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De Bermudo I a Felipe VI: catorce siglos o dos mujeres, eslabones nodales de la continuidad dinástica española

por Javier Iglesia Aparicio
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Diurnal de Fernando I y Sancha. fol. 6v

Colaboración de Raúl César Cancio Fernández


El hilo linajudo que a lo largo de catorce siglos vincula al rey Bermudo I de Asturias, el Diácono, con el actual titular de la corona española, Felipe VI de Borbón, se sostiene, en esencia, en dos mujeres sin las cuales la trazabilidad de la estirpe se hubiera quebrado irremediablemente. Nótese que no nos estamos refiriendo a una magistratura ininterrumpida ciñendo la corona -como acaece en Japón- sino a la pervivencia genealógica de la misma.

Cruz de la Victoria (908)
Cruz de la Victoria (908)
Escudo de armas del rey Felipe VI de España
Escudo de armas del rey Felipe VI de España

En efecto, y en ambos casos, además, debido a la más común de las causas que generan las interrupciones dinásticas: la ausencia de descendencia regia.

Alfonso III el Magno, bisnieto del referido Bermudo, fue el último soberano del Asturorum regnum, sucediéndole como primer rey de León su primogénito García a quien, a su vez, le sucedió en el trono del reges Legionis su hermano Ordoño al fallecer aquel sin hijos. Fueron sucesivos reyes de León su hermano (Fruela II); dos hijos (Alfonso IV y Ramiro II); tres nietos (Ordoño III, Sancho I y Ordoño IV); dos bisnietos (Ramiro III y Bermudo II); un tataranieto (Alfonso V), cerrándose el capítulo de la dinastía cántabro-pelagiana en la figura de Bermudo III, muerto en la batalla de Tamarón el 4 de septiembre de 1037 a la edad de 20 años.

Venturosamente, Alfonso V de León y su esposa Elvira Menéndez habían engendrado una hija menor, Sancha, cuya relevancia y trascendencia en la historia de España es nuclear, siendo la primera de las dos mujeres decisivas citadas al inicio.

Tras la prematura muerte de su madre, a la pequeña Sancha le asignaron como madre nutricia a la gallega Fronilde, discurriendo su infancia en el monasterio gallego de Santo Estevo de Piadela y la adolescencia como domina o abadesa seglar del monasterio de San Juan y San Pelayo de la ciudad de León, disfrutando y gobernando el Infantado, dote de las princesas solteras leonesas.

En 1028 quedaba huérfana también de padre tras ser el rey Alfonso asaeteado en el cerco de Viseo, asumiendo la corona su hermano Bermudo de apenas once años. Aún más niño era García Sánchez cuando sucedió a su padre Sancho García en 1017 como conde Castilla reinando aún Alfonso V. Una Castilla que en 1028 sentía el aliento expansionista de su vecino occidental, el reino navarro del poderoso Sancho el Mayor que, por añadidura, estaba casado con Muniadona, hermana del joven conde castellano. En esta coyuntura, Castilla buscó la ayuda de los leoneses, proponiendo el matrimonio de su conde con Sancha, la hermana del monarca leonés y que el conde recibiese el título de rey. A ambas peticiones accedieron los leoneses: al matrimonio, porque era garantía, también para León, contra las amenazas del rey de Pamplona y a la pretensión de título real, porque León, en su categoría de imperio, necesitaba reinos feudatarios para sostener su preeminencia.

Acerca de cómo terminó esa no-boda leonesa está ya todo dicho, siendo la infanta Sancha «antes viuda que casada». Asesinado el conde García sin sucesión, el ambicioso rey de Navarra se adjudicó el condado de Castilla al socaire de ser el cuñado del finado, entregándole la titularidad formal a su hijo segundogénito, Fernando, aunque reservándose para sí el gobierno.

El siguiente paso fue, naturalmente, emparentar a la casa Jimena con la joven Sancha, y de esa manera, en 1032 se celebraron los esponsales recibiendo la novia como dote, real o aparente, las tierras entre los ríos Cea y Pisuerga, de tiempo atrás controvertidas entre León, Castilla y ahora también Navarra.

Libro de Horas de Fernando I y Sancha (Biblioteca de la Universidad de Santiago de Compostela, Fondo Reserva, Ms 609)

Libro de Horas de Fernando I y Sancha (Biblioteca de la Universidad de Santiago de Compostela, Fondo Reserva, Ms 609)

Fallecido Sancho III de Navarra en 1035, la brida pamplonesa que apretaba el reino leonés se aflojó, permitiendo a Bermudo III afianzar no sólo su autoridad real, sino también sus anhelos de recuperar las tierras incorporadas a Castilla y que figuraban como dote de su hermana Sancha, ahora reina de Castilla. De inmediato declaró la guerra a su cuñado Fernando, quien pidió ayuda a su hermano García, rey de Navarra. En los primeros días de septiembre de 1037, ambos contendientes se midieron en el valle que forman los arroyos Valdelar y Penillas, al norte de la localidad burgalesa de Tamarón. En lo más duro de la batalla, Bermudo arreó a su caballo y percutió en los escuadrones enemigos, muriendo traspasado a lanzadas.

Representación batalla Tamarón 2025
Representación batalla de Tamarón, Burgos

Bermudo había contraído matrimonio dos años antes con Jimena Sánchez, hija de Sancho III de Navarra y, por tanto, hermana de su rival en el campo de Tamarón. Fruto de su unión nació Alfonso, que falleció a los pocos días de nacer. Es decir, con Bermudo III se ponía fin a la dinastía astur-leonesa en el trono leonés.

Su doble cuñado Fernando reclamó para sí la Corona leonesa, ya que todos los derechos sucesorios recaían sobre su esposa Sancha, única heredera legítima. Los condes leoneses se opusieron a las pretensiones del pamplonés y, únicamente, por la intervención de Sancha, a quien en León siempre se la quiso y se la respetó, se abrieron las puertas de la capital a Fernando y a las mesnadas castellanas. Por fin, el 22 de junio de 1038, Fernando era ungido rey de León en la Catedral de Santa María. Nótese, por tanto, en el crucial rol de Sancha como nexo entre el extinto linaje astur-leonés y la nueva estirpe Jimena que se ceñía la corona leonesa, sin cuya intermediación, el hilo linajudo que llega hasta hoy se hubiese roto en apenas iniciado el siglo XI.

La segunda dama vertebradora del entronque de linajes que ininterrumpidamente conectan con Felipe VI nos obliga a dar un salto de seis siglos.


La infanta María Teresa de Austria (Velázquez, Kunsthistorisches Museum, Viena)

Carlos II, último de los reyes Habsburgo españoles, falleció el 1 de noviembre de 1700, a los 38 años sin descendencia de ninguna de sus dos esposas, María Luisa de Borbón-Orleans y Mariana de Neoburgo y dejando dicho en la cláusula 13º de su testamento:

«Reconociendo, conforme a diversas consultas de ministro de Estado y Justicia, que la razón en que se funda la renuncia de las señoras doña Ana y doña María Teresa, reinas de Francia, mi tía y mi hermana, a la sucesión de estos reinos, fue evitar el perjuicio de unirse a la Corona de Francia; y reconociendo que, viniendo a cesar este motivo fundamental, subsiste el derecho de la sucesión en el pariente más inmediato, conforme a las leyes de estos Reinos, y que hoy se verifica este caso en el hijo segundo del Delfín de Francia: por tanto, arreglándome a dichas leyes, declaro ser mi sucesor, en caso de que Dios me lleve sin dejar hijos, al Duque de Anjou, hijo segundo del Delfín, y como tal le llamo a la sucesión de todos mis Reinos y dominios, sin excepción de ninguna parte de ellos. Y mando y ordeno a todos mis súbditos y vasallos de todos mis Reinos y señoríos que en el caso referido de que Dios me lleve sin sucesión legítima le tengan y reconozcan por su rey y señor natural, y se le dé luego, y sin la menor dilación, la posesión actual, precediendo el juramento que debe hacer de observar las leyes, fueros y costumbres de dichos mis Reinos y señoríos.»


Carlos II de España (Carreño de Miranda, Kunsthistorisches Museum, Viena)

De nuevo la ausencia de sucesores abocando a una dinastía a desaparecer del trono español. De la misma forma que los cambios de Jimena a Trastámara y de ésta a los Habsburgo no supusieron riesgo de ruptura del cauce hereditario por ausencia de descendencia, sino por legitimidades discutidas, el tránsito de los Austrias a los Borbones sí que hubiera podido comprometer la línea del tiempo real si no hubiere existido la gurriata María Teresa de Austria, hija de Felipe IV y de Isabel de Borbón, medio hermana del rey Hechizado y reina consorte de Francia por su matrimonio con Luis XIV, enlace que formaba parte de la Paz de los Pirineos que pondría fin a los conflictos entre Francia y España, que duraban desde hacía casi un siglo. En las Capitulaciones constaba que la futura reina de Francia recibiría una dote de 500.000 escudos de oro, que se entregarían más tarde, a condición de que rechazase su derecho a la herencia al trono español. El matrimonio por procuración tuvo lugar en Fuenterrabía, el 3 de junio de 1660, celebrándose el enlace con los intervinientes el 9 de junio siguiente en la iglesia de San Juan de Luz.


Tapiz de la boda de Luis XIV y María Teresa de Austria (Charles Le Brun, Mobilier National de Paris)

Las crónicas hablan de que los primeros años de matrimonio entre los reyes fueron felices, ponderando el sincero enamoramiento del rey por la española, a la que no dejaba sola ni un solo instante. Asimismo, María Teresa pareció encontrar la felicidad en la corte francesa, sobre todo gracias a su suegra y al mismo tiempo tía, Ana de Austria, la hija mayor de Felipe III.

Sin embargo, a partir del nacimiento de su primer hijo, el Borbón comenzó a perder interés por su esposa y a mantener diferentes relaciones extramatrimoniales. La reina, informada de la deslealtad de su marido, aceptó con resignación y responsabilidad de estado los escarceos e incluso la intensa y duradera relación que éste mantuvo con la marquesa de Montespan.

María Teresa, salvo por una breve regencia en 1672, durante la campaña del rey contra Holanda, no desarrolló actividad política alguna. La reina tuvo seis hijos pero sólo sobrevivió Luis, el Gran Delfín.

En 1683, tras regresar a Versalles de un viaje por Borgoña y Alsacia, María Teresa enfermó repentinamente, agravándose su estado a causa de un absceso infectado en el brazo. Falleció en Versalles, el 30 de julio de ese año a los 44 años, siendo sepultada en la basílica de Saint-Denis. Según la princesa Palatine, la reina María Teresa confesó en su lecho de muerte que solo había conocido un día de auténtica felicidad.

Pues bien, esa doble vinculación borbónica de María Teresa, por madre y por esposo, permite vincular la interrumpida Casa de Austria del trono de El Escorial con la nueva estirpe reinante en La Granja de San Ildefonso y, de ese modo, mantener incólume la línea temporal iniciada en Bermudo el Diácono allá por el año 789. Y es que de la unión matrimonial del Gran Delfín con María Ana Victoria de Baviera en 1680 nació en Versalles tres años después Felipe, duque de Anjou nieto de María Teresa y, a la postre, primer Borbón en el trono español.


Felipe V (Louis-Michel van Loo, Museo del Prado)

En fin, de nuevo un escenario sin hijos, una infanta casadera y un negocio matrimonial mantuvieron la estabilidad de la corona española que así la ha permitido convertirse en la segunda dinastía reinante más longeva de la historia -interrumpida por regencias, reyes impuestos y elegidos, republicas y dictaduras- cuya trazabilidad se sitúa solo por detrás de la dinastía Yamato que, esta sí, de manera ininterrumpida, ocupa el trono imperial japonés desde el año 539.


Emblema imperial de Japón (Kikukamonshō)

El Autor

RAÚL C. CANCIO FERNÁNDEZ (Madrid, 1970). Licenciado en Derecho por la Universidad Autónoma de Madrid y Doctor por la Universidad Rey Juan Carlos. Miembro por oposición del Cuerpo Superior Jurídico de Letrados de la Administración de Justicia, desde el año 2003 está adscrito al Gabinete Técnico del Tribunal Supremo como Letrado del mismo, destino que compatibiliza con las funciones de analista en el Equipo de Análisis Jurisprudencial del CGPJ, Relator de jurisprudencia en la delegación española de la Asociación de Consejos de Estado y Jurisdicciones Supremas Administrativas de la Unión Europea y Observador Independiente del European Law Institute.

En julio de 2013 fue nombrado Académico Correspondiente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación. Miembro del Consejo de Redacción de la Revista Aranzadi Editorial, del panel de expertos de la Cátedra Paz, Seguridad y Defensa de la Universidad de Zaragoza y del portal divulgativo queaprendemoshoy.com, cuenta con una docena de libros editados como autor único, más veinte colectivos, y más de trescientos artículos publicados en revistas especializadas.

En cuanto a su labor docente, imparte anualmente el Practicum de la Facultad de Ciencias Jurídicas de la Universidad Carlos III, es Profesor Tutor del Máster de acceso a la Abogacía de la UNED, siendo ponente habitual en cursos y conferencias desarrolladas en el marco del Centro de Estudios Jurídicos de la Administración de Justicia.

Ha publicado también en este sitio web los artículos La behetría como negocio jurídico sinalagmático, El negocio jurídico diplomado y su relevancia en la historiografía condal, El siglo XII castellano: se cierra el círculo jurídico, Derecho fronterizo condal y crisis demográfica o cuando está ya todo inventado, A vueltas con la legitimación de los jueces: de Sepúlveda (1076) a Milledgeville (1812), Castilla: De condado a reino pero pasando por demarcación territorial de entidades locales, Los buenos y los malos fueros castellanos. Del Conde Sancho García al Rey Fernando II de Aragón, Testamentarías envenenadas. Las extraordinarias identidades en los repartos hereditarios del último conde de Castilla y del primer normando en el trono de Inglaterra, El (incierto) número regnal en la tradición castellana y angevina, ¿Por qué el infante Alfonso de la Cerda no se convirtió en el rey Ricardo II Plantagenet castellano?, Dos rosas castellanas en la génesis y resolución de los conflictos dinásticos inglés y castellano durante el siglo XV, El precedente judicial, antes castellano que anglosajón. La fazaña como creadora de derecho, Justicia maestral y reserva real en las órdenes militares hispánicas y Dos bodas y miles de funerales. Alianzas matrimoniales y génesis de los nuevos reinos en Inglaterra y Castilla durante el siglo XI y A vueltas con el regicidio zamorano, Laudos sin coerción: vinculación formal y eficacia política en el arbitraje medieval.