Un período oscuro (885 – 899)

Tras la oscura desaparición del conde Diego Rodríguez, probablemente en el 885, ninguno de su estirpe volverá a ocupar una dignidad condal. Entre el 885 y el 897 sólo se encuentran dos documentos referentes a la zona del condado de Castilla. Ninguno alude a la existencia de un conde pero sí a la del rey Alfonso.

¿No hubo nadie con el título condal en estos años? Es posible que Alfonso III no quisiera dar la oportunidad a ningún magnate de tomar el poder en la región más alejada del centro de poder asturiano que pudiera llevar a algún intento secesionista. Puede ser también que más tarde viera que era indispensable delegar el gobierno de aquella problemática zona en alguien de su confianza. ¿Como conciliar ambas posiciones? Dando poder de gobernar sobre Castilla no a un único conde sino a varios.

Tres van a ser los nombres que van a aparecer en Castilla a partir del 897 con el título condal. Empezando por la margen occidental de Castilla, Munio Núñez, posible descendiente del Nuño Núñez de Brañosera, y el mismo que fortificó Castrojeriz en el 882. Su nombre aparece en tres documentos: el primero, al decir de Fray Justo Pérez de Urbel, es una falsificación, y está datado en julio del 897, tratando sobre una donación de Alfonso III a una iglesia de Lugo; el segundo es del 1-III-899, referido a la fundación del monasterio de San Pedro de Cardeña, cerca de Burgos; y el tercero del 6-V-899 y trata de nuevo de una donación real, en este caso en Santiago. Se le llama conde de Castilla.

Gracias al documento que trata sobre Cardeña se conoce por primera vez el nombre de otro magnate, Gonzalo Fernández, conde de Burgos. Y el tercero aparece en la margen oriental, en la frontera riojana, y se llama Gonzalo Téllez. Mencionado por primera vez el 18-XI-897 relacionado con los valles de Mena y Valdegovia, llamándole conde de Lantarón.  Estos tres personajes van a protagonizar la historia política de Castilla durante la siguiente década aproximadamente.

 

Los tres condes (899 – 910)

Munio Núñez

Su nombre aparece por primera vez ligado a la fortificación de Castrogeriz (882). Su gobierno se debía extender en un principio en la zona que mediaba entre Brañosera al norte, pasando por las importantes fortalezas de Amaya y Castrogeriz hasta el río Esgueva. Durante este período es probable que también ocupara la fortaleza de Muñó.

Parece ser que una hija de Munio Núñez, llamada Munniadonna o Nuña , se casó con el primogénito de Alfonso III, García. De esta forma se unía con la familia más poderosa del momento en Castilla, ya que Munio Núñez aparece como conde de Castilla. Tras la rebelión del conde palatino Adamnino, Alfonso sospechó de las intrigas de su primogénito y desde Carrión marchó hacia Zamora, donde apresó a García y lo envío al castillo asturiano de Gonzón. Es entonces cuando el conde Munio Núñez se rebela contra Alfonso III. Y además sus hijos no le apoyaron y le obligaron a abdicar (909). García se convertiría en el rey de los dominios castellanos.

Gonzalo Fernández

El conde Gonzalo Fernández es nombrado por primera vez en el 899 como conde de Burgos en un documento de San Pedro de Cardeña con el título de conde en Burgos. Aparece de nuevo en documentos de los años 912, 914 y 915 como conde de Castilla, luego probablemente sucedió a Munio Núñez. Es el padre del famoso conde Fernán González.

En una lápida de la iglesia de parroquial de Lara de los Infantes se puede aún leer: “En nombre del Señor, Gonzalo y Finderico hicieron esta ciudad siendo príncipe Alfonso. Era DCCCC… Olim Auxima, nunc Lara”. Por desgracia la fecha no parece estar completa y puede ser algún momento entre la era DCCCC.. (año 867) y la era DCCCCXL (año 902).

Gonzalo Téllez

El conde Gonzalo Téllez aparece para la historia en el 897 como conde en Lantarón, abarcando sus dominios desde el río Nervión hasta la Sierra de la Demanda con las fortificaciones de Lantarón, Pancorbo y Cerezo de Río Tirón. Desde sus dominios asegura la frontera oriental contra las aceifas sobre todo de la familia Banu Qasí.  En el 899, Alfonso III recupera la importante plaza riojana de Grañón, pero tras la derrota de Valdejunquera tiene que ser abandonada. Unos años después, en el 904, Alfonso III asedia de nuevo Grañón sin éxito, ante la acometida de Lope ben Muhammad, aunque logra ocupar y destruir otra plaza fuerte musulmana, Ibrillos. No será hasta el 913 cuando Grañón aparezca ya como fortaleza del reino de León.

Estos tres condes van a ser los protagonistas del movimiento expansivo hacia el sur más importante, van a avanzar hasta llegar a la ribera del río Duero.