Una sucesión sin incidentes

García Fernández aparece por primera vez como conde de Castilla en un documento fechado el 1 de marzo del año 970 procedente del monasterio de San Cristobal de Ibeas. En él se puede leer, de la siguiente forma: «…rex Rademiro in Legione et comite Garzia Fredenandez in Castella».

La sucesión de su padre, Fernán González, parece que fue tranquila y automática sin que tuviera oposición ni entre las gentes de Álava y Castilla ni tampoco por parte del rey Ramiro III, prueba de que Fernán González había logrado una amplia autonomía y capacidad de acción en sus dominios, haciendo el título de conde hereditario.

No sabemos la fecha exacta del nacimiento de García Fernández. Sólo que era el menor de los cuatro hermanos varones de unos padres que habían contraído matrimonio hacia el 932 y que su primera mención en un documento es del 944. Por lo tanto, cuando heredó el condado contaría con unos treinta años.

 

Matrimonio y descendencia

García Fernández había contraído matrimonio en una fecha indeterminada, pero alrededor del 965, con Ava de Ribagorza, hija del conde Ramón II de Ribagorza. Ava aparece junto a su esposo en un documento del 11 de julio del 972. En ese documento también aparece el primero de sus hijos, Sancho, quien le sucederá en el cargo. La descendencia de este matrimonio es la siguiente:

 

Situación política: embajadas cristianas a Córdoba

En el reino de Pamplona, el rey García Sánchez II fallecía el 22 de febrero del 970 y le sucede su hijo Sancho Garcés II, casado con Urraca, hija de Fernán González. De esta forma, los vínculos del condado castellano y el reino pamplonés son estrechos.

En León gobierna un menor de edad, Ramiro III, tutelado por su tía, la monja Elvira, y por su madre. Elvira había logrado firmar una paz con el califa de Córdoba, al-Hakam II, que se extendía a Castilla y a Pamplona. Debido a esta minoría de edad, el reino leonés se encontraba expuesto a las intrigas e intereses de los grandes magnates de Galicia, León y Castilla. En este momento el califato de Córdoba vive uno de sus momentos de mayor esplendor y ejerce la supremacía sobre el resto de entidades políticas de la península Ibérica. Muestra de ello es la continua actividad diplomática. Los distintos reinos, condados e incluso magnates envían año tras año embajadas ante el califa para mostrar su sumisión y ganarse su favor. La historiografía musulmana relata con todo lujo de detalles estas embajadas. Vamos a ver aquellas en las que participaron pamploneses, leoneses y castellanos hasta la ruptura de hostilidades en el año 975.

La crónica musulmana al-Muqtabis nos relata una embajada en agosto del 971 en la que al-Hakam II recibe al abad Bassal y el juez de Nájera, Velasco de parte de Sancho Garcés II de Pamplona; al embajador al-Layt de parte de Elvira, regente de León; a Habib Tawila y a Saada, embajadores de Fernando hijo de Flaín, hijo del conde de Salamanca; a García, hijo de ¿Gatón?, de parte de García Fernández, conde de Castilla y Álava; a Esimeno y ¿Elgas?, embajadores de Fernando Ansúrez, conde de Monzón y Peñafiel; por último, a Sulayman y a Jalaf ibn Sad, embajadores del conde Gonzalo (un conde portugués, bien de Coimbra, bien de Braga).

Un mes después llega otra embajada, de nuevo están representados Elvira de León, Sancho de Pamplona, el condado de Castilla (representado por Jamis ibn Abi Salit) y el condado de Monzón.

La siguiente embajada de la que se tiene noticia es del 973 por parte de los reinos de León y Pamplona y los condes de Saldaña, Monzón y Galicia. La siguiente embajada castellana es del 1 de agosto del año 974. Junto a representantes del condado de Monzón llega una embajada castellana con Esteban ibn Abibak, embajador del obispo de Y.n.r.s. ¿Iruña?, y Nuño González al frente. Fueron atendidos y abandonaron Córdoba el 11 de septiembre de 974. Esta será la última embajada castellana de paz. Justamente al día siguiente se recibe un correo urgente en la corte cordobesa: García Fernández ha roto la tregua.

El primer hecho constatable de estas embajadas en la fragilidad y desunión del reino leonés. Los condes más poderosos: Portugal, Galicia, Saldaña, Monzón y Castilla se representan solos, aparte del rey de León, y tratan de conseguir beneficios propios.

 

García Fernández rompe la tregua.  La batalla de Gormaz (975)

García Fernández había roto la tregua el 2 de septiembre del 974 atacando el castillo soriano de Deza, logrando arrasar los campos de cultivo y robar ganado. Se enfrentó a los cordobeses — con resultado incierto — en la batalla de Fahs Albocarat o del Llano de Alboreca, cerca del castillo de Madà ben Tamilt (posiblemente Ateca) y donde murió el gobernador de la zona, Amril ben Tamlit. Cuando el califa al-Hakam II recibió pocos días después estas noticias, mandó ir a por los embajadores, quienes fueron apresados cerca de Caracuel y llevados a prisión a Córdoba.

El conde castellano se aprovechaba de que el grueso de las tropas califales y los generales más capaces, como Galib, estaban en el norte del Magreb, donde Córdoba trataba de extender los dominios de su protectorado. Ante esta situación, al-Hakam ordenó en marzo del 975 reclutar caballos y soldados por todo al-Andalus. Se avecinaba un nuevo enfrentamiento entre el califato y los gobernantes cristianos, que en masa habían roto la tregua con Córdoba.

En este primer enfrentamiento tras cuatro años de paz se adelantaron los cristianos. El 17 de abril de 975 tropas de León, Pamplona y Castilla ponen sitio a la fortaleza más importante del califato en el Duero soriano: Gormaz. Al-Hakam II ordena enviar refuerzos bajo las órdenes de Galib, quien parte de Córdoba el 24 de abril. El 7 de mayo ya se encuentra en el castillo de Barahona. Luego avanzó por Berlanga hasta llegar al flanco sur de Gormaz. Al ver que no puede vadear el río Duero porque en la otra orilla están las tropas cristianas, acampa frente a ellas.

La primera escaramuza ocurre el 21 de mayo, sin un resultado claro, pero que decide a Galib a retroceder su campamento hasta Barahona, quizás para lograr un lugar más seguro. Durante todo este tiempo no dejaron de partir de Córdoba nuevos refuerzos de soldados, más cantidades de dinero y más provisiones. No se podía perder la fortaleza de Gormaz costara lo que costara.

También los cristianos siguen recibiendo refuerzos, e incluso el rey Ramiro III y su tía Elvira acudieron al frente. Antes del enfrentamiento definitivo estas son las fuerzas concentradas. Por parte de los cristianos había soldados de Sancho Garcés II de Pamplona, García Fernández, conde de Castilla, Fernando Ansúrez, conde de Monzón, los condes de Saldaña, y el rey de León con algo más de 60.000 hombres en total. La batalla de Gormaz tuvo lugar el 28 de junio, cuando las tropas cristianas deciden realizar una acometida definitiva contra Gormaz, antes de que Galib regresa con su ingente ejército. Pero los defensores de Gormaz supieron parar la acometida e incluso salieron al campo de batalla. La coalición cristiana decidió entonces retirarse.

Es el momento de que Galib lance una expedición de castigo. Se dirigió a San Esteban de Gormaz, derrotó a las fuerzas castellanas y arrasó los campos de cultivo y taló los bosques, regresando a Gormaz el 8 de julio. García Fernández vigilaba en la cercanía los movimientos de Galib y trató de cerrarle el cruce del río Duero cerca de Langa pero fue de nuevo derrotado. El fracaso de Gormaz tuvo consecuencias en los reinos cristianos: el gobernador de Zaragoza atacó a las tropas pamplonesas que regresaban del combate; y Ramiro III se deshace de la tutela de su tía Elvira.

El año 976 no se produjo ninguna acción de importancia. En octubre de ese mismo año moría el califa al-Hakam II y le sucedía su hijo Hisham II, que pronto encumbrará a Almanzor como valí absoluto.