Ordoño I, el nuevo rey en Oviedo, va a ser quien inicie de forma sistemática la incorporación de las tierras de la Meseta Norte al reino de Asturias.

Ordoño I de Asturias
Ordoño I de Asturias

Pero además va a realizar un cambio en la administración de sus territorios: va a impulsar el nombramiento de condes (comites o comes) sobre quienes va a delegar el gobierno de algunas zonas, sobre todo de las fronterizas. Estos condes serán, por supuesto, nobles de la familia real o cercanas a ella o bien con arraigo e intereses en la zona.

Gatón, seguramente su hermano, es citado como conde del Bierzo y repoblador de Astorga; y a Rodrigo le nombrará conde de Castilla. Estos condes van a tener una gran libertad de acción a cambio de su fidelidad al rey astur. No es posible asegurar el parentesco que Rodrigo tenía con el rey Ordoño. A lo largo del tiempo diversos historiadores han apuntado que era hermano o cuñado del rey Ordoño pero sin aportar datos fidedignos para apoyar dichas hipótesis.

Las repoblaciones de Ordoño I

La situación es propicia para impulsar la expansión del reino asturiano hacia el sur. Según la Crónica de Alfonso III, en su versión Rotense, durante el reinado de Ordoño I:

Las ciudades de antiguo abandonadas, es decir, León, Astorga, Tuy y Amaya Patricia, las rodeó de muros, les puso altas puertas, y las llenó de gentes, en parte de las suyas, en parte de las llegadas de España.

Crónica Rotense, 25

En sus primeros diez años de gobierno, el reino de Asturias va a expandirse más allá de las montañas cantábricas y ocupará de manera definitiva Tuy (en fecha desconocida), Astorga (c. 854), León (856) y Amaya (860).

Astorga (Astorica) fue ocupada por el conde Gatón del Bierzo en algún momento anterior al año 854, pues existe ya un documento datado el 6 de mayo de dicho año en el que se indica que Ordoño es dueño de dicha ciudad.

Por otro lado, los Anales Castellanos Primeros nos dan la fecha de la definitiva ocupación de León:

Año 856 pobló el rey Ordoño León, y al tercer año derrotó […]

Por último, el conde Rodrigo, el primer conde de Castilla, ocupará por mandato real la abandonada ciudad de Amaya en el año 860, como veremos posteriormente.

Las repoblaciones ordenadas por Ordoño I no fueron únicamente estas cuatro ciudade. Es obvio que ocuparían también la zonas rurales del entorno de ellas y otras ciudades de las cuales no nos han llegado sus nombres pero que la Crónica Albeldense dice “et alia castra muniuit”, es decir, y “fortificó otras muchas plazas”.

Un dato interesante que aporta la Crónica Rotense, es que estas ciudades fueron pobladas tanto por gentes del propio reino de Asturias como de otras procedentes de España. En este contexto se refiere a cristianos mozárabes, a gentes procedentes de los territorios dominados por el emirato de Córdoba. Probablemente muchos de ellos procederían de Toledo, que protagoniza una importante rebelión contra el emir en este periodo.

En estos momentos el fenómeno de la repoblación es apoyado y fomentado por el rey. Las razones son varias. Por un lado, es el método de organizar los nuevos territorios, que aunque tengan población, necesitan tener una estructura de poder; por otro lado, para acoger importantes grupos de mozárabes que migraron hacia el norte tras las rebeliones en Toledo y otras poblaciones de al-Ándalus.

La amenaza Banu Qasí

La llegada de Ordoño I (850) al trono coincide con una nueva rebelión del jefe de los muladíes Banu Qasí, Musà ben Musà, quien controlaba el valle del Ebro entre La Rioja y Zaragoza.

Musà ben Musà estaba aliado con su hermanastro Íñigo I Arista, rey de Pamplona, y buscaba la creación de un reino independiente de Córdoba.

Hacia el 852 tropas asturianas y gasconas (procedentes de la Aquitania francesa) se enfrentaron a los vascones y a los Banu Qasí en la Primera Batalla de Albelda, siendo vencedores estos últimos. De esta forma Musà ben Musà se hace con el control de casi la totalidad de la actual La Rioja teniendo como base una impresionante fortaleza llamada Albelda, cerca de Laturce a pocos kilómetros de Logroño.

Debido a los problemas internos de cordobeses y al cambio de actitud de los pamploneses, el único enemigo de Ordoño I va a ser el caudillo de los Banu Qasí, Musà ben Musà, a quien las crónicas medievales llaman el “tercer rey de España”.

En continua rebelión contra Córdoba, trata de asegurar el valle del Ebro a su paso por La Rioja. En el 855 va a realizar una dura aceifa contra Álava y al-Qilá y tras ella se preocupa de restaurar y fortalecer la guarnición militar de Albelda, “la Blanca”, situada en Laturce, cerca del cerro de Clavijo y de Logroño.

Viendo la amenaza que esta fortaleza supone sobre los dominios orientales del reino asturiano, Ordoño I junto con los pamploneses, lanza una ofensiva contra Albelda (859). Tras una dura lucha, Ordoño toma la fortaleza y la arrasa. Esta batalla dará lugar, ya en el siglo XII, a la legendaria Batalla de Clavijo.

Termina así, de momento, la amenaza de los Banu Qasí sobre Asturias. Musà seguirá peleando contra pamploneses y cordobeses hasta su muerte en el 862. Mientras tanto, tras la derrota de Musà, su hijo Lubb o Lope ben Musà, gobernador de Toledo, se declarará vasallo de Ordoño I.

Mientras tanto ‘Abd al-Rahman II muere (852) y su hijo Muhammad I es nombrado emir. En un primer momento su reinado fue tranquilo pero, tras nombrar visir a Hashim ben ‘Abd al-Aziz, el descontento se extendió entre mozárabes y muladíes.

Y es Toledo donde mayor va a ser la resistencia al poder del emir. Los mozárabes, dirigidos por Eulogio, depusieron al gobernador musulmán y conquistaron la fortaleza de Calatrava pidiendo ayuda militar a Ordoño I. Éste envió al conde Gatón en el 854. Las tropas asturianas fueron derrotadas en la batalla de Guadalacete, al sudoeste de Toledo. Según Ibn Jaldún:

Los toledanos pidieron la ayuda del Rey de Galicia y del Rey de los Vascones, que acudieron a liberarlos con la ayuda de la gente de la ciudad. El ejército de Toledo formado por la unión del pueblo toledano y los reinos cristianos, viendo al del emir (muy reducido), salieron a los márgenes del río Guadalacete y combatieron con fervor derrotando al emir. Éste se retrajo hasta tierras más al sur, siendo seguido por el ejército de Toledo que cayó en una emboscada, ya que el grueso del ejército árabe estaba esperando ese movimiento. Todo esto produjo una matanza de más de ocho mil almas, dando la victoria al imperio musulmán y aplastando así la rebelión de Toledo.

Sin embargo, la sublevación se reprodujo en el 858, siendo ajusticiado Eulogio al año siguiente.

Incursiones vikingas

Durante el reinado de Ordoño I vuelven a aparecer los vikingos (858-861). En el 859 los vikingos son rechazados por el conde Pedro Theón en Galicia.

Pero los vikingos tienen mejor fortuna cuando llegan a Pamplona (h. 859) y secuestran al nuevo rey García I Iñíguez. Solo tras pagar un costoso rescate el rey vuelve a Pamplona, pero a partir de entonces la vieja alianza entre los Arista y los Banu Qasí se ha roto y García I será aliado del reino de Asturias.