Situación en Al-Ándalus

Tras asentarse en las zonas conquistadas, los musulmanes procedieron al reparto de las tierras. El reparto no va a estar exento de rivalidades entre el mosaico de pueblos que había llegado a la península. Para estudiar el siguiente capítulo de la historia es preciso describir someramente el complejo entramado tribal de los conquistadores, y saber que, dependiendo del califa o del gobernador de Ifriqiya (norte de África) unos clanes tenían más poder sobre otros en el reparto de las tierras conquistadas. Las tropas musulmanas eran en realidad de procedencia muy variada:

  • árabes, procedentes de la Península Arábiga, que se diferencian entre qaysíes o árabes del norte, y kalbíes o yemeníes por ser originarios del Yemen, al sur. A ambos grupos se les llamó en general árabes baladíes, “los primeros en llegar”. Posteriormente, en el 741, con Baly ben Bisr llegan a Al-Ándalus contingentes árabes sirios.
  • bereberes, procedentes del norte de África y poco dados a una autoridad supratribal.

En el momento de repartirse las tierras hispanas, los árabes recibieron, por norma general, las tierras más ricas y fértiles, sobre todo el grupo más influyente de los kalbíes; mientras, a los bereberes, se les otorgó las zonas menos fértiles, entre las cuales se encontraba la Meseta Norte.

 

La rebelión bereber (739-742)

A inicios del año 739 la población bereber del Magreb, más concretamente la del entorno de Tánger y Sus, se rebela contra la situación desigual establecida por la élite gobernante árabe. En el 740 logran apoderarse de la ciudad de Tánger y al poco asesinan a su gobernador, Ismail ben ‘Ubayd Allah, hijo del valí de Ifriqiya ‘Ubayd Allah ben al-Habbab.Este valí trató de hacer frente a la rebelión con poco éxito. Finalmente tuvo que pedir auxilio al califa Hisham.

El califa nombró un nuevo valí, Kulthum, que viajó desde Damasco con un potente ejército de más de 30.000 jinetes árabes sirios y egipcios al que se unieron otros voluntarios en su camino hacia Kairuán, la capital del valiato de Ifriqiya. En total su ejército ascendía a 70.000 soldados.

Pero las tropas de Kulthum sufrieron una enorme derrota en la batalla de Baqdura (octubre 741). El propio Kulthum falleció allí y fue sucedido por su sobrino Balch ben Bisr. Este dirigió su contingente hacia Ceuta mientras que el resto retrocedió hasta Kairuán. Balch, asediado por los bereberes en Ceuta, pide ayuda a ‘Abd al-Malik al-Fihri, pero este les denegó la ayuda, quizás temiendo que les arrebataran su poder. 

 

La rebelión bereber en al-Andalus (741)

En al-Andalus, los árabes habían depuesto al valí ‘Uqba y nombran nuevamente al valí ‘Abd al-Malik al-Fihrí (741) y ese mismo año la revuelta se extiende por Al-Ándalus. Así lo cuenta en Ajbar Machmua:

«Sucedió, entre tanto, que los bereberes de al-Andalus, al saber el triunfo que los de Äfrica habían alcanzado contra los árabes y demás súbditos del Califa, se sublevaron en las comarcas de al-Andalus, y mataron o ahuyentaron a los árabes de Yilliqiya, Astorga y demás ciudades situadas más allá de las gargantas de la Sierra de Guadarrama, sin que Ibn Qatan tuviese la menor sospecha de lo que sucedía hasta que se le presentaron los fugitivos. Todos los árabes de los extremos del norte de la península fueron impelidos hacia el centro, a excepción de los que habitaban en Zaragoza y sus distritos, porque allí eran más numerosos que los bereberes, y no podían estos acometerles. Derrotaron a los cuerpos de ejército que ‘Abd al-Malik mandó contra ellos, y mataron a los árabes en varias comarcas».

Ante esta nueva situación ‘Abd al-Malik decide cambiar de opinión y autorizar el paso del contingente sirio de Balch ben Bisr a al-Andalus, unos diez mil hombres, conocidos como la Suerte de Balch. Pero antes se cuidó de firmar un pacto de entrega de rehenes para que, en cuanto acabasen con la revuelta bereber en al-Andalus, se volvieran a Ifriqiya. Los rehenes fueron recluidos en la isla de Umm Hakim (Algeciras).

Los bereberes andalusíes se congregaron entonces para combatir a los árabes. Un contingente se dirigió hacia Toledo; otra contra ‘Abd al-Malik, en Córdoba; y el tercero contra Algeciras. Umayya y Qatan, hijos de ‘Abd al-Malik, derrotaron a los bereberes en Toledo, sobre las aguas del río Guazalete (Wadi Salit). Otro ejército árabe, comandado por Almuzar, logró desviar al los que iban contra Córdoba. El tercero fue derrotado por Balch ben Bisr en la batalla del Wadi-l-Fath (río Barbate, cercanías de Medina Sidonia). De este modo fue sofocada la rebelión bereber aunque anidó el odio entre ambos pueblos desde entonces.

 

La guerra civil entre los árabes (741-743)

La llegada de los sirios aportó un nuevo elemento de disputa tribal. Tras la derrotas de los bereberes, ‘Abd al-Malik al-Fihri exigió la salida de Balch ben Bisr a través de Algeciras, lo que les exponía a los ataques de los bereberes del Magreb. Los sirios se rebelaron y expulsaron a ‘Abd al-Malik del alcázar de Córdoba y proclamaron valí a Balch ben Bisr.Al poco el antiguo valí ‘Abd al-Malik fue ejecutado en Córdoba.

Entonces los hijos de ‘Abd al-Malik al-Fihri, Umayya y Qatan, reunieron un ejército en Narbona, apoyado por su gobernador ‘Abd al-Rahman ben Uqba al-Lajmí, nombrado por su padre, compuesto por baladíes y bereberes, así con otros sirios que se oponían a Balch. El ejército se encaminó hacia Córdoba y a unas 24 millas de Córdoba, en Aqua Portara (Aqwah Burtura) entablaron combate con las tropas sirias de Balch (742). 

Balch se hizo con la victoria pero quedó muy malherido y falleció a los pocos días. Muerto Balch (742), su sucesor Ta’ lama ben Salama inició una serie de incautaciones de tierras en favor de los sirios y en detrimento de los baladíes. Los combates no se detuvieron. En su corto gobierno, cinco meses, Ta’lama logró derrotar a la coalición de bereberes y baladíes en Mérida, a fines del 742.

Mientras tanto, los baladíes entablaron conversaciones con el gobernador de Ifriqiya, Handhala ben Safwan, quien había logrado sofocar la rebelión bereber en el norte de África (742) tras la batalla de El-Asnam, con el objetivo de resolver la situación que les enfrentaba con los sirios recién llegados. Handhala envió a Abu-l-Jattar para resolver la disputa.

Pero éste, en marzo del 743, destituyó a Ta’laba y se proclamó valí y decretó la amnistía de los bereberes cautivos. Por otro lado, en vez de expulsar a los sirios, prefirió establecerles en territorios del sur y sureste peninsular. Así lo cuenta el Ajbar Machmua:

«Era Abu-l-Jattar un noble sirio, natural de Damasco, y todos le atendieron y prestaron obediencia, sirios y baladíes. Dio libertad a los prisioneros y cautivos, llamándose por esta causa su ejército el de la salvación, y aunándose todas las voluntades. Huyeron Ta’lama ben Salama, ‘Utman ben Abi Nis’a y otros diez personajes sirios, amnistió a los hijos de ‘Abd al-Malik ben Qatan, y acomodando a los sirios en las diferentes comarcas, se aquietó el estado de al-Andalus.»

 

Enfrentamientos entre kalbíes y qaysíes (745-755)

Pero no acabaron aquí las revueltas. Poco tiempo después, en el 745 se iniciaría el conflicto entre árabes qaysíes y kalbíes. Según las crónicas, Abu-l-Jattar demostró su favor hacía los yemeníes o kalbíes y provocó el descontento de los qaysíes.

El detonante fue una supuesta humillación de Abu-l-Jattar hacía el jefe qaysí al-Sumayl. al-Sumayl se alió con grupos de kalbíes descontentos y combatió y apresó al emir Abu-l-Jattar (745) en una batalla sobre el río Guadalete, en las cercanías de Medina Sidonia. Al-Sumayl nombró valí a su principal apoyo: Tawaba ben Salama (745-746).

En el 746 logró huir Abu-l-Jattar hacia el Algarve y formó una gran alianza de kalbíes contra Tawaba y al-Sumayl pero fue derrotado en las cercanías de Córdoba. Tawaba fallece poco después y tras unos meses sin valí al-Sumayl nombra a Yusuf al-Fihrí (746-756), aparentemente tras un acuerdo con los kalbíes de que al año siguiente uno de los suyos sería nombrado valí.

Pero la calma duró poco y de nuevo se produjo un enfrentamiento directo entre ambos grupos, en la batalla de Saqunda (747) ganando los qaysíes de Yusuf y donde falleció Abu-l-Jattar.

En el 750, Yusuf se quiso desembarazar de la tutela de al-Sumayl y lo envió como gobernador a la Marca Superior, a Zaragoza, zona de predominio kalbí. Entre los años 746 y 753 hubo grandes hambrunas en toda la península, pero al-Sumayl se mostró un excelente gobernador ayudando con su propio dinero a todos los musulmanes de la zona, sin importar su procedencia. 

Pasada la crisis de subsistencia, los kalbíes reaccionaron contra al-Sumayl y Yusuf, y aliándose con los bereberes les atacaron y sitiaron Zaragoza. Los qaysíes acudieron en ayuda de al-Sumayl y lograron levantar el sitio (754).

‘Abd al-Rahman I desembarca en al-Andalus (755-756)

Mientras tanto, en Damasco era asesinado Marwan II, el último califa omeya (750) y subían al poder los abásidas. La familia omeya fue totalmente exterminada salvo el príncipe ‘Abd al-Rahman, quien huyó hacia Al-Ándalus. Desembarcó en el 755 en Almuñecar, teniendo el apoyo de kalbíes y qaysíes. Pero, poco después, los qaysíes se pusieron en su contra y se enfrentaron a ‘Abd al-Rahman y sus aliados kalbíes en la batalla de al-Musara (Munda) en el 756, donde ‘Abd al-Rahman se alzó con la victoria. De esta forma acaba la dependencia de Al-Ándalus de Damasco, al menos en lo político, y se inicia el Emirato Omeya de Córdoba (15 de mayo).

La etapa de enfrentamientos entre los árabes provocó un debilitamiento del poder musulmán que fue aprovechado tanto por los asturianos como por los francos para ampliar sus territorios. Los francos se apoderaron de parte de la Septimania en el 751, aunque Narbona resiste hasta el 759, y comenzaron a presionar en la frontera pirenaica intentando crear núcleos de rebelión bajo su influencia. Los núcleos de resistencia cantábricos, como ahora veremos, tampoco se quedaron atrás.

 

La acción guerrera de Alfonso I

Tras la muerte de Fáfila (739), los nobles eligieron como rey al hijo del duque cántabro Pedro: Alfonso I. En esta elección muchos historiadores quieren ver la influencia de las costumbres indígenas, más que visigodas, por la elección en línea matrilineal (es decir, el sucesor es el esposo de la hija de Pelayo y la hermana de Fáfila, quien no tuvo hijos). Sin embargo, pensamos que este matrimonio es más bien el instrumento utilizado para unir los dos puntos de resistencia cantábricos: el ducado de Cantabria y la zona de la rebelión de Pelayo en la actual Asturias.

Alfonso tuvo siempre el apoyo de su hermano Fruela, quien era llamado también rey y gobernaba las tierras del ducado de Cantabria.

 

Incorporación de Galicia y actuaciones contra la Meseta Norte

Aprovechando la rebelión bereber del 741 y la posterior guerra civil árabe, Alfonso I extiende su territorio. Su principal problema es la falta de recursos humanos para llevar a cabo la población de nuevos territorios, a pesar de la migración que se produjo en los inicios de la invasión musulmana hacia las montañas del norte.

Tras la rebelión bereber muchos árabes habían abandonado la Meseta Norte (751). Por otro lado, existe un factor climático que no se puede despreciar y que ha sido transmitido por la crónicas musulmanas y francas. Entre los años 748 y 752 hubo un fuerte período de sequía que conllevó hambrunas y pestes. Muchos bereberes abandonaron gran parte de sus posesiones en la Meseta Norte dejando únicamente unas pocas guarniciones en las ciudades más importantes o más defendibles. De forma coincidente pero no casual las crónicas musulmanas dan noticias de movimientos bélicos de los cristianos del norte:

El Ajbar Machmua, refiriéndose a este período:

«En el año 133 fueron vencidos y arrojados de Yilliqiyya, volviéndose a hacer cristianos todos aquellos que estaban dudosos de su religión, y dejando de pagar tributos. De los restantes, unos fueron muertos y otros huyeron tras de los montes hacia Astorga.

Pero cuando el hambre cundió, arrojaron también a los musulmanes de Astorga y otras poblaciones, y se fueron replegando detrás de las gargantas de la otra cordillera, y hacia Coria y Mérida, en el año 136. Siguió apretando el hambre, y la gente de al-Andalus salió en busca de víveres para Tánger, Asila y el Rif bereber[…]»

En este contexto los gallegos, apoyados por Alfonso I, se sublevan y derrotan a los musulmanes, que resistieron hasta el 750, refugiándose luego en Astorga y León. Poco después va a realizar una serie de razzias contra posiciones musulmanas con un doble objetivo: obtener botín y crear una franja desorganizada en torno al valle del Duero (“yermó los Campos Góticos”, dicen las crónicas). En el 753/754 ataca Astorga y León, donde se habían guarecido los musulmanes tras su derrota en Galicia, y en el 754 llega a saquear Coria y Mérida.

Según las crónicas asturianas, Alfonso I y su hermano Fruela expulsaron a los musulmanes de Saldaña, Simancas, Mave, Amaya, Álava, Oca, Miranda, Revenga, Cenicero, Alesanco, Clunia y Sepúlveda, llegando hasta Osma, Ávila, Sepúlveda y Segovia. De esta forma desmanteló todas las guarniciones musulmanas del valle del Duero, llevando numerosos pobladores desde la meseta a los territorios de las montañas del norte y formando una amplia zona desorganizada (que no completamente despoblada) entre su pequeño reino y la frontera musulmana, ahora situada en el Sistema Central por el sur, y en la Rioja por el este. Fruela murió en el 752 y Alfonso I en el 757.

 

El verdadero inicio del reino de Asturias

Alfonso I va a ser el verdadero creador y organizador del reino asturiano. Va a dotar de una estructura a su reino siguiendo el ejemplo del reino visigodo. Aprovechando la coyuntura, entre el 753-757 «se pueblan Primorias, Liébana, Transmiera, Sopuerta, Carranza, Las Bardulias, que ahora se llaman Castilla, y la parte marítima de Galicia». Con Primorias se refiere a la región sudoeste de Asturias, cerca de Cangas de Onís; en Liébana y Transmiera (comarcas de la actual Cantabria) y Sopuerta y Carranza (oeste de Vizcaya, hasta el río Nervión) se procedió a una organización del territorio y probablemente al reparto de tierra entre los recién llegados del sur. Y hubo una verdadera anexión de Galicia, y también de Las Bardulias y La Bureba.

Parece que Alaón (actual valle de Ayala), Orduña y Álava también pertenecían al reino de Alfonso I, seguramente porque eran parte integrante del ducado de Cantabria. Pero en esas tierras Alfonso I no hizo reparto de tierras, y por eso dice la crónica que «Alaón, Orduña y Álava fueron siempre propiedad de los que las habitaban».

Guipúzcoa y el norte de Navarra incluida Pamplona es posible que en este momento estuvieran nominalmente bajo soberanía de los duques de Aquitania, dentro del reino franco. Esta zona fue siempre un punto de fricción entre los reinos visigodo y franco.

 

Campañas de Alfonso I por la meseta norte

Campañas de Alfonso I por la meseta norte

Es posible que Alfonso I tratara de mantener su dominio sobre Las Bardulias y La Bureba. De todas formas, si esto ocurrió, fue de forma efímera y los asturianos tuvieron que replegarse de nuevo hacia las montañas tras las campañas de ‘Abd al-Rahman a partir del 765.

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