‘Abd al-Rahmán ben Abi Amir, llamado Sanchuelo (Sanyul) (en árabe,

عبد الرحمن شنجول)

[Córdoba, c. 983 – Armillato, Córdoba, 4 de marzo de 1009]

Hayib de Córdoba (1008-1009)

Hijo menor de Almanzor y de Abda o Urraca, hija de Sancho II de Pamplona y prima del conde castellano Sancho García. Abda fue entregada a Almanzor tras la expedición de éste contra Pamplona en el verano del 982. En su niñez se le dio el apelativo de Sanyul (Sanchol, Sanchuelo) pues se decía que era muy parecido a su abuelo materno. Recibió en Córdoba una visita de su abuelo pamplonés en septiembre del año 992.

Participación en las aceifas de Almanzor y ‘Abd al-Malik

En su juventud participó junto a su padre en algunas de sus numerosas acciones militares contra los reinos cristianos. Estuvo presente en la batalla de las Peñas de Cervera (1000) y de él dijeron los cronistas árabes que: «Por su parte, ‘Abd al-Rahmán ibn al-Mansur tampocó se quedó corto en su resistencia y bravo ímpetu»¹.

También se hallaba junto a su padre en su última aceifa, la del 1002, cuando a su vuelta falleció en Medinaceli. Según cuentan las crónicas árabes, Almanzor recomendó a su hijo ‘Abd al-Malik que se fuera rápido para Córdoba para afianzar su poder y que dejara a sus tropas al mando de ‘Abd al-Rahmán. Además, aconsejó a ambos hermanos no pelearse entre ambos pues sería la ruina de su familia. Así lo cuenta Ibn al-Jatib, escribiendo un supuesto diálogo entre Almanzor y su hijo ‘Abd al-Malik:²

«A tu hermano ‘Abd al-Rahmán le he asignado mientras yo viva una parte de la herencia, que conforme a mi entender he juzgado justa. Le he retirado el mando de las marcas fronterizas, para que el enemigo nunca, contra el propósito de mi testamento, introduzca entre vosotros dos, tú y él, una cuña, lo que conduciría a la destrucción de toda mi obra y acarrearía la ruina de mi reino. Yo he querido preservarte de esto, de que tuvieras que temer a tu hermano ‘Abd al-Rahmám. Garantízame tú, que nunca le harás ningún mal.»

‘Abd al-Rahmán fue el encargado de las honras fúnebres de su padre mientras ‘Abd al-Malik se apresuró a afianzar su poder en Córdoba. Parece que hubo sintonía entre ambos hermanos. Incluso ‘Abd al-Rahmán llegó a participar en alguna de la aceifas de ‘Abd al-Malik. Concretamente en la efectuada en el año 1007 y que culminó en la batalla de San Martín de Rubiales con una victoria cordobesa. Ambos hermanos colaboraron en desenmascarar al traidor Isa ben Said, visir que quiso rebelarse contra el gobierno amirí en el 1006.

Pero la mayoría de las semblanzas que los cronistas árabes hacen de Sanchuelo no son muy favorecedoras. Según ellas, ‘Abd al-Rahmán carecía de prudencia y moderación. Su vida es descrita como desordenada: abusaba del vino, estaba en compañía de danzantes, bufones y homosexuales y no respetaba los sentimientos religiosos de los cordobeses.  Es más, incluso en algunos momentos sospechan de que pudo ser el causante de la muerte de su hermano mayor:

«La gente desde el principio de la muerte de ‘Abd al-Malik, por sobrevenir de repente y rápida, no dejó de decir que se había conseguido arteramente contra él una pócima venenosa, que subrepticiamente se le dio de parte de su hermano ‘Abd al-Rahmán, por mano de alguno de sus sirvientes de ‘Abd al-Malik al-Muzaffar, a consecuencia de lo cual murió; aunque hay discrepancias acerca de la manera cierta de dársela a beber. Dios lo sabe.»²

 

Último hayib amirí de Córdoba (1008-1009)

En octubre de 1008, tras la muerte de su hermano, accedió sin problema alguno al cargo de hayib. Según Ibn Idhari:

«Su hermano ‘Abd al-Rahmán, en compañía de los principales dignatarios de Estado, pasó esa noche en el palacio de az-Zahira y no le acaeció contratiempo [alguno]; cuando llegó la mañana se había hecho con el poder y la autoridad.»³

El califa le dio al día siguiente el pésame. Le concedió los títulos de an-Nasir (Defensor), al-Mamun (Fidedigno) y se hizo llamar con el título de al-Hayib al-Ala al-Mamum Nasir ad-Dawla (Chambelán Excelso y Fidedigno, Defensor del Estado). Se ganó la amistad del califa Hisham II a quien trató con demasiada familiaridad ya que le invitaba con frecuencia a las fiestas que junto a su harén organizaba en su residencia de az-Zahira.

Al mes y medio de estar en el cargo dio un paso más allá del que habían dado su padre y su hermano mayor. En el mes de rabí I del año 399 de la hégira (3 noviembre 1008 – 2 diciembre 1008), por medio de un documento público, acordado con el califa,  decretó que, ya que Hisham II carecía de descendientes,  y aduciendo «su parentesco con él a través de sus tíos maternos puesto que sus dos madres eran vasconas (baskunasiyyatayn)»4, él era el sucesor al califato. Al día siguiente la nobleza cordobesa acudió a felicitarlo al palacio de az-Zahira y allí ordenó nombrar a su hijo ‘Abd al-Aziz como hayib con el sobrenombre de Sayf ad-Dawla (Espada de la Dinastía). De este modo despreciaba uno de los pilares de la sucesión en Córdoba: el de la legitimidad de la familia omeya como gobernantes.

Este suceso tan irregular hizo que toda la familia omeya se sintiera ofendida y se extendió el malestar entre la alta aristocracia cordobesa, a pesar de haber honrado, al menos de fachada, a Sanchuelo. Pero ‘Abd al-Rahmán no se dio por enterado de este malestar. El 13 de enero del 1009 dictó otro decreto: a partir del viernes 14 de diciembre, todos los dignatarios de la corte y los oficiales administrativos debían de presentarse ante él no con los bonetes de colores que solían usar sino con turbantes al modo bereber. Una afrenta más a la aristocracia árabe.

 

La Campaña del Lodo (enero 1009)

‘Abd al-Rahmán fue el protagonista de la última campaña que el califato de Córdoba realizó contra los reinos cristianos. Se organizó con premura y en una época del todo inusual: en el mes de enero, en pleno invierno. Según Ibn Idhari:

«[…]había apresurado la salida de la capital […] sin causa perturbadora ni por otro motivo; he aquí que ello era debido a sus arrebatos extraños y a la contradicción de sus opiniones confusas[…]»5.

A pesar de los consejos en contra de sus oficiales y de ser informado de una posible conspiración, en enero del 1009 ordenó la salida de un ejército contra Yilliqiya (el reino de León) con lo que dejó desguarnecida la capital de Córdoba a pesar del descontento existente. Sanchuelo partió de Córdoba en torno al 15 de enero e inició la denominada Campaña del Lodo. Así cuenta la expedición Ibn Idhari:

«’Abd al-Rahman emprendió su camino al punto, sin que jamás se hubiese oído de más intenso y fuerte frío, ni [de más] violenta lluvia, ni [de más] apresurado viaje, ni [de más] abundosa crecida que aquellas penalidades que la gente hubo de soportar, que son entre ellos hasta ahora recordadas y renombradas. Se lanzó, pese a ellas, a la empresa de ir a la tierra de Yilliqiya por la parte de Toledo, al tiempo que seguía en su actitud de holganza y de desorden».6

Mientras tanto se fraguó una rebelión en Córdoba. Cuando ‘Abd al-Rahmán se encontraba en Toledo le llegó noticia de la conjura. La rebelión comenzó el 15 de febrero con el asalto y deposición de Hisham II y la proclamación en su lugar de Muhammad ben Hisham, biznieto de ‘Abd al-Rahmán III. Hisham II permaneció con vida pero fue obligado a abdicar. A continuación ocuparon el palacio de az-Zahira, cuya guardia se rindió sin resistencia a cambio del perdón. La residencia de los amiríes fue saqueada totalmente y demolida, aprovechándose su materiales para otras construcciones. Finalmente, el 19 de febrero, se incendiaron los restos. El 25 de febrero el nuevo califa Muhammad convocó a la guerra santa contra ‘Abd al-Rahmán Sanchuelo.

Ante esta situación ‘Abd al-Rahmán decidió abandonar el ataque contra el reino de León y volvió hacia Calatrava, donde permaneció cuatro días, exigiendo juramento de fidelidad a todos los soldados de su ejército. La vuelta a Córdoba fue lenta, desperdiciando un tiempo precioso. Llegó a Manzil Hani, a dos días a caballo de Córdoba, el 28 de febrero. Allí todos los bereberes de su expedición decidieron abandonarlo y huyeron hacia Córdoba.

 

La muerte de Sanchuelo

Junto a ‘Abd al-Rahmán solo se quedaron los más próximos, entre ellos un conde cristiano, probablemente el conde Sancho Gómez de Carrión-Saldaña. Este trató de disuadirlo de seguir avanzando hacia Córdoba pero ‘Abd al-Rahmán continuó el viaje. Llegó a Armillat y estableció allí, en su alcázar, su harén mientras el conde cristiano se alojó en un convento mozárabe cercano.

Al enterarse Muhammad envió una tropa, el 3 de marzo de 1009, para tratar de capturarlo. Sanchuelo y el conde de los Banu Gómez fueron apresados. En el camino a Córdoba fueron degollados, en el atardecer del día 4. Así cuenta este episodio al-Nuwayri:

«Supo Muhammad la situación de Sanchuelo, y envió en busca de éste a su canciller con 200 jinetes. El canciller, a su vez, envió por delante a Ben Dora, cliente de al-Hakam, el cual llegó de avanzada al monasterio mencionado, al amanecer del susodicho viernes. Cuando vio Sanchuelo a Ben Dora y a los que venían con él, les dijo: “¿Qué buscaís en vuestro camino? ¡Yo me he sometido ya!”. Pero ellos le echaron fuera del monasterio, así como al conde Gómez y a todos los que acompañaban a ambos, y cogiendo a las mujeres de Sanchuelo, que eran 70 jóvenes, las enviaron a Córdoba.

 

El canciller vino a juntarse con Ben Dora antes de la hora de la oración de la tarde del mismo día viernes. Al verle Sanchuelo, se apeó del caballo y besó la tierra en presencia del canciller repetidas veces. Entonces se le dijo que besara el casco del caballo del canciller. Sanchuelo lo hizo así, y le besó su mano y su pie. Después de esto fue obligado a ir en otra montura que no era su caballo.

 

Entretanto el conde Gómez caminaba callado, sin pronunciar palabra. El canciller hizo indicaciones para que quitasen a Sanchuelo el bonete con que tocaba su cabeza, como así fue hecho, y se puso en marcha de vuelta hacia Córdoba, caminando hasta que se ocultó el sol. Entonces hizo alto y mandó que fuese Sanchuelo maniatado fuertemente. Mas éste les pidió luego que se compadeciesen de él y le dejaran libre de sus manos, a fin de reposar un rato. Le soltaron las manos, y en el acto sacó de su botina un puñal, brillante como un rayo; pero fue sujetado rápidamente, antes que pudiese cometer cosa alguna con él. De seguida el canciller lo hizo humillar y lo degolló. También fue muerto el conde Ben Gómez. Tomadas las cabezas de ambos, fueron puestas en la carga juntamente con los restos de Sanchuelo, y el canciller siguió su marcha con todo ello hasta llegar al alcázar de Córdoba».

 

La humillación final de Sanchuelo

Una vez que el cadáver de Sanchuelo llegó a Córdoba no logró reposar en paz. El califa Muhammad ordenó abrirle el vientre, sacarle las entrañas y rellenarlo con plantas aromáticas para conservarlo. Después se ajustó su cabeza al cuerpo, se le vistió con camisa y zaragüelles y fue llevado fuera del alcázar. Por último se le clavó en un alto madero en la Puerta de la Suda.

Junto a él, en un madero más bajo, se clavó la cabeza del conde Gómez. Posteriormente ordenó a un oficial de Sanchuelo, Ibn ar-Rassan, que pregonase que «Este es Sanchuelo el sodomita» y que luego lo maldijese y se maldijese a sí mismo.

El cadáver de Sanchuelo estuvo expuesto hasta el mes de noviembre de 1009, cuando Sulaymán, enfrentado a Muhammad II, entró en Córdoba y ordenó que se bajara del madero, que fuera lavado y enterrado en la casa de su padre

De este modo tan indigno finalizaban los más de treinta años de dominio amirí en Córdoba. A la vez comenzaba la desintegración del califato de Córdoba pues se inicia en la fitna, la guerra civil que acabará con la fragmentación del califato en decenas de reinos de taifas.

 

Descendencia

Al menos tuvo un hijo, ‘Abd al-Aziz. Logró escapar de Córdoba y refugiarse en Zaragoza. Posteriormente se convirtió en el rey de las taifas de Valencia y de Almería.

 

  1. Lisan al-Din al-Jatib: Kitab amal al-alam…, trad. Osvaldo A. Machado Mouret, “Las batallas de Simancas y de Cervera descriptas por Ibn al-Jatib”, CHE, 43-44 (1967), 391-395.
  2. Ibn Idhari: al-Bayan al-Mugrib en La caída del Califato de Córdoba y los Reyes de Taifas, trad. Felipe Maíllo Salgado, Universidad de Salamanca, 1993, pág. 43
  3. Op. cit. pág. 43
  4. Op. cit. pág. 47
  5. Op. cit. pág. 54
  6. Op. cit. pág. 54