La Edad Media de la Península Ibérica va a discurrir de forma muy diferente a la del resto de Europa Occidental. El reino visigodo había logrado unificar toda la península a fines del siglo VII. Pero la lucha entre facciones nobiliarias y el sistema de elección del monarca van a debilitarlo, hasta tal extremo, que no pudo hacer frente a la invasión musulmana que se inició el 711.

La fe musulmana había surgido en Arabia a principios del siglo VII. Rápidamente se extendió por Oriente Próximo y el norte de África a costa del Imperio Bizantino. Hacia el 690 el califa, con sede en Damasco, ya dominaba casi todo el norte de África (Ifriqiya) y el Islam había sido acogido por los bereberes, la población mayoritaria de ese territorio.

El fin del gobierno de rey visigodo Witiza no es un hecho completamente esclarecido. No se sabe con certeza si murió por causas naturales o fue asesinado durante una sublevación. Incluso, aunque tradicionalmente se asigna la fecha de fin de reinado el 710, otras fuentes, como la Crónica Mozárabe, lo retrasan al 711. Lo único cierto es que, tras su muerte, acontece una lucha por la sucesión que resquebrajó la estabilidad del reino visigodo. Supuestamente un bando (¿los witizanos?) eligieron rey a Agila II (aunque se ha supuesto hijo o familiar de Witiza, no existe ningún dato cierto para demostrarlo); la facción opositora apoyó a Rodrigo o Roderico. Rodrigo rápidamente se hizo con el control de la mayor parte del reino y fue coronado en Toledo, mientras Agila II dominaba en el valle del Ebro, la actual Cataluña y Septimania.

Así estaban las cosas cuando uno de los dos bandos, con casi toda probabilidad el que apoyaba a Agila II, llamó en su ayuda a los ejércitos musulmanes del norte de África, a través del gobernador visigodo de Ceuta y Tánger, el conde Julián (YulyanBulyan en las fuentes árabes), enemigo del rey Rodrigo.

La consecuencia final de esta intervención fue la desaparición del reino visigodo y la incorporación de prácticamente la totalidad de la antigua Hispania al califato musulmán, en un principio dependiente de Damasco pero que, poco después, se independizaría con la familia Omeya. El emirato mantendrá durante años la supremacía en la península Ibérica, solo contestada por pequeños núcleos cristianos surgidos al cobijo de las montañas del norte.

Desaparición del reino Visigodo (711-725)

La primera incursión musulmana contra la Península Ibérica ocurrió el 710. Tarif ben Malik y un ejército de unos 500 efectivos atravesó el estrecho de Gibraltar. Desembarcaron en la actual Tarifa (cuyo nombre procede de Tarif), saquearon la bahía de Algeciras y se hicieron con un importante botín. Este éxito inicial animó al gobernador de la provincia musulmana de Ifriquiya (actual Magreb), Musà, a preparar a una incursión de mayor importancia.

Un nuevo contingente de fuerzas musulmanas desembarcó en la Península Ibérica en el 711, se supone que con el objetivo de ayudar al rey Agila II en el enfrentamiento que sostenía contra el rey Rodrigo. Aprovecharon la sublevación vascona en las cercanías de Pamplona y que Rodrigo había acudido a sofocarla. Los musulmanes se hicieron fuertes y, a pesar de que las tropas de Rodrigo eran superiores en número, fueron derrotadas en la batalla de Waddi Lakka o  del río Guadalete (19 al 26 de julio). Puede que allí también falleciera Rodrigo (otras fuentes dicen que se refugió en la localidad portuguesa de Viseo y allí está enterrado). Los musulmanes, en vez de retirarse, vieron la oportunidad de expandir aún más su imperio e iniciaron la conquista del reino visigodo.

El jefe de las tropas musulmanas, Táriq ben Ziyad se dirigió entonces a Medina Sidonia y Carmona, ciudades que tomó a la fuerza. Siguió por Sevilla, con cuya población firmó un pacto, y Écija, a la que asedió y que finalmente capituló. Desde este lugar, el ejército se dividió en cuatro ramas «una parte a Elvira, otra a Rayya, otra a Córdoba y otra a Tudmir […] comarcas éstas que, en su mayoría, fueron conquistadas pacíficamente»1. Mientras tanto, Táriq se dirigió hacia Toledo. La capital visigoda se rinde sin oponer resistencia, probablemente el 11 de noviembre del 711, y Táriq se hace con tesoro real visigodo.

 

Incursión de Táriq en la cuenca del río Duero y conquista de Amaya

Táriq prosigue su itinerario por la Meseta Norte (ver mapa siguiente). Tras pasar por Guadalajara cruza el Sistema Central por el puerto de montaña de Fayy Tarik (que puede ser el actual puerto de Somosierra, que desde el siglo XII se denomina Fayy Sarrat, o bien estar situado entre Sigüenza y Tiermes). Allí toma una ciudad denominada Madinat Almeida (La Ciudad de la Mesa) donde habría encontrado parte del tesoro real visigodo, suceso que daría lugar a multitud de leyendas protagonizadas, generalmente, por la legendaria Mesa de Salomón.  Según el Ajbar Machmua y otras crónicas musulmanas, Tariq continuó hacia la capital del ducado visigodo de Cantabria: Amaya.2 En Amaya se había refugiado una gran multitud, y aunque inicialmente se resistió, acabó siendo tomada por hambre entre fines del 711 y comienzos del 712. Desde aquí se dirigió hacia los Campos Góticos (Tierra de Campos) y Astorga, la capital del ducado Asturicense.

Es imposible determinar la ruta exacta de esta primera incursión musulmana por la cuenca del río Duero pues ninguna fuente histórica ha realizado una descripción detallada de la misma. Podemos conjeturar algún itinerario siguiendo las principales calzadas romanas, los caminos que aún en el siglo VIII se seguían utilizando para los grandes desplazamientos, pues eran los que mejor acondicionados estaban. Martínez Díez3 supone que Táriq siguió un camino de origen romano que desde Somosierra pasaba por Sepúlveda, Valdezate, Roa, Tordómar, despoblado de Talamanca, Pampliega, Castrojeriz y Sasamón aunque esta no era una de la vías romanas principales. Por eso es también posible hacer la conjetura de que desde Guadalajara las tropas de Táriq continuaron hacia Tiermes, Osma, Clunia y desde aquí hacia Sasamón. Una vez conquistada Amaya, seguirían la calzada o via Aquitana para recorrer los Campos Góticos y llegar por Camala (Sahagún) y Lancia hasta Astorga.

En el ramadán del año 93 (junio-julio 712) Musà ben Nusayr, gobernador de Ifriqiya (norte de África), desembarca con 18.000 hombres cerca de Cádiz ocupando Qal’at Ra’wan (¿Alcalá del Río?) y Ocsonoba (Huelva). A continuación, tras ordenar el sitio de Mérida, capital del ducado de Lusitania, que duró 14 meses, se dirigió hacia a Toledo. Posiblemente ya en el 713, Musà y Táriq se encuentran en Toledo. Tras recibir el informe de su subordinado, en una tensa reunión, acordaron iniciar nuevas expediciones. Mientras, ‘Abd al-Aziz, hijo de Musà, se hizo con el control del resto de la provincia Cartaginense tras firmar un pacto de autonomía con el conde visigodo Teodomiro (713).

Ya en el 714, ambos se encaminaron a la conquista de Medinaceli y Zaragoza; Musà siguió con Táriq hasta Zaragoza. En esta ciudad se separaron. Táriq se dirigió hacia Tarragona y posiblemente luego hacia Huesca. Musà siguió hacia Pamplona, consiguiendo su capitulación. También obtuvo la sumisión del jefe visigodo Fortún hijo de Casio, fundador de la importante familia muladí de los Banu Qasí. Continuó siguiendo la Vía Aquitana y llegó a Varea (Logroño) y desde ahí, pasando por Sasamón y Astorga fue en dirección a Galicia y Asturias. Estando en Lugo, recibió la noticia de que tenía que viajar a Damasco por orden del califa al-Walid. Posiblemente también ocupó Viseo en su camino de regreso, camino por el que pasó por un puerto de montaña que se llamó Fayy Musà (no identificado).

 

El paso de las tropas musulmanas por el valle del Duero no fue la acción de un simple saqueo. Los musulmanes dejaron tropas en las ciudades más importantes y en las fortalezas más estratégicas y dejaron contingentes suficientes para asegurarse la seguridad de los nuevos territorios.  La mayor parte del territorio se sometió voluntariamente por lo que sus habitantes conservaron la propiedad de sus tierras a cambio del pago de tributos.

Si las tropas árabes habían cruzado llamadas por los partidarios de Agila II, los musulmanes, al ver la rapidez y sencillez de la conquista y los botines obtenidos, no dejaron recuperar el trono a Agila. Se le ofreció una serie de territorios en el valle del Ebro pero el pacto parece que no fue aceptado. Entonces  batallaron en el valle del Ebro contra él. Posiblemente en una de estas luchas en el 713 o 714 muriera Agila II. En los territorios de la Tarraconense y la Septimania aún no dominados por los musulmanes, se eligió entonces un nuevo rey visigodo de nombre Ardón o Ardo.

 

‘Abd al-Aziz ben Musà (714-716)

En el verano del 714, Musà y Táriq fueron llamados por el califa de Damasco, al-Walid. ‘Abd al-Aziz, hijo de Musà, se queda con el encargo de completar la conquista. La situación en esta fecha es la siguiente: los musulmanes habían conquistado la mayor parte del reino visigodo salvo el Alto Aragón, el norte de la actual Cataluña, Septimania, sur de Portugal y parte del Levante, así como las zonas más montañosas del ducado de Cantabria. ‘Abd al-Aziz conquista las ciudades lusitanas de Évora, Santarem y Coimbra; luego consolida el dominio de Andalucía oriental; continuó por el Levante y Pamplona, realizando campañas en Cataluña.

‘Abd al-Aziz traspasa la capital del valiato (el territorio gobernado por un valí o gobernador) a Sevilla y se casa con la viuda del rey Rodrigo: Egilona. Es asesinado en febrero del 716. Según unas fuentes por orden del califa Sulaymán; siguiendo a otras, por su propio ejército ante la actitud condescendiente mostrada ante los cristianos debido a la influencia de su mujer. A su muerte únicamente algunas zonas de la costa cantábrica occidental, ciertos valles pirenaicos, el norte de Cataluña y la Septimania escapaban al control musulmán.

 

Los valíes Ayyub (716), al-Hurr (716-719) y al-Samh (719-721)

‘Abd al-Aziz es sucedido como gobernador por su primo Ayyub durante seis meses, hasta la llegada del nuevo delegado del emir de Kairuán (capital musulmana Ifriqiya). Éste era al-Hurr y llegó el 25 de agosto del 716 con cerca de 400 notables para que se encargaran de la administración de al-Ándalus, como se empezó a llamar a los nuevos territorios conquistados.

al-Hurr trasladó la capital a Córdoba (717), implantó las leyes del Islam y realizó expediciones a los territorios aún no conquistados del Alto Aragón y Vasconia. Fue destituido en el 719 y sucedido por al-Samh, valí nombrado directamente por el califa y con gobierno independiente de Ifriqiya. al-Samh fue quién procedió a la organización fiscal y al reparto de tierras. Tomó Barcelona y Narbona y murió mientras sitiaba Toulouse en junio del 721.

 

‘Abd al-Rahman al-Gafiki (721) y  ‘Anbasa ben Suhaym al-Khalbi (721-725): la conquista total del reino visigodo

Su sucesor ‘Abd al-Rahman al-Gafikí duró unos pocos meses en el cargo hasta la llegada, en agosto, del nuevo gobernador: ‘Anbasa ben Suhaym al-Khalbí. Se apoderó de Carcasona y Nimes (725) conquistando así la totalidad del territorio del reino visigodo. Desde esta última ciudad realizó campañas por los valles del Ródano penetrando en Borgoña en agosto del 725. Murió cuando retornaba de esa campaña.

Por lo tanto, bajo el gobierno de ‘Anbasa desaparecieron los últimos restos del reino visigodo. Los musulmanes eran dueños de la práctica totalidad de la Península Ibérica y además amenazaban a un debilitado reino franco. Pero justo durante su mandato surge el primer núcleo de resistencia a la invasión. Así lo cuenta la crónica Fath Al-Andalus: «En tiempos de ‘Anbasa, un bárbaro perverso, uno de sus nobles, de nombre Balaya ben Fafila, se sublevó en tierras de Yilliqiya contra los árabes que dominaban los confines de esta región, expulsándolos de allí.»

Los musulmanes dejaron numerosas guarniciones en todos los territorios conquistados. En la zona de nuestro estudio, se situaron en Pallantia (Palencia), Amaya, Pancorbo y varias fortalezas en el curso de los ríos Tirón y Oca para asegurar el paso hacia Vasconia.

 

Inicios de la resistencia cantábrica (722 – 739)

La resistencia en las montañas de la cordillera Cantábrica surgió en dos núcleos alrededor de los Picos de Europa, zonas de difícil acceso y con menor interés económico para el gobierno musulmán: el núcleo astur y el núcleo cántabro.

El núcleo astur. Los astures tardaron en ser dominados por los visigodos. Igualmente parece que tampoco fueron muy sumisos al poder musulmán. Pero no fue hasta la llegada de un noble de la corte visigoda, Pelayo, cuando se organizó un foco de rebelión. 

Pelayo fue probablemente un miembro de la guardia real del rey visigodo Rodrigo. Tras ser capturado por los musulmanes, se escapó de su prisión en Córdoba (717) y huyó hacia las montañas del norte. Allí se ganó la confianza de las gentes astures y fue proclamado caudillo en el 718. Se suceden a partir de entonces una serie de desórdenes que llevan al valí al-Hurr a enviar a su lugarteniente, al-Kama, al frente de una expedición de castigo. Pelayo sufrió graves pérdidas, pero las tropas musulmanas se extraviaron a su regreso por las gargantas de los Picos de Europa. Mientras tanto los hombres de Pelayo se habían hecho fuertes en la cueva de Covadonga que domina el desfiladero del río Deva. Cuando las tropas musulmanas pasaron por allí fueron emboscadas por los astures y sufrieron cuantiosas pérdidas. Es ésta la famosa batalla de Covadonga (28 de mayo 722), que aunque no fue muy importante para los historiadores árabes, si lo fue para las crónicas medievales cristianas, ya que era la primera vez que los musulmanes eran derrotados.

Poco después, el gobernador musulmán de la región, Munuza, abandona su base de Gijón y es derrotado en la batalla de Olalíes (¿Valdolayés?, ¿Proaza?). Pelayo fijó la capital de su reducido territorio en Cangas de Onís y se dedicó a consolidar su naciente monarquía. Murió en el 737 y fue sucedido por su hijo Fáfila, quien murió al ser atacado por un oso en el 739.

El núcleo cántabro. El ducado visigodo de Cantabria era gobernado en el momento de la llegada de los musulmanes por el conde Pedro, con posible residencia en Tritium (Tricio) y fortalezas en Amaya, Victoriacum (Vitoria) y Sierra de Cantabria (La Rioja).

Tras la invasión, y la pérdida de Amaya, abandonó las tierras más llanas de las actuales provincias de La Rioja, Álava y Burgos, retirándose a la zona más montañosa de su territorio. Desde este refugio ayudó militarmente a Pelayo en su rebeldía y le apoyó en su elección como caudillo. Como muestra de su alianza, envió a su hijo Alfonso (el posterior Alfonso I) a la corte en Cangas de Onís y allí se casó con la hija de Pelayo, Ermesinda.

De todas formas, a pesar del reconocimiento de Pelayo, durante años hubo una cierta diferenciación entre los núcleos astur y cántabro, de ahí que, más adelante, gobernará Alfonso I en Asturias junto con su hermano “el rey Fruela” en Cantabria.

 

Los valíes de Al-Ándalus (725-740)

Mientras tanto, los musulmanes estaban más interesados en conquistar el sur del reino franco. Tras la muerte del valí ‘Anbasa en el 726, le sucedieron en el cargo, de forma efímera, ‘Udhra ben ‘Abd Allah al-Fihrí (726), Yahya ben Salama al-Kalbí (726-728), Hudhaifa ben al-Ahwas al-Qaysí (728), Uthman al-Jatamí (728-729), al-Haytham ben Ubaydal-Kital (729-730) y Muhammad al-Ashchaí (730).

Pero es cuando de nuevo ‘Abd al-Rahman al-Gafikí vuelve al cargo (ya lo había desempeñado en el 721) cuando se produce la campaña de mayor resonancia contra los francos. Saliendo de Zaragoza, por Pamplona y Roncesvalles, saquea Burdeos, Tours y se dirige hacia Poitiers. Pero a unos 20 km. de esa ciudad le sale al frente el mayordomo de los francos, Carlos Martel quien derrota a los árabes completamente y mata al valí (octubre del 732) en la llamada batalla de Poitiers. A partir de entonces, los musulmanes desisten de continuar la conquista del territorio franco y se repliegan a la zona de Narbona, que permanecerá en poder musulmán hasta su conquista por los francos en el 751.

Dos nuevos gobernadores se suceden en el emirato: ‘Abd al-Malik al-Fihrí (732-734) y Uqba ben al-Hachchach al-Saluli (734-740). Este último realizó una nueva razzia en territorio asturiano, saqueando Cangas de Onís (735). Fue depuesto por el antiguo valí ‘Abd al-Malik al-Fihrí aprovechando la revuelta bereber y la llegada de un ejército sirio enviado por el califa Hisham.

Situación del núcleo cristiano cantábrico en torno al año 740

Situación del núcleo cristiano cantábrico en torno al año 740

La situación en el 740 se muestra en la figura anterior. El reino de Asturias se extendía entre el mar y la cordillera Cantábrica hasta el río Eo por el oeste y por el este lindaba con territorios vascones. La zona de las actuales Vizcaya y Álava, el origen de condado de Álava, parece que estaban bajo influencia asturiana seguramente al mantenerse dentro de la jurisdicción militar del duque Pedro y luego sus hijos. Los vascones de Guipúzcoa y norte de Navarra parece que tenían pactos con los duques de Aquitania aunque en la práctica no estaban sometidos.

Siguiente


1 Este el itinerario que se refleja en la crónica Fath al-Andalus, La conquista de al-Andalus. Siguiendo al historiador andalusí al-Sulami. Elvira es la zona de Granada; Rayya, Málaga; Tudmir, el territorio al mando del conde visigodo Teodomiro, en el sur de Alicante y Murcia. Penelas, Mayte: Traducción de La conquista de Al-Andalus. Fuentes Arábico-Hispanas, 28. CSIC, pp. 15-16.

2 «Llegó [Tarik] después a la ciudad de Amaya donde encontró alhajas y riquezas […]» refiriéndose al año 93 (19 octubre 710 al 7 octubre del 712) de la hégira. Ajbar Machmua, trad. Emilio Lafuente Alcántara, Madrid, 1867, pp. 27-28.

3 Martínez Díez, Gonzalo: El condado de Castilla (711-1030). La historia frente a la leyenda. Tomo I, pág. 44. Ed. Marcial Pons, 2005.

4 Ni la Crónica mozárabe del 754 ni las Crónicas Asturianas mencionan a Agila II o a Ardón. Sólo aparecen en algunas versiones manuscritas del Laterculus regnus visigothorum, también llamada Chronica regum Visigothorum. En concreto, la Continuatio codicis C Paricis 4667, en un manuscrito del siglo XII, indica que a Witiza lo sucedió Agila II y reinó tres años (710-713). Es sucedido por Ardón, que reinó 7 años (713-720).