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Breve crónica del año 926 – Era hispánica 964

por Javier Iglesia Aparicio
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Breve crónica de la Hispania medieval - 926

¡Salud, lector! Nos hallamos en el año de la Encarnación del Señor de 926, lo que en estas tierras datamos como el 964 de nuestra era. Como cronista que observa los vaivenes de nuestra atribulada Hispania desde las torres de la experiencia, me dispongo a dar fe de los sucesos que marcan este tiempo de mudanzas, ambiciones y fronteras difusas.

La tierra hispana no conoce el sosiego. En el norte, los herederos de la sangre goda se despedazan por el trono, mientras en el sur, el joven y astuto emir omeya teje con mano de hierro la unidad de su dominio frente a los rebeldes que aún osan desafiarle.

Brevis rerum gestarum summarium

  • Guerra fratricida en el reino de León: Tras la muerte de Fruela II el pasado año, la lucha entre sus hijos y los hijos de Ordoño II ha sumido al reino cristiano en una peligrosa inestabilidad.
  • El ascenso de Sancho Ordóñez en Galicia: El primogénito de Ordoño II es coronado en Santiago de Compostela, consolidando su poder en el occidente peninsular.
  • La consolidación de Abd al-Rahman III: El emir de Córdoba continúa su implacable actividad militar para someter las marcas fronterizas y asentar su autoridad absoluta.
  • La regencia de Jimeno Garcés en Pamplona: El reino de Pamplona observa con cautela los movimientos tanto de los otros reinos cristianos como de los sarracenos.

Annales rerum gestarum Era DCCCCLXIV

El cisma de la corona leonesa

No hay peor mal para la Cristiandad que la división de sus señores. Tras el fallecimiento el año pasado del rey Fruela II (apodado “el Leproso” por algunos), la paz que tanto costó labrar se ha quebrado. El trono de León, corazón de la resistencia ante el infiel, ha sido objeto de disputa entre los vástagos de Fruela (Alfonso, Ramiro y Ordoño Froilaz) y sus primos (Alfonso, Sancho y Ramiro Ordóñez) los hijos del difunto Ordoño II.

El 12 de febrero de este año 926, la balanza parece inclinarse definitivamente. Alfonso Ordóñez, ha sido coronado rey en León de donde ha logrado desplazar a los hijos de Fruela gracias al apoyo de los nobles gallegos y de tropas pamplonesas. Sin embargo, el reino no es uno, sino dos pues Alfonso Froilaz sigue gobernando en el norte en Asturias y el resto de los dominios de la costa cantábrica. El caos sucesorio es tal que los campos, antes listos para la siembra, hoy temen el paso de las mesnadas que no saben a qué señor jurar lealtad. Es una danza de espadas entre hermanos y primos que solo favorece al que ríe desde el alcázar de Córdoba.

La coronación de Sancho Ordóñez en Compostela

Es de obligada mención lo acontecido en las tierras del Apóstol. Sancho Ordóñez, el mayor de los hijos de Ordoño II, ha sido ungido rey en Santiago de Compostela. Con este acto, Galicia se afirma como un bastión con voz propia dentro de la monarquía astur-leonesa. Sancho, hombre de carácter firme, busca en las reliquias santas la legitimidad que las armas a veces niegan. Mientras él gobierna el occidente, su hermano Ramiro lo hace en el condado de Portucale. En teoría ambos reconocen la supremacía de su hermano Alfonso con sede de León. ¿Podrán convivir pacíficamente cuatro testas, tres Ordoñez y una Froilaz, bajo una misma corona? El tiempo, ese juez implacable, dirá.

Los recelos de Nuño Fernández, conde de Castilla y Munio Vela, conde de Álava

El conde Nuño Fernández, quien desde Burgos gobierna Castilla, también ha reconocido a Alfonso Ordoñez como rey de León tal y como ha dejado por escrito en un documento del 25 febrero 926, pero es la última vez que aparece en la documentación durante este año. Por otro lado, nada de sabe del vecino conde alavés, Munio Vela ¿Puede que sus posturas durante la contienda no fueran muy claras y por eso hayan caído en desgracia?

Rumores nos han llegado de que una nueva hornada de condes más del gusto del nuevo rey como Gutier Núñez, Fernando Ansúrez y Álvaro Herramélliz ya se vislumbran como los nuevos hombres fuertes en Burgos, Castilla y Álava.

La consolidación de Abd al-Rahman III: El sometimiento de las marcas

En el mediodía peninsular, el emir Abd al-Rahman III ha dado pasos de gigante este año para erradicar el cáncer de la fitna (guerra civil interna) que desangraba al emirato. Su atención se ha centrado en la Marca Superior.

Los señores locales, muchos de ellos de linaje muladí como los Banu Qasi, que durante décadas jugaron a dos bandas entre Córdoba y los reinos cristianos, ven cómo su tiempo se agota. El emir ha perfeccionado su ejército de mercenarios —los “eslavos” o saqaliba—, hombres leales solo a su paga y a su señor, libres de las intrigas de los clanes árabes tradicionales. Este año, las aceifas (expediciones de castigo) no solo buscan botín, sino la rendición incondicional de las fortalezas que aún se resisten a pagar el tributo debido a la mezquita cordobesa.

La regencia de Jimeno Garcés en Pamplona

En este año de 926, el reino de Pamplona se encuentra bajo la tutela de Jimeno Garcés, hermano del difunto rey Sancho Garcés. Dado que el joven heredero, García Sánchez, es aún un tierno infante que no alcanza la edad para empuñar la espada ni portar la corona con la firmeza debida, es su tío quien debe gobernar.

Esta transición es crítica para la Cristiandad. La muerte de Sancho Garcés I ha dejado un vacío de liderazgo que Abd al-Rahman III no dejará de aprovechar. Sin embargo, Jimeno Garcés ha demostrado este año una prudencia notable, manteniendo las alianzas matrimoniales con los hijos de Ordoño II en León: su hermana Oneca está casada con el rey Alfonso Ordoñez de León. Pamplona no ha caído en el caos sucesorio que aflige a los leoneses, actuando más bien como un mediador silencioso pero armado entre las facciones cristianas.

La influencia de la reina viuda, Toda Aznárez, empieza a sentirse en cada rincón del palacio, moviendo los hilos de la diplomacia para asegurar que el patrimonio de su hijo no sea devorado por las ambiciones de sus parientes o la furia de Córdoba.

La restauración del monasterio de San Martín de Ampurias

En los confines orientales de nuestra tierra, allí donde las antiguas ruinas de los griegos y romanos aún asoman entre la arena, este año de 926 ha sido testigo de un acto de piedad y reconstrucción que llena de esperanza a los fieles del condado de Ampurias. El monasterio de San Martín de Ampurias, que durante tiempo sufriera el abandono y los embates de los piratas sarracenos que infestan las aguas del golfo, ha sido bendecido con una nueva vida.

Bajo el amparo del conde Gausberto, se han levantado de nuevo los muros de este recinto sagrado. No es solo un lugar de oración; es un faro de la Cristiandad en una costa peligrosa. Los monjes, con su paciente labor de azada y pluma, están devolviendo el orden a unas tierras que la desidia había convertido en yermo. Se dice que sus campanas, al tañer de nuevo, no solo llaman a la oración, sino que advierten a los navegantes de que estas tierras tienen dueño y señor, y que la Cruz vuelve a estar firmemente clavada en la roca frente al mar.


Persona insignis Era DCCCCLXIV in Hispania

Elijo como personaje más relevante de esta año 926 la figura de Alfonso Ordóñez. Si bien su hermano Sancho reina en Galicia, es Alfonso quien ha logrado entrar en León y reclamar el trono principal. Este año es el de su consolidación tras desplazar a su primo Alfonso Froilaz. Es un rey que parece llevar la corona como una pesada carga de deber, más que como un privilegio de gloria.


Meae praedictiones pro anno proximo

Por lo que mi experiencia y el susurro de los vientos me alcanzan a entender, el venidero año de 927 no traerá la paz, sino el cierre de viejas heridas por el fuego. Es de esperar que el emir Abd al-Rahman III, tras haber pacificado gran parte de la Marca Superior, ponga sus ojos en la perla de la resistencia muladí, Bobastro, para acabar de una vez por todas con el linaje de los Hafsun que tanto ha humillado a Córdoba.

En los reinos del norte, la aparente calma entre los hermanos Ordóñez pende de un hilo de seda; aunque ahora se reparten la tierra, la unidad de la corona leonesa exigirá tarde o temprano una sola cabeza. Entretanto, la frontera del Duero seguirá siendo un campo de batalla de piedras y miedo, esperando a ver quién, si la cruz o la media luna, tiene el valor de repoblar sus llanuras.