Índice Poema Fernán González

Estrofas 512 a 520 del Poema de Fernán González

 

512 Otro dia mañana, los pueblos descreidos
estavan en el canpo con sus armas guarnidos,
dando muy grandes vozes e grandes alaridos,
los montes e los valles semejavan movidos.
La mañana siguiente los pueblos descreídos
estaban en el campo con sus armas guarnecidos,
dando grandes voces y grandes alaridos,
los montes y los valles parecían moverse.
513 El conde don Fernando, con su gente loçana,
todos oyeron missa otro dia mañana;
fueron todos en canpo a primera canpana,
pararon se las fazes en medio de la plana.
El conde don Fernando, con su gente lozana,
todos oyeron misa a la siguiente mañana;
fueron todos al campo, al primer toque de campana,
formaron las haces en medio de la explanada.
514 Començaron el pleito a do lo avien dexado,
llamando «Santiago», el apostol onrado;
las fazes fueron vueltas, el torneo mesclado:
bien avien castellanos aquel mester usado.
Comenzaron el combate donde lo habían dejado,
invocando «Santiago», el apóstol honrado;
las haces se enfrentaron, el torneo iniciado;
bien estaban los castellanos a esto acostumbrados.
515 Orbita, su alferez, que traie la su seña,
non sofria mas golpes que si fuera una peña:
nunca mejor la tovo el buen Terrin d’Ardeña;
¡Dios perdone la su alma, que el yaze en Cardeña!
Orbita, su alférez, quien traía su seña,
no sufría más golpes que si fuera una peña:
nunca mejor la tuvo el buen Terrín de Ardeña;
¡Dios perdone su alma, que él yace en Cardeña!
516 El conde don Fernando, coraçon sin flaqueza,
señor d’enseñamiento, çimiento de nobleza,
feria en los paganos sin ninguna pereza;
estonz dixo:«Caveros, afan ha en pobreza.»
El conde don Fernando, corazón sin flaqueza,
modelo de enseñanza, cimiento de nobleza,
hería a los paganos sin ninguna pereza;
entonces dijo:«Caballeros, afán hay en la pobreza.»
517 El conde don Fernando, mas bravo que serpiente,
avia la grand fuerça con el dia caliente,
matava e feria en la mala semiente,
fazie grand mortandat en la gent descreyente.
El conde don Fernando, más bravo que serpiente,
tenía su gran fuerza, con el día, caliente,
mataba y hería en la mala simiente,
hacia gran mortandad en la gente no creyente.
518 Dexemos nos al conde en la priessa estar,
nunca nasçio omne d’armas que l’ podies’ mejorar;
digamos de los otros, non avien mas vagar,
ca y les iva todo, caer o levantar.
Dejemos nosotros al conde en la lucha estar,
nunca nació hombre de armas que le pudiese superar;
hablemos de los otros, no podían descansar,
pues allí les iba en ello todo, caer o levantar.
519 Los unos e los otros de rezio s’ conbatieron;
sabet, d’amas partes muchos omnes morieron;
la noche fue venida e de alli se erzieron,
nada non acabaron por lo que y venieron.
Los unos y los otros duramente se combatieron;
sabed, de ambas partes muchos hombres murieron;
llegó la noche y de allí se fueron,
nada acabaron por lo que allí vinieron.
520 Tornaron se a las tiendas fanbrientos e lazrados;
levaran fuerte dia, estavan muy cansados,
avien y muchos omnes feridos e matados;
çenaron e dormieron toda la noche armados.
Volviéronse a las tiendas hambrientos y dañados;
tuvieron un mal día, estaban muy cansados,
había allí muchos hombres heridos y muertos;
cenaron y durmieron toda la noche armados.

515. El alferez era el oficial encargado de llevar el pendón o seña y era una persona de la mayor confianza del conde. Este alférez, Orbita (Fernández lo apellidan algunos aunque desconozco por qué), fue durante mucho tiempo considerado como el primer alférez de la historia de España. Según Sandoval, la seña que llevaba cuenta la tradición que era una cruz de plata que se conservó en San Pedro de Arlanza.

Terrin de Ardeña (Thierry l’Ardenois) es uno de los doce pares de Francia, compañeros de Carlomagno en su ciclo de leyendas épicas.

Cardeña se refiere aquí al monasterio de San Pedro de Cardeña, en las cercanías de Burgos.