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Romances sobre Fernán González

por Javier Iglesia Aparicio
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Romances de Fernán González

Crianza de Fernán González

En Castilla no había rey, ni menos emperador,
sino un infante niño, (niño) y de poco valor;
andábanlo por hurtar caballeros de Aragón.
Hurtado le ha un carbonero de los que hacen carbón.
No le muestra a cortar leña, ni menos hacer carbón,
muéstrale a jugar las cañas y muéstrale justador,
también a jugar los dados y las tablas muy mejor.
—Vámonos, dice, mi ayo, a mis tierras de Aragón;
a mí me alzarán por rey y a vos por gobernador.

Castellanos y leoneses

Castellanos y leoneses tienen grandes divisiones,
el conde Fernán González y el buen rey don Sancho Ordóñez;
sobre el partir de las tierras, ahí pasan malas razones:
llamábanse de hi-de-putas, hijos de padres traidores;
echan mano a las espadas, derriban ricos mantones.
No les pueden poner tregua cuantos en la corte sone;
pónenselas dos frailes, aquesos benditos monjes,
que el uno es tío del rey, el otro hermano del conde.
Pónenlas por quince días, que no pueden por más, no,
que se vayan a los prados que dicen de Carrión.
Si mucho madruga el rey, el conde no dormía, no.
El conde partió de Burgos, y el rey partió de León;
venido se han a juntar al vado de Carrión,
y a la pasada del río movieron una cuestión:
los del rey, que pasarían, y los del conde, que no.
El rey, como era risueño, la su mula revolvió,
el conde, con lozanía, su caballo arremetió;
con el agua y el arena al buen rey le salpicó.
Allí hablara el buen rey, su gesto muy demudado:
-Buen conde Fernán González, mucho sois desmesurado,
si no fuera por las treguas que los monjes nos han dado,
la cabeza de los hombros ya yo os la hubiera quitado,
y con la sangre vertida yo tiñiera aqueste vado.
El conde le respondiera, como aquel que era osado:
-Eso que decís, buen rey, véolo mal aliñado:
vos venís en gruesa mula, yo en un ligero caballo;
vos traéis sayo de seda, yo traigo un arnés trenzado;
vos traéis alfanje de oro, yo traigo lanza en mi mano
vos traéis cetro de rey, yo un venablo acerado;
vos con guantes olorosos, yo con los de acero claro;
vos con la gorra de fiesta, yo con un casco afinado;
vos traéis ciento de mula, yo trescientos de a caballo.
Ellos en aquesto estando, los frailes que han allegado:
-¡Tate, tate, caballeros! ¡Tate, tate, hijosdalgo!
¡Cuán mal cumplisteis las treguas que nos habíades mandado!
Allí hablara el buen rey: -Yo las cumpliré de grado.
Pero respondiera el conde: -Yo de pies puesto en el campo.
Cuando vido aquesto el rey, no quiso pasar el vado;
vuélvese para sus tierras, malamente va enojado,
grandes bascas va haciendo, reciamente va jurando,
que había de matar al conde y destruir su condado.
Y mandó llamar a cortes, por los grandes ha enviado;
todos ellos son venidos, sólo el conde ha faltado.
Mensajero se le hace a que cumpla su mandado;
el mensajero que fue de esta suerte le ha hablado.

Buen conde Fernán González

—Buen conde Fernán González, el rey envía por vos,
que vayades a las cortes que se hacen en León,
que si vos allá vais, conde, daros han buen galardón:
daros han a Palenzuela y a Palencia la mayor,
daros han las nueve villas, con ellas a Carrión;
daros han a Torquemada, la torre de Mormojón;
buen conde, si allá no ides, daros hían por traidor.
Allí respondiera el conde y dijera esta razón:
—Mensajero eres, amigo; no mereces culpa, no;
que yo no he miedo al rey, ni a cuantos con él son;
Villas y castillos tengo, todos a mi mandar son:
de ellos me dejó mi padre, de ellos me ganara yo;
las que me dejó el mi padre poblélas de ricos hombres,
las que me ganara yo poblélas de labradores;
quien no tenía más que un buey, dábale otro, que eran dos;
al que casaba su hija doile yo muy rico don;
cada día que amanece por mí hacen oración,
no la hacían por el rey, que no lo merece, no,
él les puso muchos pechos y quitáraselos yo.

Profetiza un monje a Fernán González su suerte

De Salas salió el buen conde Fernán González nombrado:
Señor era de Castilla Y d’ella conde llamado.
Solo iba á montear, Ninguno lo ha acompañado,
En tanto que llega el día De la lid, que ha aplazado
Para lidiar con el moro Almanzor , el rey pagano.
El Conde va por un monte Muy espeso y enramado;
Un puerco saliera dél, El lo sigue apresurado.
El puerco huyó corriendo, En una ermita se ha entrado:
De yedra estaba cubierta , Cosa d’ella es devisado.
En la ermita había tres monjes, Que la pobreza han buscado:
Por ser la montaña espesa, El Conde se había apeado;
El caballo ató á una rama, En la ermita se ha entrado,
Do vido yacer el puerco, Y al altar está llegado.
No lo quiso el Conde herir, Por ser en lugar sagrado.
Llorando está de sus ojos, De aquesta manera hablando:
-¡0h Señor, Dios poderoso, A quien teme lo criado!
Si contra vos yo erré, Sea de vos perdonado:
Hícelo por no saber Fuésedes aquí honrado,
Que si yo lo tal supiera , Aquí no fuera llegado;
Ni entrara en la ermita, Ni en este lugar sagrado,
A matar aqueste puerco Que en ella se había entrado.
Esfuerzo me dad, Señor, Contra aqueste renegado,
Que viene por destruir A Castilla, mi condado.
Si de vos no es amparada , Almanzor la habrá ganado:
Non querades que se pierda Tal tierra y tanto cristiano.-
Estando en la su oración, A él un monje ha llegado:
Fray Pelayo se llamaba, El que al Conde ha preguntado
Quién era ó á quién buscaba En lugar tan apartado.
Todo se lo dijo el Conde. – Hoy seréis mi convidado;
Hacedlo por Dios del cielo; Pues que sois tan mesurado,
Comeréis de pan de hordio Que otro no es hallado.-
El Conde tuvo por bien Lo que el monje le ha rogado.
Allí estuvo aquella noche; Otro día es levantado.
Dijo el monje: – Fernán González, Verdad será lo que os hablo;
Guiará Dios vuestra hacienda, Porque sois bueno y honrado.
A Almanzor lo vencerás, Y á los moros de su estado:
Gran batalla habrás con él, D’ellos serás bien vengado.
Tantos d’ellos matarás Que no podrán ser contados:
De la tierra qu’es perdida Grande parte habrás cobrado;
Verterás sangre de reyes, Y de hombres de alto estado:
Muy buena será tu andanza; Serás del mundo loado,
Por ser tu caballería Encumbrada en alto grado:
Tú serás preso dos veces Y presto puesto en cuidado,
Por el signo que verás, Que á tu gente habrá espantado.
D’ellos no habrá ninguno Que no quede desmayado:
Conhortarlos has tú, Conde, Con palabras de esforzado.
Declararles has el signo Que los tiene amedrentados;
El miedo perderán luego Que del signo habrán cobrado.
Vete á tu buena ventura, Que tu gente está en cuidado;
Tú los hallarás muy tristes, Por ti haciendo gran llanto:
Todos temen qu’eres muerto, O de moros captivado,
O que fincan sin señor, De guarda desamparados.
Yo te ruego que te acuerdes D’esta ermita do has entrado:
Después que venzas los moros Algún bien nos habrás dado
Para mí y estos dos monjes, Que estamos todos lacerando.
– Pelayo, respondió el Conde, Creedme lo que vos hablo,
Que el servicio que á mi hecistes Vos será muy bien pagado.
Si Dios me deja vencer La lid que tengo aplazado,
Todo cuanto yo ganare Aqui, será ello dado;
Y cuando yo me muriere Seré en ella sepultado,
Y aqueste santo lugar Por mí será mejorado.
En él haré gran iglesia , Do habrá convento honrado:
Darles he yo con que vivan; De bienes será dotado,
Llamarémosle San Pedro de Arlanza , el muy nombrado.

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