘Abd al-Rahman rápidamente juntó su ejército y se encaminó hacia Castilla. Salió de Córdoba el 14 de enero del 1009 hacia Toledo. Mientras tanto en Córdoba se fue tramando una conjura y el 15 de febrero el califa Hisham II fue depuesto, proclamando en su lugar al califa Muhammad ben Hisham, biznieto de ‘Abd al-Rahman III. A continuación tomaron la residencia de az-Zahira , que fue arrasada el 19 de febrero. Por último, el 25 de febrero, el califa Muhammad convoca la guerra santa contra ‘Abd al-Rahman Sanchuelo.

‘Abd al-Rahman recibió la noticia de la rebelión en Toledo. Rápidamente volvió con su ejército hacia Córdoba. Pero el 28 de febrero, a dos jornadas de Córdoba, todos los bereberes de su ejército lo abandonaron y se presentaron en Córdoba. Al lado de Sanchuelo sólo quedaron su parientes más próximos, entre ellos el conde Sancho Gómez, de los Banu Gómez de Saldaña. A pesar de todo, ‘Abd al-Rahman siguió avanzando hacia Córdoba y acampó en Armillato. El 3 de marzo el nuevo califa envió una tropa que apresó a Sanchuelo y al conde de los Banu Gómez. Ambos fueron degollados en el atardecer del 4 de marzo.

Finalizaban así más de tres décadas de poder amirí y comienza el proceso de desintegración del califato de Córdoba que desembocará en su fragmentación en multitud de reinos de taifas.