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Guadalajara: fundación andalusí y restos arqueológicos

por Javier Iglesia Aparicio
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Puente sobre el río Henares en Guadalajara

No es de la ciudades más conocidas ni más visitadas pero la castellana Guadalajara bien merece una visita en la que respirar su origen árabe y su pasado medieval. Y, como no, disfrutar de su gastronomía fundamentada en el cordero y el cabrito, los hornazos, las migas y el morteruelo. Además, siempre puedes tomarla como base, ir a un alquiler de coches en Guadalajara, y descubrir la Alcarria, el Señorío de Molina o las Serranías del norte de la provincia.

Aunque en sus cercanías se ubicaba la ciudad prerromana y romana de Arriaca, Guadalajara fue fundada ex novo por los árabes en algún momento entre la segunda mitad del siglo VIII y los comienzos del siglo IX. Su primer nombre fue Madīnat al-Faraŷ, haciendo referencia a que fue fundada por el bereber al-Faraŷ b. Massarra b. Salīm, perteneciente a los Banu Faraŷ.

Se trataba de una fortaleza dentro de la Marca Media andalusí, cabeza de un taġr (zona fronteriza), dentro de esta Marca Media, a su vez dominada por los Banū Sālim, parientes de los Banū Faray, quienes manteniéndose fieles a los emires de Córdoba, ejercían su poder en un territorio que iba desde Medinaceli, en el corredor del Jalón, hasta Madrid, englobando núcleos tan importantes como Guadalajara o Atienza.

La primitiva fortaleza andalusí estaba situada en la margen izquierda del río Henares, sobre un promontorio creado por dos barrancos que desembocaban en el río (el barranco del Alamín al lado nordeste y el de San Antonio al suroeste). El nombre del río en árabe era Wadī l-ḥiŷāra, que viene a significar el valle de las piedras o el valle de los castillos, quizás indicativo de las numerosas fortalezas que jalonaban su curso. Con el tiempo, el nombre de Wadī l-ḥiŷāra sustituirá al de Madīnat al-Faraŷ.

Ruinas del alcázar de Guadalajara
Ruinas del alcázar de Guadalajara

Guadalajara, entre los siglos IX y el primer tercio del siglo X se convirtió en la fortaleza más importante de la zona, con una eminente función militar tanto ofensiva como defensiva contra los territorios cristianos del norte. Según Aḥmad b. Razi, esta sería la descripción del distrito de Guadalajara a comienzos del siglo X:

La ciudad de Al-Faraŷ (Madinat al-Faraŷ) que se llama ahora Guadalajara, se encuentra situada al nordeste de Córdoba, en la orilla de un río llamado el Wadī l-ḥiŷāra. El agua de este río es excelente y de gran aprovechamiento para sus moradores. Se encuentran allí una gran cantidad de árboles. Repartidos por su territorio se encuentran numerosos castillos y aldeas, como por ejemplo el castillo de Madrid. Otro de estos castillos es el de Castejón sobre el Henares. Otro es el llamado de Atienza, el mas fuerte de todo el distrito. Cuando los musulmanes conquistaron España, hicieron de este castillo una atalaya contra los cristianos de mas allá de la frontera, para protegerse de sus ataques. Su territorio está limitado por la cadena montañosa que separa las dos Españas. Se encuentran allí excelentes territorios para la caza, zonas montuosas y campiñas para el regadío”.

Pero, aún así, no son muchos los datos que nos han llegado acerca de su historia en el período andalusí. Al fundador al-Faraŷ b. Massarra b. Salīm le sucedió como gobernador en Guadalajara su hijo Māntil b. Faraŷ. Sabemos que el emir ‘Abd al-Rahmán II (822-852) estuvo en ella de camino a una aceifa contra el reino de León. Y que ya en época de Muhammad I, concretamente en el 862, el rebelde Musà b. Musà, jefe de los Banū Qasí, casó a una de sus hijas con el gobernador de Guadalajara, Azrāq b. Māntil b. Sālim. Pero como éste seguía siendo fiel al emir, Musà acudió a sitiar Guadalajara. Sin embargo, fue herido y murió a los pocos días.

Cuando los castellanos alcanzaron el río Duero (912) e incluso llegaron más allá, hasta Sepúlveda (940), Guadalajara perdió importancia en favor de la ciudad de Medinaceli. Entre los años 920 y 921 Guadalajara sufrió sendas incursiones de Ordoño II. Es en esta misma época, en el año 307H (920/921), cuando ‘Abd al-Rahmán III hizo que los Banū Sālim dejaran de tener el control del territorio. No se conocen las causas con exactitud: las fuentes oficiales dicen que por el descontento de los habitantes, pero es posible que fuera por la necesidad de reorganizar la frontera, en peligro por las incursiones leonesas y las continuas rebeliones toledanas. El siguiente gobernador conocido es Irzāq b. Maysara en el año 317H (929/930)

A pesar de la rehabilitación de Medinaceli, Guadalajara siguió funcionando como centro cultural, hecho contrastado por la existencia de veinticuatro ulemas desde la deposición de los Banū Sālim (920) hasta los años de la fitna (1009), destacando entre ellos la familia de los Mas’ada.

Con Almanzor como hombre fuerte de Córdoba, es en Guadalajara donde desarticuló un complot contra él en el cual participaban su hijo ʿAbd Allāh, al-Marwāní de Toledo y ʿAbd al-Raḥmān b. Muṭarrif de Zaragoza. Era el año 989 y aprovechando una campaña contra el reino de León, posiblemente la 32ª, la que atacó Burbil por segunda vez, llamó a los zaragozanos y cuando estaban todos reunidos en Guadalajara, las gentes de la frontera (azuzadas por el propio Almanzor) presentaron una queja contra ʿAbd al-Raḥmān. Esta fue la excusa perfecta para dejarle sin sueldo y luego despojarle del gobierno de Zaragoza.

A comienzos de la fitna (1009), en el conflicto entre los califas Muḥammad IISulaymān ben Ḥakam, este último y sus partidarios acudieron a Guadalajara huyendo de Muḥammad y en busca del apoyo del general de la Marca Media: Wadih. Pero los habitantes de Guadalajara se negaron a reconocerle como califa. Wadih envió una expedición de cuatrocientos jinetes pero fueron derrotados y las tropas de Sulaymān entraron en Guadalajara por asalto, la saquearon y cautivaron a sus habitantes.

Esa guerra civil desembocó en la fragmentación del califato de Córdoba en decenas de reinos de taifas. Guadalajara se incorporó al reino de Toledo pero tanto Guadalajara como Medinaceli fueron dos ciudades disputadas entre las taifas de Zaragoza y Toledo. El rey Al-Ma’mūn de Toledo comenzó su gobierno con un conflicto contra Sulaymān ben Hud, rey de las taifas de Lérida y Zaragoza, por la posesión de Medinaceli y Guadalajara. La guerra duró tres años, entre 1044 y 1047, cuando falleció Sulaymān. En el transcurso de ella los zaragozanos se apoderaron de Guadalajara con un ejército comandado por Aḥmad ben Sulaymān ben Hud. Al-Ma’mún reaccionó y fue a atacar la ciudad pero fue derrotado y obligado a refugiarse en Talavera, donde Aḥmad lo asedió, retirándose por orden de su padre.

Guadalajara se mantuvo así dentro del reino de Toledo, donde Ibn Kardabus cita al gobernador Ibn al-Kinani entorno al 1063. En 1085, tras la caída de Toledo, Guadalajara fue conquistada por las tropas del rey Alfonso VI. Las crónicas atribuyen la hazaña a uno de los compañeros del Cid, Alvar Fáñez de Minaya.

Restos de época andalusí en Guadalajara

No quedan hoy en día restos muy visibles del pasado andalusí de Guadalajara. Se pueden citar: el puente sobre el río Henares; parte de las ruinas del alcázar (en el camino que sube desde el río hasta el casco viejo de la población); la base de la concatedral de Santa María, construida sobre la antigua mezquita; y la estructura urbana del centro histórico de la ciudad.

Puente sobre el río Henares en Guadalajara (Fuente: Wikimedia)

La ciudad se alzaba sobre una terraza del río y protegida por el barranco del Alamín al lado nordeste y por el de San Antonio al suroeste, y se encontraba separada en dos partes. Por un lado, la Alcallería en la entrada de la ciudad desde el río, que se extendía en una estrecha franja desde el puente hasta el alcázar y que se encontraba rodeada de una débil muralla. Constituía una zona industrial de varios talleres artesanales.

Y por otro lado, el poblamiento, rodeado de una espesa muralla y de varios torreones. La muralla tenía cinco puertas de acceso a la ciudad y una que unía la Alcallería del resto de la ciudad, la de Bradamarte. Las que daban acceso a la ciudad eran la puerta del Puente, en la Alcallería, la de la Feria en el suroeste, la del Mercado y la de Bejanque al este y la del Alamín al nordeste.​ Cada puerta estaba protegida por un torreón, de los que todavía quedan en pie los de la Feria​ (también llamada de Álvar Fáñez de Minaya) y del Alamín; también queda la puerta de Bejanque.​

Torreón del Alamín de Guadalajara
Torreón del Alamín de Guadalajara
Torreón de la Feria o de Álvar Fáñez de Minaya de Guadalajara
Torreón de la Feria o de Álvar Fáñez de Minaya de Guadalajara

Las excavaciones arqueológicas han permitido conocer mejor el pasado andalusí. En la excavación del túnel de Aguas Vivas, en el centro de la ciudad, se pudo establecer la secuencia completa de material cerámico desde la época emiral hasta la taifa. Y en el año 2021, en las obras en el nuevo campus de la Universidad de Alcalá en la ciudad, se han hallado restos de la muralla, que corresponden al encuentro de la muralla con el torreón sur de la Puerta de la Alcallería.

El Ataifor de Guadalajara. Procede de una excavación arqueológica preventiva realizada en la calle Miguel de Cervantes nº 5
El Ataifor de Guadalajara. Procede de una excavación arqueológica preventiva realizada en la calle Miguel de Cervantes nº 5

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