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Hāšim b. ʿAbd al-ʿAzīz, háyib de Muḥammad I y al-Munḏir

por Javier Iglesia Aparicio
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Hāšim b. ʿAbd al-ʿAzīz, háyib de Muḥammad I y al-Munḏir

[¿Córdoba?, ? – Córdoba, 26 marzo 887] Háyib de los emires de Córdoba Muḥammad I (c. 873 – 886) y de al-Munḏir (886 – 887)

Hāšim b. ʿAbd al-ʿAzīz b. Hāšim pertenecía a la más alta nobleza omeya de Córdoba pues sus antepasados descendían de ʿUṯmān b. ʿAffān, compañero y yerno de Mahoma. En al-Andalus, la familia se estableció en Elvira y en Córdoba. Se llama Abuhalit en las fuentes cristianas.

Hijo de ʿAbd al-ʿAzīz b. Hāšim, visir de Abderramán II. Cercano al príncipe Muḥammad desde la juventud, cuenta el al-Muqatbis que lo conoció mientras jugaba una partida de ajedrez con su hermano Sulayman y quedó tan prendado de su personalidad que juró que querría gobernar solo por tener a su servicio a Hāšim. En cuanto éste ascendió al gobierno (852), le encomendó el gobierno de la caballería y la educación de sus hijos. Luego le nombro visir y gobernador de la cora de Jaén, lugar donde construyó fortalezas como la de Úbeda, así como de la ciudad de Mérida.

De esta etapa en Mérida tenemos una curiosa referencia de Hāšim b. ʿAbd al-ʿAzīz como coleccionista de mármoles diciendo:

Yo era muy aficionado a los mármoles cuando fui gobernador de Mérida, me puse a coleccionar los que había en ella para llevarme los que me pareciesen hermosos. Un día que paseaba por la ciudad, mi vista se clavó en una losa de mármol, fija en la muralla; era de tal pureza que, al verla, la hubiera tomado por un bloque de piedra preciosa. Ordené entonces que arrancaran aquella losa; lo consiguieron, no sin esfuerzos; cuando fue depositada sobre el suelo se dieron cuenta de que llevaba una inscripción en lengua no árabe. Reuní, para que la descifraran, a los cristianos que se hallaban en Mérida. Estos opinaron que solo un personaje extranjero que me nombraron, y que ellos respetaban, podría traducir este texto. Envié un mensajero a buscarlo; y éste me trajo a un anciano decrépito y encorvado por los años. Cuando se hubo colocado la piedra ante él, sus ojos se llenaron de lágrimas y lloró durante largo tiempo. Después dijo, traduciendo la piedra: “es un acta que concede el derecho de saquear libremente a las gentes de Jerusalén a todo aquel que construya quince codos de esta muralla”. Y en efecto, cuando la conquista de al-Andalus por los musulmanes se encontró en las iglesias de Mérida la parte que correspondía a los habitantes de esta ciudad sobre los tesoros de Jerusalén conseguidos durante su saqueo por Nabucodonosor. Isban, rey de al-Andalus, entre otros, había tomado parte de este saqueo a la cabeza de sus tropas, y su lote de botín comprendía a la vez objetos preciosos y otras cosas llevadas a Mérida.

Semblanza de Hāšim b. ʿAbd al-ʿAzīz

Esta es la semblanza que hace del personaje en el al-Muqatbis:

[…] es de más alto rango de toda esta clase, el de más peso, el aglutinador de la nobleza, en el que se reunían las capacidades del abolengo, y el más excelente en el menoscabo de los méritos; era persona de nobleza, autoridad y grandeza, de elevadas miras, fiel en sus acuerdos, generoso con sus protegidos, básico por su elegancia distinguida y su gallardía, la dulzura de su carácter, su buena conducta, el ingenio puro, la cultura sobresaliente y el perfecto saber. Se reunieron en él cualidades que no se reunieron en ninguno de sus iguales entre la gente de su tiempo, además de la valentía, la generosidad, su buen desempeño del secretariado, la caballerosidad, la elocuencia, la expresividad, la disposición para recompensar las poesías maravillosas y la inclinación a lo antiguo, la familia y la precedencia. Aunque no se lo hubiesen suministrado sus antepasados le hubieran alzado sus dotes excelsas y su inteligencia, que le quiso alcanzar lo que quiso de entre las cosas ocultas, y supervisarlo todo con la fortuna que le fue servida ante su señor, el emir Muhammad, y rebasar el nivel recibido por encima del que correspondía al afecto. No se podía equiparar con él ninguno de sus allegados, ni los íntimos, ni los privados, ni la canarilla. Esta era su opinión sobre él antes de ser soberano, y el tomarlo a su servicio, uno de sus deseos.

También indican que uno de sus defectos era la profunda enemistad que tenía contra un jeque de su propia familia, su tío Jalid b. Hāšim.

Háyib de Muhammad I (c. 873 – 886)

Hāšim sucede al háyib ʿĪsà b. al-Ḥasan b. Abī ʿAbda en una fecha desconocida, seguramente en torno al 259H (872/873) cuando acompañó al emir a Toledo y le aconsejó en cómo aplacar una rebelión. La mayor parte del gobierno del háyib está marcada por las rebeliones de Ibn Marwan en Mérida, los Banu Qasí en la Frontera Superior y la de Umar b. Hafsun en Bobastro.

En el 260H (873/874) Muḥammad ordenó a su hijo al-Munḏir y a Hāšim b. ʿAbd al-ʿAzīz, como general de las tropas, combatir la rebelión de los Banu Qasí en Zaragoza. Después, tras descansar en Huesca, se dirigieron contra Pamplona.

Hāšim b. ʿAbd al-ʿAzīz y los rebeldes Ibn Marwan y Sa’dun al-Surunbaqi

Con respecto a Ibn Marwan, comenzó la rebelión en el año 261H (875), según algunas crónicas musulmanas porque el propio Hāšim había proferido una calumnia contra Ibn Marwan en Córdoba. Acabó refugiándose en Alanje donde acudió Hāšim con el ejército emiral, llegando allí el domingo 29 de mayo. Inició un sitio, que duró unos tres meses, pero Ibn Marwan logró evadirlo, aunque finalmente pidió el amán y se estableció en Badajoz.

La paz duró poco tiempo. Ibn Marwan volvió a rebelarse en el año 262H (876), apoyado por Sa’dun al-Surunbaqi, y de nuevo Hāšim, caíd del ejército, y el propio príncipe al-Mundir fueron a combatirle a Badajoz, lugar que encontraron desierto pues los rebeldes habían huido. Las tropas emirales recorrieron varios castillos hasta que finalmente localizaron y sitiaron su campamento.

Captura de Hāšim y prisión con Alfonso III de Asturias

El combate acaeció en junio del 876. Pero el resultado de este enfrentamiento fue sorprendente: el todopoderoso Hāšim b. ʿAbd al-ʿAzīz fue hecho prisionero por los hombres de Sa’dun al-Surunbaqi, aliado de Ibn Marwan, el 12 de sawwal del 262H (13 julio 876) en las cercanías de Mont Salut.

Hāšim se había apartado de sus defensores, y cuando llegó al vado por el que había cruzado hacia Sa’dun lo encontró repleto de caballería y hombres que combatían en él hacinados con fuerza por su estrechura y sus escabrosidades, Cuando vio que la gente era arrojada de él y que no había otro vado cerca hizo un esfuerzo supremo por abrirse camino, pero no encontró paso. La caballería de Sa’dun se acercaba, ante lo que echó pie a tierra y se sentó sobre su escudo, mientras que la muerte caía sobre sus compañeros hasta llegar a él.

Los primeros de los hombres de Sa’dun que se alzaron y le vieron fueron Muhammad y ‘Abd al-Yabbar b. Qanballo, que eran de los mejores de sus caballeros, se alzaron y fueron a matarle. Se dirigió hacia ellos Ahmad b. Jalifa el de Mérida -que era un caballero famoso entre ellos y había conocido a Hāšim anteriormente- y bajó de su caballo, se acercó a él, que tenía la capucha echada sobre la cabeza, y dijo a los Banu Qanballo, que estaban desplegados junto a él: “¡Deteneos! ¡uno como él no puede ser muerto! ¿No sabéis quién es?”

Le contestaron: “No, ¿quién es?, ¿qué insinúas?”.

Les dijo: “Este es el león del Islam después del emir Muhammad. Este es Hāšim b. ʿAbd al-ʿAzīz el visir, caíd de este ejército”.

Echaron pie a tierra y lo llevaron sin su caballo; enviaron un mensajero a Sa’dun con la noticia, que no creyó que lo habían cautivado hasta que llegó a él. Lo cogió y fue Sa’dun con él a Munt Salut. Los hombres del soberano que estaban en él habían salido y lo habían dejado vacío, y lo ocupó Sa’dun con sus hombres. Fue una victoria como no habían obtenido igual, y se llenaron las manos de botín.

Las fuerzas rebeldes de Ibn Marwān y Sa’dun se reunieron y se dirigieron a Lisboa llevando a Hāšim con ellos. Atacaron la ciudad, la saquearon y permanecieron en ella el resto de año 876.

En este punto surge la disensión entre los aliados. Ibn Marwān tomó de Sa’dun a Hāšim con el objetivo de reconciliarse con Muḥammad I. Pero Sa’dun acabó arrepintiéndose pensando en que se lo reprocharía su aliado Alfonso III. Finalmente acordaron que entregarían al visir al rey asturiano.

Se alegró mucho Alfonso con ello, y envió a buscar a Sa’dun y sus compañeros por este favor en el camino de Yilliqiya. Apenas se habían establecido cuando llegó a ellos un enviado del rey que transmitió la orden de Alfonso a Sa’dun de que fuese urgentemente con Hāšim hacia él. Se puso en marcha hacia él, y allí se dirigió Sa’dun llevando con él a Hāšim.

Cuando entró con él ante el rey, estaba jubiloso de contento, volando de alegría, por haber conseguido llevar a Hāšim prisionero; y se ensoberbeció y engrandeció ante los cristianos.

Cuando se ocupó (el rey) de Hāšim y se percató de su excelencia y la simpatía de su carácter, lo encontró muy agradable y ligero para su corazón; prestaba atención a su conversación y ocupó sus momentos de soledad con él. Llegó a ser raro que se sentase con la gente de su reino o les dedicase enteramente su comida y su bebida, más que estando con él Hāšim […] con él con un vínculo, y confiaba en su consejo; su situación con él se elevó […]

La noticia fue mal recibida por el emir Muḥammad e incluso llegó a culpar al propio Hāšim b. ʿAbd al-ʿAzīz de su cautiverio por ser precipitado y descuidado. Aun así, nombró a uno de sus hijos, de corta edad, visir para que mantuviese los honores y beneficios de su padre.

De todos modos, en torno al 264H (877/878), Hāšim fue liberado tras pagar el emir la suma de 150.000 dinares y como parte de un nuevo acuerdo de paz con Ibn Marwan, a quien se le concedió el gobierno de Badajoz. Sin embargo, parece que Muḥammad no le restituyó inmediatamente en su cargo sino hasta unos dos años después.

Hāšim contra los Banu Qasí y Umar b. Hafsun

Retornado a la corte, Hāšim volvió a ocuparse de tareas de gobierno y, de nuevo, tuvo que hacer frente a las numerosas rebeliones en el territorio de al-Andalus. En el 266H (879/880) atacó, junto al príncipe ‘Abd Allah, la cora de Rayyo, donde se había sublevado Yahya al-Yaziri.

Al año siguiente, 267H(880/881), en solitario, atacó de nuevo Zaragoza; ese año también volvió a la cora de Rayyo, contra Umar b. Hafsun.

En el 268H (881/882) salió junto a al-Mundir en aceifa: Primero contra Zaragoza, Rueda y otras ciudades combatiendo la rebelión de Ismāʿīl b. Mūsà b. Mūsà; y finalizaron penetrando en Álava y Castilla y atacando Cellorigo y Pancorbo.

En el 270H (883/884) logró apresar a ‘Umar b. Hafsun y lo llevó a Córdoba para que luego se uniera al ejército emiral. En efecto, el rebelde se encuentra en el el 271H (884/885) en Zaragoza, donde Hāšim compró la ciudad a Muḥammad b. Lubb b. Mūsà por 15.000 dinares por mediación de Ramón I de Ribagorza y Pallars.

En el 272H (885/886), junto a ‘Abd Allah, hijo del emir, combatieron a Ibn Marwan en Esparraguera. Esta es la última acción que se conoce del háyib.

La muerte del emir Muḥammad I

Hāšim b. ‘Abd al-‘Azīz fue el último acompañante del emir Muḥammad I el día de su muerte. Así lo cuenta, por ejemplo, el Dikr:

Había salido un día el imán Muhammad a pasear por la Rusafa y le comentó su visir Hāšim b. ‘Abd al-‘Azīz: “Emir, ¡qué maravilloso sería el mundo si no fuera por la muerte!”. Pero Muḥammad le replicó: “¡La muerte es lo mejor que tiene! ¿Disfrutaríamos del poder que tenemos si no fuera por ella? Si vivieran nuestos antecesopres, ¿cómo habríamos podido alcanzar el trono?”. Al regresar de ese paseo tuvo un acceso de fiebre y murió ese mismo día; contaba entonces sesenta y siete años.

Háyib de al-Munḏir (886-887)

Según un relato probablemente apócrifo, Aṯl, la madre del futuro emir al-Munḏir había mostrado desde su infancia un carácter soberbio y engreído, por lo que su familia, harta de soportar sus ínfulas, la vendió como esclava en Córdoba; la compradora fue la madre de Hāšim b. ‘Abd al-‘Azīz, a quien le fue regalada.

Cuando el háyib quiso gozar de ella, se encontró con la negativa de la esclava, cuya obsesión era llegar a ser madre de un califa, algo que, a pesar de la elevada posición de Hāšim, nunca podría conseguir con él. Molesto por el rechazo de la muchacha, la golpeó con cierta dureza; ella no sólo no cedió en su postura, sino que se atrevió a amenazar a su amo advirtiéndole de que su hijo se encargaría de tomar cumplida venganza.

En efecto, Aṯl consiguió la libertad, se casó con el emir Muḥammad y tuvo de él un hijo llamado al-Munḏir, que acabaría siendo el sucesor de su padre y que, cuando subió al trono, encarceló y posteriormente hizo dar muerte a Hāšim b. ‘Abd al-‘Azīz.

Desconocemos las razones exactas de la caída en desgracia de Hāšim Lo cierto es que según al-Bayan al-Mugrib, las relaciones entre ambos comenzaron a deteriorarse a partir del año 268H (881/882) Hāšim, confirmado en un primer momento como háyib, muy pronto fue encarcelado, junto a casi todos sus hijos, y más tarde, el 26 de marzo del 887, ajusticiado.

Descendencia

Se conoce el nombre de algunos de sus hijos:

  • Aḥmad b. Hāšim b. ‘Abd al-‘Azīz, encargado de las soldadas en las aceifas en las que participaba su padre. Fue visir en la corte del emir ‘Abd Allah.
  • Walid b. Hāšim b. ‘Abd al-‘Azīz, encabezó junto al príncipe al-Mundir la expedición de al-Barbariyya contra Mérida en el 263H. Posiblemente fue el hijo que sustituyó as Hāšim b. ‘Abd al-‘Azīz mientras estaba cautivo en Asturias.

Bibliografía

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