Situación en Al-Ándalus

Tras asentarse en las zonas conquistadas, los musulmanes procedieron al reparto de las tierras. El reparto no va a estar exento de rivalidades entre el mosaico de pueblos que había llegado a la península. Para estudiar el siguiente capítulo de la historia es preciso conocer un poco el complejo entramado tribal de los conquistadores, y saber que, dependiendo del califa o del gobernador de Ifriqiya (norte de África) unos clanes tenían más poder sobre otros en el reparto de las tierras conquistadas. Las tropas musulmanas eran en realidad de procedencia muy variada:

  • árabes, procedentes de la Península Arábiga, que se diferencian entre qaysíes o árabes del norte, y kalbíes o yemeníes por ser originarios del Yemen, al sur. A ambos grupos se les llamó en general árabes baladíes, “los primeros en llegar”. Posteriormente, en el 741, con Baly ben Bisr llegan a Al-Ándalus árabes sirios.
  • bereberes, procedentes del norte de África y poco dados a una autoridad supratribal.

En el momento de repartirse las tierras hispanas, los árabes recibieron, por norma general, las tierras más ricas y fértiles, sobre todo el grupo más influyente de los kalbíes; mientras, a los bereberes, se les otorgó las zonas más pobres, entre las cuales se encontraba la Meseta Norte.

 

La rebelión bereber (740-742)

En el 740 los bereberes se rebelan contra esta situación de desigualdad en el Magreb. El califa Hisham envió un potente ejército para combatirlos. En el 741 la revuelta se extiende por Al-Ándalus, siendo nuevamente valí ‘Abd al-Malik al-Fihrí (741). Ese año llega a la península Balch ben Bisr con tropas sirias tras haber sido derrotados por los bereberes en Fez. Pero no sólo no pudo acabar con la revuelta, sino que aportó un nuevo elemento de disputa tribal. Se proclamó valí (741) y se alió con los árabes baladíes contra los bereberes, derrotándolos en el 742 en la batalla de Aqua Portara. Con la victoria en su mano, inició una serie de incautaciones de tierras en favor de los sirios y en detrimento de los baladíes.

Muerto Balch (742), su sucesor Ta’ lama ben Salama continuó con la misma política hasta que los baladíes, al mando de Abu-l-Jattar al-Kalbí, derrotaron a los sirios. Abu-l-Jattar, se proclamó valí (743-745) y en vez de expulsar a los sirios, prefirió establecerles en territorios del sur y sureste peninsular.

La fitna (743-756)

Pero no acabaron aquí las revueltas. Ese mismo año del 743 se iniciaría la fitna, la guerra civil entre árabes. El jefe qaysí al-Sumayl se alió con grupos de kalbíes descontentos y combatió y apresó al emir Abu-l-Jattar (745), nombrando valíes bajo su tutela a Tawaba ben Salama (745-746) y a Yusuf al-Fihrí (746-756). En el 746 fue liberado Abu-l-Jattar y formó una gran alianza de kalbíes contra Yusuf y al-Sumayl. El enfrentamiento directo se produjo en Saqunda (747) ganando los qaysíes de Yusuf.

En el 750, Yusuf se quiso desembarazar de la tutela de al-Sumayl y lo envió como gobernador a la Marca Superior, a Zaragoza, zona de predominio kalbí. Entre los años 746 y 753 hubo grandes hambrunas en toda la península, pero al-Sumayl se mostró un excelente gobernador ayudando con su propio dinero a todos los musulmanes de la zona, sin importar su procedencia. Pasada la crisis de subsistencia, los kalbíes reaccionaron contra al-Sumayl y Yusuf, y aliándose con los bereberes les atacaron y sitiaron Zaragoza. Los qaysíes acudieron en ayuda de al-Sumayl y lograron levantar el sitio.

Mientras tanto, en Damasco era asesinado el último califa omeya y subían al poder los abásidas. La familia omeya fue totalmente exterminada salvo el príncipe ‘Abd al-Rahman, quien huyó hacia Al-Ándalus. Desembarcó en el 755 en Almuñecar, teniendo el apoyo de kalbíes y qaysíes. Pero, poco después, los qaysíes se pusieron en su contra y se enfrentaron a ‘Abd al-Rahman y sus aliados kalbíes en la batalla de al-Musara (Munda) en el 756, donde ‘Abd al-Rahman se alzó con la victoria. De esta forma acaba la dependencia de Al-Ándalus de Damasco, al menos en lo político, y se inicia el Emirato Omeya de Córdoba (15 de mayo).

La etapa de la guerra civil provocó un debilitamiento del poder musulmán que fue aprovechado tanto por los asturianos como por los francos para ampliar sus territorios. Los francos se apoderaron de parte de la Septimania en el 751, aunque Narbona resiste hasta el 759, y comenzaron a presionar en la frontera pirenaica intentando crear núcleos de rebelión bajo su influencia. Los asturianos, como ahora veremos, tampoco se quedaron atrás.

La acción guerrera de Alfonso I

Tras la muerte de Fáfila (739), los nobles eligieron como rey al hijo del duque cántabro Pedro: Alfonso I. En esta elección muchos historiadores quieren ver la influencia de las costumbres indígenas, más que visigodas, por la elección en línea matrilineal (es decir, el sucesor es el esposo de la hija de Pelayo y la hermana de Fáfila, quien no tuvo hijos).

Alfonso tuvo siempre el apoyo de su hermano Fruela, quien era llamado también rey y gobernaba las tierras cántabras. Tuvo que soportar una incursión musulmana al mando del valí Uqba en el 740, que arrasó posiciones fronterizas enemigas tanto asturianas (en Galicia y Álava) como vasconas (al norte de Pamplona).

Aprovechando la rebelión bereber del 741 y la posterior guerra civil árabe, Alfonso I extiende su reino. Su principal problema es la falta de recursos humanos para llevar a cabo la población de nuevos territorios, a pesar de la migración que se produjo en los inicios de la invasión musulmana hacia las montañas del norte.

Los bereberes abandonaron gran parte de sus posesiones en la Meseta Norte dejando unas pocas guarniciones. Los gallegos, apoyados por Alfonso I, se sublevan y derrotan a los musulmanes, que resistieron hasta el 750, refugiándose luego en Astorga y León. Poco después va a realizar una serie de razzias contra posiciones musulmanas con un doble objetivo: obtener botín y crear una franja desorganizada en torno al valle del Duero (“yermó los Campos Góticos”, dicen las crónicas). En el 753 ataca Astorga y León, donde se habían guarecido los musulmanes tras su derrota en Galicia, y en el 754 llega a saquear Coria y Mérida.

Según las crónicas, Alfonso I y su hermano Fruela expulsaron a los musulmanes de Saldaña, Simancas, Mave, Amaya, Álava, Oca, Miranda, Revenga, Cenicero, Alesanco, Clunia y Sepúlveda, llegando hasta Osma, Ávila, Sepúlveda y Segovia. De esta forma desmanteló las guarniciones musulmanas del valle del Duero, llevando numerosos pobladores desde la meseta a los territorios de las montañas del norte y formando una amplia zona desorganizada (que no completamente despoblada) entre su pequeño reino y la frontera musulmana, ahora situada en el Sistema Central por el sur, y en la Rioja por el este. Fruela murió en el 752 y Alfonso I en el 757.

Alfonso I va a ser el verdadero creador y organizador del reino asturiano. Va a dotar de una estructura a su reino siguiendo el ejemplo del reino visigodo. Aprovechando la coyuntura, entre el 753-757 “se pueblan Primorias, Liébana, Transmiera, Sopuerta, Carranza, Las Bardulias, que ahora se llaman Castilla, y la parte marítima de Galicia”. Con Primorias se refiere a la región sudoeste de Asturias, cerca de Cangas de Onís; en Liébana y Transmiera (actual Cantabria) y Sopuerta y Carranza (oeste de Vizcaya, hasta el río Nervión) se procedió a una organización del territorio y probablemente al reparto de tierra entre los recién llegados del sur. Y hubo una verdadera anexión de Galicia, y también de Las Bardulias y La Bureba.

Parece que Alaón (actual valle de Ayala), Orduña y Álava también pertenecían al reino de Alfonso I. Pero en esas tierras Alfonso I no hizo reparto de tierras, y por eso dice la crónica que “Alaón, Orduña y Álava fueron siempre propiedad de los que las habitaban”. Guipúzcoa y el norte de Navarra incluida Pamplona estaban nominalmente bajo soberanía de los duques de Aquitania.

 

Campañas de Alfonso I por la meseta norte

Campañas de Alfonso I por la meseta norte

Es posible que Alfonso I tratara de mantener su dominio sobre Las Bardulias y La Bureba. De todas formas, si esto ocurrió, fue de forma efímera y los asturianos tuvieron que replegarse de nuevo hacia las montañas tras las campañas de ‘Abd al-Rahman a partir del 765.

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